Bloqueo y aroma a nuevas elecciones

La investidura de un presidente accidental que convoque otros comicios burlaría el 155


Se mueven los escaños, pero no los bloques. Lo que gana Puigdemont lo pierde Junqueras. Lo que pierde el PP lo ganan Ciudadanos y el PSC. Y la suma es cero, tanto para independentistas como constitucionalistas. Si el secesionismo no añade el escaño que le falta para la mayoría absoluta, y como el Gobierno transversal de izquierda ERC-PSC-CeC tampoco suma, Cataluña camina hacia una situación aparentemente ingobernable, en la que emerge ya el fantasma de la repetición de las elecciones. Sin mayoría absoluta, la clave son los comunes de Colau e Iglesias, que nunca darán la presidencia a Iceta o a Arrimadas, y menos si en la ecuación entra el PP. Pero aunque pudieran llegar a ceder, tampoco están por la labor de inmolarse dándole automáticamente el Gobierno a quien gane la ajustada carrera entre ERC y JpC. Es decir, bloqueo y a barajar otra vez.

La hipótesis del tamayazo catalán

Hasta aquí la teoría, porque más allá de esa lógica política hay muchos factores que juegan a favor de la formación de Gobierno. El primero, y nada descartable, es un tamayazo catalán. Es decir, que alguno de los diputados más nacionalistas de Catalunya en Comú rompiera la disciplina de voto y apoyara a un presidente independentista en la votación de investidura. Quinielas hay ya sobre quién podría ser ese tránsfuga. El segundo elemento que podría torcer la voluntad de los comunes de estirar el tiempo al máximo para ganar protagonismo antes de dar su brazo a torcer, al estilo de lo que hizo la CUP en la anterior legislatura, y de forzar incluso una repetición de elecciones si es necesario antes de plegarse a un Gobierno independentista, es que cada día que pase sin que se invista a un presidente -y si hay nuevos comicios hablaríamos de meses- es una jornada más de vigencia del artículo 155, con Rajoy de presidente catalán de facto y Sáenz de Santamaría de virreina. Y eso vende mal en la parroquia de Colau. Existe además el problema de que, al no haber presidente en funciones, porque Puigdemont está destituido, el encargado de convocar esos comicios sería de nuevo Rajoy, con lo que el Gobierno seguiría manejando los tiempos políticos.

Pero agárrense, porque si algo hemos visto en Cataluña es que cualquier hipótesis, por loca que parezca, puede hacerse realidad. Y si algo ha demostrado el independentismo es su imaginación para retorcer normas y reglamentos hasta perpetrar un fraude de ley. Por ello, secesionistas y comunes empieza a poner ya encima de la mesa una fórmula que, en caso de bloqueo, permitiría a la vez convocar nuevas elecciones y derogar de inmediato el artículo 155 en Cataluña, arrebatando así el control a Rajoy.

No pueden votar desde Bruselas

La jugada consistiría en investir a un presidente accidental con un único programa: disolver en el acto el Parlamento y llamar otra vez a las urnas. La elección de un nuevo Ejecutivo catalán obliga a levantar el 155 y, por tanto, esas elecciones se convocarían ya con la autonomía plenamente restituida y con Rajoy burlado, porque en los 54 días que deben transcurrir entre la convocatoria y la celebración de los comicios no tendría el mando político y policial en Cataluña. Una jugada muy de Puigdemont (o de Artur Mas). Ese presidente podría ser Domènech, que paliaría así su batacazo el 21D, o hasta alguien que no sea diputado.

Pero hay otro grave problema que nadie sabe como se resolverá. Puigdemont y los cuatro exconsejeros fugados que son candidatos podrían tomar posesión de su escaño sin volver a España, porque la recogida del acta se puede delegar. Pero, sin regresar de Bélgica, no podrían votar. Ni en la investidura ni en ninguna sesión, porque el voto es indelegable, a no ser que medie «enfermedad grave o incapacidad prolongada», según el reglamento del Parlamento catalán. Si quieren votar, tendrán que regresar. Y si vuelven, irán directamente a la cárcel. Quedan doce días, pero el ovillo del surrealista laberinto catalán sigue enredándose.

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