Las monarquías del Golfo aplazan las nuevas represalias contra Catar

Lamentan la respuesta negativa de Doha a sus demandas y mantienen el boicot


Redacción / la voz

Arabia Saudí y sus aliados del Golfo lamentaron ayer «la respuesta negativa» de Catar a su lista de condiciones para poner fin a la crisis abierta y ratificaron el boicot que le impusieron el 5 de junio, tras expirar el ultimátum marcado al pequeño emirato. Sin embargo, se abstuvieron de agravar la disputa por ahora y decidieron tomarse un tiempo para estudiar qué nuevas represalias tomar. Horas antes de la reunión en El Cairo de los jefes de la diplomacia de Egipto, Baréin, Emiratos Árabes y Arabia Saudí se da por hecho la expulsión de Doha del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y castigos como sancionar las inversiones de terceros países en Doha.

Catar insistió en que el único objetivo de Riad es anular su soberanía, tras advertir que «la lista de demandas es irreal e inaplicable». «No tienen que ver con el terrorismo, llaman a poner fin a la libertad de expresión», dijo su ministro de Exteriores en referencia a la demanda del cierre de la cadena Al Yazira. Riad y sus aliados rompieron hace un mes todas sus relaciones diplomáticas con el pequeño emirato, rico en gas, en castigo por apoyar «el terrorismo» y mantener relaciones demasiado estrechas con Irán, el gran rival del reino de los Saud en Oriente Medio.

Impulsor del salafismo

En medio de esta crisis, una investigación británica señala que Arabia Saudí es el mayor impulsor del radicalismo islámico en el Reino Unido, mediante un «esfuerzo millonario» para financiar mezquitas e instituciones educativas. Así de taxativo es el estudio publicado ayer por The Henry Jackson Society, un think thank especializado en relaciones internacionales, que incluye la petición de una investigación pública sobre la influencia del reino saudí y otros países del Golfo. La embajada de Riad en Londres calificó el informe de «categóricamente falso».

La publicación tiene lugar en medio de las presiones a la primera ministra Theresa May para que publique un informe encargado en el 2015 por su antecesor, David Cameron, sobre precisamente el papel de varios países árabes en el fomento del extremismo al otro lado del canal de la Mancha, y que se ha ido retrasado con el tiempo bajo la excusa de que aún no está completo.

«Si bien hay entidades de todo el Golfo e Irán culpables de promover el extremismo, las de Arabia Saudí están sin duda en lo más alto de la lista», dijo en un comunicado Tom Wilson, analista de Henry Jackson Society.

La mayoría del dinero que financia al extremismo islámico en el Reino Unido procede de Arabia Saudí. Según esta entidad, Riad emprendió a partir de los años sesenta «una iniciativa multimillonaria para exportar el wahabismo por todo el mundo islámico, incluyendo entre las comunidades musulmanas de Occidente». El wahabismo, o salafismo, es la corriente ultraconservadora suní dominante en el reino saudí.

Londres tiene desde hace décadas unos estrechos vínculos económicos, diplomáticos y de seguridad con Riad, que May defiende son importantes para la seguridad y el comercio del país.

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