Rosario Porto esquiva la pregunta del millón sobre el caso Asunta

La breve conversación que mantuvieron los reporteros del documental de Antena 3 con la madre de Asunta Basterra no despeja la gran incógnita del crimen: ¿Por qué?


santiago / la voz

Si está siguiendo el documental de tres capítulos sobre el crimen de Asunta (Lo que la verdad esconde, Antena 3) y ahora está leyendo estas líneas es porque en su cabeza todavía siguen latiendo preguntas que no han encontrado respuesta tras meses de investigación y un intenso juicio que derivó en una condena a 18 años de prisión por asesinato para los padres, Rosario Porto y Alfonso Basterra. Pero, sobre todo, seguirá preguntándose por qué. ¿Por qué la mataron? 

La entrevista concedida por la madre a Bambú Producciones, que fue el gancho para sostener el foco sobre este trabajo televisivo, no responde a esa gran incógnita -ambos siguen sin confesar un crimen probado- y solo sirve para permitir que la convicta disperse interrogantes que ofrecieron pocas dudas a los investigadores, al jurado, al juez y a los propios autores del documental, que a través de un ágil montaje desbaratan las declaraciones de Rosario: niega, entre sollozos, que ella o Alfonso le diesen lorazepam durante meses, como demostraron los forenses; asegura que nunca cambió de declaración en la fase de instrucción sobre la última vez que vio a Asunta; sostiene que el inverosímil episodio de la irrupción de un hombre con guantes en su casa en la madrugada del 4 de julio fue real; y asegura que no cambiaría ni una sola de sus palabras ante los jueces.

La pregunta, la gran pregunta que implica confesión, entra en el montaje con calzador, pero no la hace el productor del documental y entrevistador, Ramón Campos. Es la voz del abogado José Luis Gutiérrez Aranguren la que dispara a quemarropa en el juicio: «No, no maté a mi hija», responde ella en una escena que ya está en la crónica negra de España. Campos mantiene una apurada conversación con la encarcelada de cinco minutos desde el despacho profesional de Aranguren, que en este episodio goza de varias intervenciones para disculpar, como es lógico, actitudes y declaraciones contradictorias de su patrocinada.

mos

El protagonismo del abogado coruñés tiene diversas justificaciones. Por un lado, resulta evidente que es Porto la que se muestra más colaboradora con el documental al facilitar fotografías y vídeos familiares sin relevancia judicial pero que permiten dar una pátina de normalidad a los condenados, además de abrir a las cámaras las puertas de la vivienda de Santiago y del chalé de Teo para recrear algunos de los hechos más relevantes. Además, se beneficia del silencio escrupuloso que mantienen la letrada de Basterra, Belén Hospido; y del fiscal, Jorge Fernández de Aránguiz, cuyo sagaz interrogatorio sirve para articular la primera parte de los 70 minutos del segundo episodio, que obtuvo un 11,6 % de audiencia (1,9 millones de personas), 4,3 puntos menos que el primero.

En esta entrega los miembros de la productora se ponen por momentos en el centro de la escena en una especie de «así se hizo», o de intrahistoria del documental. Con esta fórmula encajan la carta de Alfonso Basterra en la que declina su participación activa por vía telefónica, pero en la que aprovecha para tratar de ajustar algunas cuentas y hacer una delirante interpretación: «Resulta loable que aún exista alguien que crea en la presunción de inocencia», afirma el condenado por unanimidad del jurado con una sentencia ratificada por el Supremo. Basterra carga contra el juez instructor, los medios «afines» a las tesis de Vázquez Taín y contra el fiscal, «que dejó correr la teoría de la pederastia por todas las televisiones del país». Asegura, para acabar, que cuando salga de la cárcel dará caza al «monstruo» que asesinó a su «niña». Pero mientras no demuestre lo contrario, el monstruo es él.

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