¿Y ellos qué leen?

Lisa Simpson tiene madera de mentora literaria. ¿Han visto lo que lee? Casi tanto como Rory Gilmore, que encabeza una telefiebre lectora que sufren también Don Draper; Sawyer, de «Perdidos», «Anne with an E» o Carrie Bradshaw. Hay libros que han multiplicado por miles sus ventas tras salir solo un instante en pantalla


Por si aún quedan quienes separan a muerte a lectores y televidentes, vamos a pasar página sin soltar el mando. La tele, más que entretenernos, está por la labor de darnos mucho que hacer. ¿Cuántos libros sienten que les quedan por vivir? Miren con atención la pantalla, atentos a los títulos y no de crédito. Ozark nos ha enganchado en Netflix con una trama de blanqueo familiar, recuperando de paso las Crónicas marcianas de Ray Bradbury. Él es el autor de cabecera de Wyatt, uno de los personajes de esta alternativa a Narcos que ha lanzado al aire en los chats de Internet preguntas como: ¿Qué está leyendo Wyatt en el lago, en el tercer capítulo de la primera temporada?

Leer es un placer para Las chicas Gilmore, con más de 300 títulos en la mochila. Hay un test que mide la capacidad para superar el reto de lectura Gilmore... instituido en honor del monstruo comeletras que es Rory. Isabel Allende, J.K. Rowling, John Green ¡y hasta Ruiz Zafón! se codean en la cabeza de la pequeña Gilmore con Tolstoi, Virginia Woolf... y el Quijote. También asoman en sus siete temporadas Alicia, Huckleberry Finn o la celestina Emma, de Jane Austen. Jess Mariano es otro de los que convierten Stars Hollow en lugar de culto literario; Hemingway, Melville, Kerouac, Bukowsky y, de nuevo, Austen están entre los favoritos de este chico que sabe bien a qué sabe el Ponche de ácido lisérgico de Wolfe. Y que la tentación vive a veces en los rincones en sombra de las estanterías.

«Soñé que solo debía tocar un libro para conocer su contenido», dice en un suspiro Ana de las Tejas Verdes, que se ha convertido en Anne with an E, una Ana feminista que cita a Jane Austen o a su tocaya Eyre a la vez que olvida el pastel en el horno o se llena el sombrero de flores silvestres. Difícil parar de ver y de leer.

La autora de Orgullo y prejuicio y Ana de las Tejas Verdes son, a su vez, dos de los referentes de Lisa Simpson, que vuela con mágica facilidad de las páginas de Harry Potter a la gran novela rusa del XIX, del Ulises de Joyce o de Tintin a La campana de cristal que dejó Sylvia Plath sonando a roto dentro de nosotras.

Al infierno de la mentira, al de un pasado diabólico y al de Dante nos condujo Don Draper en una de las series más celebradas de HBO sobre ese bonito estilo de vida con piscina compartida que a la primera de cambio es papel mojado. Las lecturas del atractivo y voraz Draper dieron para una lista de lecturas Mad Men. Don nos devolvió El ruido y la furia de Faulkner y reavivó la curiosidad a este lado de la pantalla por El espía que surgió del frío, de Le Carré. Mientras, la infeliz y hermosa Betty se afanaba en blanquear los trapos sucios de la lavadora de su cabeza leyendo a Sigmund Freud.

Si vamos al esprint entre Leftovers, The Night of, Feud, Ozark o Girls habrá que hacérselo mirar... ¡Pero no estamos Perdidos! Esta serie consiguió que El tercer policía, de Flann O’Brien, vendiese 10.000 ejemplares en los dos días siguientes a su aparición en el tercer capítulo de la segunda temporada. Sawyer tiene su punto como personal reader. De ratones y hombres, La invención de Morel y El manantial de Ayn Rand han pasado por sus manos.

Downton Abbey nos regaló una joya, hoy no muy conocida y recién editada por Lumen, Elizabeth y su jardín alemán. Tiene su aquel que Molesley se la pase a Anna, encendiendo en el XIX la llama olímpica de la procacidad feminista. Que Caitlin Moran se cuele en casa de las Crowley es otra historia, un refrescante desliz entre toma y toma en el set de rodaje.

Pero la prueba irrefutable del poder lector de una teleserie la ofrece quizá Sexo en Nueva York. Esas cartas de amor de hombres ilustres que Carrie Bradshaw leía orgullosa jamás existió... Centenares de fans se lanzaron a las librerías cual geeks tras el último iPhone. Pero nada. No hay libro. Les dieron calabazas. Peligrosa ficción.

«¿Por qué lloras, si todo (...) es de mentira? Lo sé, pero lo que yo siento es de verdad». (La verdad de la mentira, Ángel González). Mucho que ver.

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