Bagdad iza la bandera iraquí en Kirkuk ante el pulso secesionista

El Ejército arrebata a los kurdos la provincia petrolera


redacción / la Voz

La bandera kurda fue arriada ayer de Kirkuk y sustituida por la nacional iraquí tras una ofensiva de las fuerzas enviadas por Bagdad para frenar los planes secesionistas del Kurdistán. «Una flagrante declaración de guerra», proclamaron los peshmergas al mando del presidente de la región autónoma del norte de Irak, Masud Barzani. Washington pidió calma a las partes, tratando de evitar una guerra abierta entre Bagdad y Erbil que abriría un nuevo frente en el avispero que es Irak desde hace 14 años y que involucraría a Turquía e Irán.

La operación militar comenzó la medianoche del domingo tras expirar el ultimátum de Bagdad a las autoridades kurdas para que retiraran sus combatientes de Kirkuk y anularan el referendo de independencia del 26 de septiembre. El primer ministro de Irak y jefe de las Fuerzas Armadas, Haider al Abadi, justificó la ofensiva en pro de la unidad nacional. En menos de 24 horas las fuerzas iraquíes tomaron la estratégica base militar K1, el aeropuerto y los yacimientos e infraestructuras petroleras. El rápido avance se vio facilitado por la retirada de los combatientes de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), fundado por el recién fallecido Yalal Talabani y enfrentado al Partido Democrático de Kurdistán (PDK) de Barzani. El UPK era partidario de suspender la consulta y negociar con Bagdad. «Es una traición en toda regla», denunció un cargo del PDK

La única resistencia se produjo en el distrito de Taz Jurmatu. Una fuente militar kurda anunciaron que al menos diez peshmergas murieron en combates con las milicias chiíes de la Unidades de Movilización Popular. Fue una batalla de armas estadounidenses contra armas estadounidenses, ya que tanto peshmergas como paramilitares chiíes ha sido equipados por Washington.

Éxodo de civiles

Soldados de la fuerza antiterrorista izaron a media tarde la bandera iraquí en la sede del Gobierno provincial de Kirkuk, mientras miles de civiles kurdos huían en dirección a Erbil y Suleimaniya. «Vivimos en paz, pero los políticos de Bagdad y Erbil se enfrentan por el control del petróleo y las víctimas somos nosotros, los habitantes de Kirkuk», explicó a AFP Himen Chuani, de 65 años, que ha decidido huir con su familia. Mientras kurdos y turcomanos celebraban con aplausos la llegada de los militares y quemaban banderas kurdas.

Aunque la orden era imponer la bandera nacional, la realidad, según contaron testigos a Reuters, es bien distinta, ya que los milicianos chiíes afines a Irán han izado su propia enseña en los edificios oficiales.

La pérdida de Kirkuk tiene un valor simbólico y económico. La multicultural ciudad es el epicentro de las tensiones entre ambos Gobiernos. Las tropas kurdas ocuparon el vacío dejado por los soldados iraquíes en su vergonzosa huida ante la embestida del Estado Islámico en el 2014. Después de la derrota de los yihadistas del califato, el Kurdistán se resistía a renunciar a la región rica en petróleo, pese a que no está dentro de las fronteras de la región autónoma.

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