¿Deben pagar impuestos los robots?

Las máquinas inteligentes han llegado para quedarse. La OCDE calcula que pronto ocuparán en España en torno a un 12 % de los actuales puestos de trabajo; en ese escenario, unido a un ratio de 2,1 cotizantes por pensionista y una población a la baja, ¿Tendrían que pagar impuestos para garantizar el modelo?


Redacción / La Voz

Arthur, el androide que ejerce de barman en la película Pasajeros, compagina tareas mecánicas como hacer un cóctel con otras más emocionales propias de un camarero, como las de escuchar y aconsejar a los dos tripulantes que han despertado de su hibernación noventa años antes de llegar a su destino. Parece que no habrá que esperar mucho tiempo para que escenas de ciencia ficción como esa pasen a convertirse en una realidad. Un estudio de Oxford Martin School, publicado en septiembre, apunta que las nuevas tecnologías no solo van a desempeñar labores rutinarias, también tratarán de imitar el cuerpo y la mente humana desarrollando labores como conducir camiones, redactar textos legales, hacer diagnósticos médicos o trabajos de vigilancia. El economista jefe de Arcano Economic Research y coautor de La disrupción tecnológica ya está aquí. Cómo afecta a las personas, los gobiernos y las empresas, Ignacio de la Torre, plantea una pregunta: «¿Qué porcentaje de las actividades que realizamos durante el día son automatizables? En torno a tres cuartas partes lo son y, por tanto, son sustituibles por un robot. Haciendo una proyección conservadora, en unos años un 10 % de los empleos actuales podrían ser desempeñados por máquinas (la OCDE habla de un 12 %). Haciendo un cálculo más agresivo, el índice podría elevarse al 50 %». En ese contexto, y teniendo en cuenta que, en base a los datos de la Seguridad Social, el pasado mes de julio el ratio de cotizantes en activo por pensionista era en España de 2,1 -los expertos hablan de más de 2,5 para que sea sostenible el modelo-, que la pirámide poblacional tiende a invertirse y que el ritmo de creación de nuevos empleos en sectores derivados de esta cuarta Revolución Industrial avanza a un ritmo más lento del que las máquinas o algoritmos van sustituyendo a los trabajadores, el debate abierto el año pasado en el Parlamento Europeo con el Informe sobre las Personas Electrónicas, continúa latente. La cuestión que plantea es que las máquinas inteligentes paguen impuestos o coticen a la Seguridad Social para garantizar el modelo de bienestar. La medida no solo es defendida por agentes sociales como UGT. Voces como Bill Gates o el socialista francés Benoît Hamon apostaron por ello. Pero no todo el mundo lo ve tan claro. Sobre todo porque de ese modo se estaría penalizando la innovación. Por no hablar de las complicaciones de aplicar un cambio que, de no hacerse de modo homogéneo en todos los países, acabaría fomentado la deslocalización de las empresas más competitivas.

«Con propuestas como la planteada por Bill Gates se estaría penalizando la eficiencia y la innovación. Cuando una empresa se robotiza, tiene menos costes, es más competitiva y entonces ganará más. En consecuencia pagará más impuestos. Hacer pagar una tasa a las máquinas sería una carga añadida», apunta el profesor de Innovación del IE Business School Enrique Dans.

¿Discurso populista?

Para el profesor de Deusto David Ruiz de Olano, el debate abierto en Francia «responde a un discurso populista para ganarse a los trabajadores porque la realidad es más compleja. La innovación hace un proceso productivo más eficiente y, por tanto, el producto es más barato. Hasta ahora invertir en robots era una inversión en capital . Era algo que se incentiva en muchos países. Poner el impuesto sería hacer lo contrario y, además, sería una medida cortoplacista. El cambio hay que verlo como una oportunidad».

