Trump pidió al antiguo jefe del FBI que dejara pasar el nexo entre Flynn y Rusia

Nombra nuevo director de la agencia antes de que Comey declare en el Senado


Nueva York / Corresponsal

EE.UU. se prepara para la Super Bowl de la política, un acontecimiento que mantiene a Washington expectante y al ala oeste en una borrasca de nervios. Se trata de la audiencia del ex director del FBI, James Comey, ante el Comité de Inteligencia del Senado, que tendrá lugar a la 16:00 (hora española). Ayer, sin embargo, Capitol Hill ya tuvo su aperitivo.

«Necesito lealtad y espero lealtad», le dijo el presidente al jefe de la agencia según su declaración de apertura publicada en la web del Senado. Comey confirma que Trump le pidió que «dejara pasar» las pesquisas sobre su ex asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, por sus vínculos con Rusia. Estas palabras podrían ser interpretadas como obstrucción a la justicia en medio de la investigación rusa que Comey dirigía. Ante la posibilidad de un testimonio que corrobore este extremo, los asesores del magnate preparan una estrategia para mantener a Trump ocupado y que no tuitee durante la audiencia.

Comey también confirmará que tuvo nueve conversaciones a solas con el presidente en cuatro meses (tres en persona y seis telefónicas). Conviene recordar que con Obama, Comey solo habló dos veces en persona en sus ocho años de presidencia.

Por si esto no fuera suficiente, tres nuevas revelaciones hicieron aún más explosiva la cita de hoy. The New York Times aseguró que Comey pidió al fiscal general, Jeff Sessions, que no le dejase a solas con el mandatario, pero Sessions tampoco pasaba por su mejor momento con él. La tensión entre ambos llegó a tal punto que el fiscal presentó su renuncia, algo que Trump rechazó de inmediato, consciente del daño que podría hacerle la marcha del mismo hombre que se recusó de las pesquisas rusas por ocultar sus reuniones con funcionarios del Kremlin. Además, las presiones de Trump podrían haber llegado hasta la cúpula de inteligencia tras pedir al director de Inteligencia Nacional, Daniel Coats, que mediara con Comey para que el FBI dejara de investigar a Flynn. Ayer, durante una audiencia sumamente confusa en el Senado, Coats negó haberse sentido presionado, aunque rechazó compartir el contenido de sus conversaciones con el presidente de EE.UU.

A la espera de la cita, Trump trató ayer de recuperar algo de credibilidad con el nombramiento de Christopher Wray, ex fiscal general adjunto bajo el gobierno de George W. Bush, como nuevo director del FBI. Lo hizo fiel a su estilo, a golpe de 140 caracteres y provocando otro caos en la Casa Blanca. Buena parte de su equipo se enteró de la elección de la misma manera que el resto del mundo: en Twitter. Ni Sean Spicer ni tampoco Sarah Sanders (ambos encargados de elaborar las estrategias de comunicación) conocían previamente la decisión. El hábito de tuitear compulsivamente también afectó al presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan y a los líderes del Comité de Justicia del Senado, Chuck Grassley y Dianne Feinstein, ambos clave para la ratificación de Wray pero ninguno fue informado de la nominación.

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