El portavoz de la Casa Blanca y el abogado de Trump lo abandonan

El presidente investiga al fiscal general encargado de desentrañar la trama rusa


nueva york / corresponsal

No corren buenos tiempos para la Casa Blanca. El núcleo duro presidencial lleva semanas sacudido por una fuerte tempestad que en las últimas horas provocó las deserciones de dos importantes colaboradores de Trump.

Sean Spicer, uno de los funcionarios más conocidos del ala oeste, presentó su dimisión pasadas las 10 de la mañana, tras saber que Trump había nombrado como nuevo director de comunicación al empresario neoyorquino, Anthony Scaramucci, en sustitución de Mike Dubke tras su renuncia hace dos meses. Scaramucci fue un sólido defensor del presidente y de su familia en la televisión de EE.UU. De hecho, este fue el motivo de su fichaje: «A Trump le gusta cómo lo defiende en la tele», desvelaron varios medios.

Este movimiento fue la gota que colmó la paciencia de Spicer, que calificó el nombramiento de «grave error». La designación fue también cuestionada por otros aliados del presidente como el ultraderechista Steve Bannon y el jefe de gabinete, Reince Priebus, muy enfadado con la decisión de Trump.

La renuncia llegó después de meses de tensión entre presidente y portavoz, protagonista de unas comparecencias de prensa que supusieron toda una atracción televisiva. Demasiado protagonismo a ojos de un hombre que desconfía de todo aquel que le roba su cuota de pantalla.

La fuga de Spicer fue la tercera en menos de 24 horas. Le precedieron las del abogado personal de Trump, Mark Kasowitz, y la del portavoz del equipo legal, Mar Corallo. Según The New York Times, ambos renunciaron por fuertes discrepancias en la gestión de la defensa sobre los nexos entre la campaña republicana y Rusia. No sin motivos. Según ha trascendido, el mandatario se habría empeñado en socavar la credibilidad del fiscal general que investiga el caso, Robert Mueller, para así tratar de erosionar su credibilidad. Los abogados del neoyorquino no hacen más que escarbar en el pasado profesional y político del exdirector del FBI, intentando encontrar algún conflicto de interés hasta ahora desconocido que fuerce su recusación.

El motivo: Mueller ha empezado a interesarse por el historial financiero del presidente y su familia, especialmente en lo que se refiere a sus negocios en Rusia. Esto, junto con la posibilidad de que el fiscal especial pueda acceder a las declaraciones de impuestos que Trump nunca ha querido publicar, ha enfurecido al magnate de tal manera que, según The Washington Post, ya ha preguntado sobre el poder que tiene como presidente para indultar a asesores, familiares e incluso a sí mismo en el caso de que se produzca una hipotética acusación por el Rusiagate.

Las pesquisas no solo avanzan en el despacho de Mueller. También lo hacen en el Congreso, preparado ya para las audiencias que la próxima semana tendrán que afrontar el hijo mayor del mandatario, Donald Trump Jr., su yerno, Jared Kushner y el ex jefe de campaña, Paul Manafort. Los tres serán interrogados sobre la reunión que mantuvieron con la abogada rusa que les prometió información contra Clinton, en plena campaña. La figura de la letrada se enturbia más tras conocerse que, hasta el 2013, tuvo entre sus clientes a la FSB de Rusia, la agencia de espionaje sucesora del KGB, que fue dirigida por Vladimir Putin antes de que se convirtiera en presidente de Rusia.

El Tesoro multa a Exxon Mobil por violar las sanciones a Rusia cuando la presidía Tillerson

Rusia no solo es la causante de muchos de los conflictos que afronta la Casa Blanca. Las relaciones con el Kremlin han abierto también tensiones en el terreno ministerial, como prueba la contienda entre el Tesoro y el departamento de Estado. El responsable del primer organismo, teve Mnuchin, ha impuesto una multa de dos millones de dólares a la petrolera Exxon Mobil por violar las sanciones impuestas por EE.UU. a Rusia en 2014.

Se da la circunstancia de que en aquel entonces, el hoy secretario de Estado, Rex Tillerson, era el presidente ejecutivo de la compañía, razón por la que este capítulo se presenta como una pugna más entre dos pesos pesados de la nueva Administración. «Exxon Mobil demostró un desprecio temerario por los requisitos de sanciones de EE.UU.», argumentó el Tesoro. «Causó daños significativos al programa de sanciones relacionadas con Ucrania», mientras Exteriores mantuvo un prudente silencio.

El castigo de Mnuchin se refiere a la decisión de Exxon de firmar varios contratos en mayo de 2014 con un magnate petrolero ruso, Igor Sechin, un viejo amigo de Tillerson que estaba en la lista negra de EE.UU. por su posición durante las actuaciones de Moscú en Ucrania y la anexión de Crimea. Según The New York Times, el castigo significa que Mnuchin y su equipo no se sienten intimidados.

«Van a hacer lo que tienen que hacer, a pesar de que Rex Tillerson sea secretario de Estado», apuntó Hal Eren, antiguo funcionario del Tesoro.

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