Aunque el debate no es nuevo, porque ha ido repitiéndose de forma recurrente a lo largo de la historia desde la invención de la imprenta, la economista norteamericana Gayle Allard apunta que esta cuarta Revolución Industrial tiene «la particularidad de que estos cambios tecnológicos van más rápido que en otras épocas, extendiéndose más allá de los trabajadores no cualificados». De ahí que sea partidaria de plantear el tema del impuesto, pero con matices. Más allá de buscar fórmulas para sostener las jubilaciones, también introduce el tema de la renta universal. «Hay que hacer un reciclaje de trabajadores echando mano de la educación. La economía no puede quedarse sin el motor que supone el consumo de una clase media que está disminuyendo cada vez más. En este contexto es en el que sale el tema de la renta universal para poder mantener el consumo, pero cómo la financiamos. ¿Gravar a los robots directamente? Nunca lo hemos hecho porque es gravar la inversión. Otra cosa es hacerlo sobre el resultado de la inversión».

Lo complicado, para ella, es cómo articular ese impuesto. «¿Cotizarían en base a los puestos de trabajo eliminados? ¿Cómo harían? No es fácil», dice. Preguntas semejantes se plantea también Ruiz de Olano. «Habría que ver la parte legal de cómo poner en marcha la fiscalidad: ¿Un robot grande pagaría más que uno pequeño? ¿Lo haría en base a la producción? ¿En función del número de puestos eliminados?»

No son solo esas las múltiples cuestiones que van surgiendo . El economista jefe de Arcano, Ignacio de la Torre, parte de una cuestión clave: «¿Qué es un robot?» A partir de ahí, añade, «habría que plantearse la carga fiscal que se aplica a un sector, el de las tecnológicas, que representa ya el 5 % del PIB. La cuestión que deberíamos analizar es: ¿La tributación de las compañías tecnológicas (la mayor parte lo hacen en estados con poca carga) es la adecuada? Una de las cosas que plantea España en este sentido es que tributen en base a los ingresos, no en base a los beneficios antes de impuestos. Los tiros van por ahí». No solo eso. Aunque hay sectores en los que el relevo no resulta inminente, hay que estar preparados. «Debemos buscar soluciones antes de que sea tarde -advierte- Hay que usar la formación gratuita que tenemos a nuestro alcance para formar a los trabajadores en nuevos sectores. El tema de garantizar las prestaciones no es un problema de los robots, habría que retrasar la edad de jubilación».

Pero sea cual sea la solución, lo que todos tienen claro es que ha de ser homogénea porque de lo contrario, como explica Gayle, «caeríamos en el problema de la deslocalización. Francia lo pone, Inglaterra también. Pero otros países del entorno no. Las empresas marcharían a donde no pagan la tasa».

«Hay que legislar para ver cómo hacer esta transición imparable»

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No es la primera vez que los trabajadores se ven amenazados. Pero en Corea del Sur, donde hay 53 robots por cada mil empleados, la tasa de desempleo es del 3,6 %. La catedrática del Área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidade de A Coruña (UdC) y presidenta de la Asociación Española de Inteligencia Artificial (Aepia), Amparo Alonso Betanzos, invita a pensar en las máquinas o en cualquier algoritmo inteligente «como un instrumento que ayuda a tomar decisiones más fundamentadas y en un tiempo mucho menor. Ni el algoritmo trabaja solo, ni el hombre trabaja solo».

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«Hay trabajos de fabricación que implican tareas altamente repetitivas, que causan lesiones a lo largo del tiempo, y que probablemente un robot las realice mejor que el hombre. Lo mismo pasa en trabajos peligrosos. Pero eso no reemplazará la necesidad constante de juicio humano experto». Paco Nathan, licenciado en Computación y Matemáticas por la Universidad de Stanford, jefe de Formación de O’ Really Media y uno de los mayores expertos en big data del mundo no cree que la inteligencia artificial (IA) vaya a convertirse pronto en una realidad. «Pese a los grandes avances tecnológicos, falta mucho todavía para entender su naturaleza», dice. Otra cosa es la oportunidad que representa

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