La peor semana en la presidencia de Donald Trump

La comparecencia de Comey en el Senado agrava las sospechas sobre el «Rusiagate»


nueva york / corresponsal

Después de todos los capítulos sobre espías, hackers y funcionarios del Kremlin, esta semana ha sido la peor hasta el momento para Donald Trump como presidente, con el Rusiagate en el ojo del huracán tras el testimonio del ex director del FBI, James Comey, ante el Comité de Inteligencia del Senado. La audiencia sacudió a una Casa Blanca en shock y hostigada por la sombra del impeachment. 

¿Cuándo comenzó el «Rusiagate»?

En el 2016, después de que hackers rusos atacasen correos electrónicos del Partido Demócrata en plena campaña electoral. La inteligencia de EE.UU. sostuvo que los ciberataques se hicieron bajo las órdenes de Vladimir Putin para beneficiar a Donald Trump.

El problema para el presidente llegó cuando el FBI descubrió que su entorno más cercano ocultó reuniones con funcionarios del Kremlin. La reacción provocó la caída del ex asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, del ex jefe de campaña, Paul Manafourt y la inhibición en las pesquisas rusas del fiscal general, Jeff Sessions. Meses más tarde, Trump despidió fulminantemente a James Comey.

¿Por qué la audiencia dejó tocado a Trump?

Porque su relato jurado se construyó sobre varios elementos que podrían armar una futura acusación contra Trump por obstrucción a la justicia y que ahora, debe investigar el fiscal especial, Robert Mueller.

Comey confirmó que el presidente le pidió lealtad y que dejara pasar la investigación sobre Flynn. De manera demoledora, le llamó mentiroso y aseguró que le había despedido «porque había algo en la investigación rusa que le irritaba». Comey reveló que Trump le contactó en nueve ocasiones, algo sin precedentes entre la Casa Blanca y el FBI, y que esto provocó que el ex líder del Buró suplicase a Sessions que impidiera en el futuro cualquier comunicación directa «entre el presidente y yo». Las sospechas volvieron a recaer sobre el republicano y sus supuestas presiones.

Trump dijo el viernes que estaría 100 % dispuesto a declarar bajo juramento. La impresión entre los analistas, sin embargo, es que su intención de redoblar la apuesta implicaría riesgos muy altos para su presidencia. 

¿Por qué sería perjudicial?

Porque si miente bajo juramento cometería perjurio, un delito que ya fue motivo de impeachment en el pasado. Teniendo en cuenta que en cinco meses de presidencia, el neoyorquino ha faltado varias veces a la verdad (sobre la asistencia de público a su investidura o sobre supuestos millones de votos fraudulentos), ponerle a testificar delante del comité de la Cámara Alta sería colocar a la nueva Administración al borde del precipicio. 

¿Podrían los republicanos dejarlo solo?

Depende de hasta donde lleguen las investigaciones sobre el Rusiagate y de cómo estas puedan afectar a la agenda del partido. De momento, Trump se apuntó un tanto tras confirmarse que no estaba siendo investigado mientras Comey dirigía el FBI. Esta ratificación se convirtió en munición para la defensa republicana, aunque les duró poco tiempo.

El viernes, el mandatario tensó más la cuerda todavía al volver a sugerir que podría haber grabaciones de sus encuentros con el ex funcionario. Presionada por la propia narrativa presidencial, la Cámara de Representantes dio un ultimátum a la Casa Blanca para que antes del próximo 23 de junio entregue cualquier grabación que exista de los contactos entre Trump y Comey. Asimismo, el Senado solicitó al profesor de Columbia, Daniel Richman, que proporcione el memorando que Comey le entregó para ser filtrado a los medios. 

¿Es ilegal la filtración realizada por Comey?

No. Trump calificó al ex funcionario de «filtrador» como si hubiese cometido un delito, pero la ley no prohíbe filtrar información a menos que sea sobre secretos de Estado y esto no fue lo que reveló Comey. La defensa de Trump sin embargo, asegura que sí se trataba de información clasificada y tiene la intención de procesarlo por este motivo.

Kasowitz, el abogado vinculado a Putin

Marc E. Kasowitz, el abogado que ha representado a Trump durante años tanto en la política como en los negocios, y que se ocupa ahora del contrataque del presidente americano a las acusaciones de Comey, podría estar en el punto de mira después de que The Washington Post publicara sus posibles vínculos con Putin y el Kremlin, a través de algunos clientes de alto nivel.

Según informa el diario, uno de los principales clientes de Kasowitz es Oleg Deripaska, un oligarca ruso muy cercano al presidente Vladimir Putin que hizo negocios con el que fue mánager de campaña de Trump, Paul Manafourt. Hace más de una década Deripaska invertió en un fondo que Manafourt creó en las Islas Caimán y este, según The Associated Press, trabajó en secreto para el oligarca por lo menos hasta el 2006 para influenciar a políticos y negocios en EE. UU. para beneficiar al gobierno de Putin.

Además, Kasowitz también representa al mayor banco de Rusia, el Sberbank, en una demanda en la que un granitero ruso acusa al banco de conspirar con sus competidores para desmantelar su compañía y quedarse con sus bienes.

El trabajo de Kasowitz para Trump cuesta 1.500 dólares la hora. A cambio, él siempre gana y a su cliente le sirve para calmar su indignación e intimidar a sus enemigos.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

La peor semana en la presidencia de Donald Trump