Pedro Alonso: «El silencio es lo que da más miedo»

El intérprete de «Padre Casares» estrena «Traición» en TVE y demuestra que ahora le van los personajes turbios


redacción / la voz

Hace 22 años que es actor y eso demuestra el coraje que tiene Pedro Alonso, como él mismo dice, porque «permanecer no es fácil». Nos acostumbró a su cara de bueno en Padre Casares, pero en sus últimos papeles ha sacado su lado más descarnado y turbio. Después del exitazo del psicópata Berlín en La casa de papel, regresa mañana con Traición, a las 22.30, en TVE, junto a Ana Belén. En esta nueva Dinastía lo veremos como Roberto Fuentes, un abogado ambiciosísmo y desquiciado.

-De Berlín a Roberto, ¿hay mucha distancia?

-Sí, aunque es verdad que sigo haciendo personajes que caminan por zonas de penumbra. Pero si Berlín era un tío con la frecuencia muy baja por fuera, Roberto Fuentes es una explosión, una bomba, un tío compulsivo, crispado, nerviosísimo, casi al borde de un trastorno bipolar... Y asquerosísimo: clasista, materialista, ambicioso... Un macho alfa con mucho peligro.

-Usted ahora, perdone que se lo diga, da mucho miedo.

-[Risas]. Todos estamos llenos de recovecos y si algo me está ofreciendo esta forma de trabajar es confirmar que el corazón de cada uno de nosotros es un desván lleno de cacharros. Algunos muy bonitos y otros terribles. Todos tenemos de todo dentro.

-¿Son mejores los papeles de malo?

-Yo no me lo planteo así. Llevo una racha de personajes turbios, pero yo sé que los ciclos no son eternos. Intento que la gente que ha vibrado con Berlín se haga preguntas. Todo el mundo hoy da respuestas, sentencias, y a mí eso no me parece interesante. Me gusta más que se planteen preguntas, que se formulen dudas y salgan de la zona de confort.

-¿En quién se inspira para sacar todo eso de dentro?

-Yo ahora me lo planteo en términos culinarios, pongo el puchero y le meto, le meto, le meto. Y además fusilo de todas partes, creo cada vez menos en la originalidad. La referencia real es la sociedad en la que vivimos, en la que todo el mundo está al borde del trastorno, disociado de lo que realmente le pasa por dentro, preocupado por cosas que no son esenciales. La familia Fuentes es una clara expresión de lo equivocados que estamos.

-«Traición» es un título. ¿Se traiciona mucho a sí mismo?

-Yo creo que es uno de los grandes dramas de la vida. Vivir desligado de lo que uno es o uno siente. Para mí es el tema central de la serie. La traición mayor es de los personajes a su propio corazón. Roberto quiere mantener a su familia en pie, pese a quien pese, y en el fondo le prendería fuego a todo porque está harto de vivir en la jaula de oro.

-Estamos atrapados en nosotros mismos.

-Sí, eso es lo que se refleja. Yo creo que también me traiciono a mí mismo. Mi empeño está en querer cada vez vivir más plenamente y para eso conviene hablarse claro. Yo pongo empeño en ser crudo, no me ando con eufemismos, e intento alumbrar las partes que están en penumbra y abrir las ventanas.

-Se define como «O Choro», «O fillo da Chora». ¿Llora mucho?

-Tengo un corazón sensible y si me pasan cosas intento expresarlas. Mi madre me decía de pequeño que era muy sentido, y sí soy de sentimiento, pero rehúyo lo lacrimógeno, el melodramatismo barato, el azúcar, la emoción por la emoción. Ahora también te digo, si hay que mugir, se muge... Y si hay que rebuznar, se rebuzna.

-Roberto es muy ambicioso. ¿Para usted qué es el éxito?

-Es vivir de forma integrada con lo que uno es. Yo puedo vivir con poquísimo, ahora con un bote de tinta china, un pincel, un pan y un queso puedo pasar un día maravilloso. A mí me gusta muchísimo pintar, pero mi aspiración es lo que dice Marina Abramovic: «Yo quiero cada vez más de cada vez menos». El día que escuché esa frase, me deshice del coche [risas].

-Si tuviera que dar miedo a alguien, ¿qué utilizaría?

-El silencio. Cuando te quedas callado la gente se muere de miedo. Tú te quedas un poco parada con tu madre, tu marido y ya nace la inquietud. Las personas tendemos a llenarnos con ruido, y el silencio propio es algo que la gente no escucha y puede dar mucho miedo. Cuando oyes la conciencia uno aúlla. Yo medito desde hace años y si tuviese que recomendarle algo a alguien le diría «quédate quieto», «tírate na herba», «siéntate en un banco y escúchate».

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