El escurridizo virus de la gripe

Miles de millones de personas sufren cada año, y muchos incluso fallecen, un virus «inteligente» que se extiende con rapidez y muta para zafarse de las defensas de los pacientes


En el periodo 1918-1919 unos 500 millones de personas contrajeron la gripe en todo el mundo y de ellos se estima que unos 50 millones fallecieron. Fue la pandemia de gripe conocida como gripe española,  a pesar de que está documentado que no fue España el país donde se originó. Además de esta, otras tres epidemias de gripe (o influenza) acontecieron en el siglo pasado: en 1957, en 1968 y en 1977.

En Estado Unidos en los primeros momentos de aparición de la enfermedad circularon todo tipo de teorías sobre la causa de la pandemia. Para unos era una nueva arma química usada en la primera guerra mundial, aún en curso; para otros, se debía a la inclusión del virus en los  medicamentos fabricados por parte de farmacéuticas alemanas. La causa era otra muy diferente: un virus que evolucionaba con rapidez y sorprendía a una población sin defensas.

El hecho de que se produzcan epidemias recurrentes de esta enfermedad o la necesidad de la vacunación anual son consecuencia de la naturaleza cambiante del virus.

Los virus de la gripe o de la influenza consta de una envoltura externa que proviene de la célula donde se formo la partícula vírica y contiene dos proteína de gran importancia: hemaglutinina (HA) y neuraminidasa (NA). En el interior de esta envoltura se encuentra la cápside y en el interior de ésta el material genético, el RNA viral. Los virus influenza se clasifican en tipos A, B y C en función de sus proteínas internas, la clasificación en subtipos se hace en función de las dos proteínas externas a que hemos mencionado: HA y NA. Los tres tipos de virus pueden infectar a los humanos; el tipo A también puede hallarse también en cerdos y aves entre otras especies animales; el tipo C en cerdos y perros además de humanos.

Así se propaga

Cuando una persona infectada por el virus de la gripe estornuda o tose expele en el aire miles de partículas virales que ocasionalmente serán inhaladas  por personas que compartan el mismo espacio.

La proteína viral HA (así llamada por su capacidad para aglutinar los glóbulos rojos sanguíneos en torno a la partícula viral), reconoce receptores específicos situados en la superficie celular: moléculas de ácido siálico. El virus que ingresó con el aire inhalado,  o por  vía oral,   se fijará  a aquellas células que posean estos receptores en su  superficie: células bronquiales y células alveolares para el caso del hombre. Las células que no posean estas moléculas  receptoras no van a ser infectadas por el virus ya que éste no puede fijarse a ellas.

Adherido a la célula hospedadora, el siguiente paso consiste en la penetración del virus en el interior celular. Una vez allí, el virus protagoniza una suerte de «golpe de estado» consistente en ocupar el «centro neurálgico» de la célula, esto es, el núcleo y desde ahí gobernar toda la maquinaria metabólica celular que ahora se dedica a la replicación del genoma viral y la síntesis de las proteínas de la cápside viral para producir miles de copias de partículas víricas.

Finalmente se liberan miles de virus que iniciarán un nuevo ciclo cuando encuentren células con el receptor adecuado al que fijarse. Esto sucede una y otra vez hasta que el sistema inmunitario del individuo elabore anticuerpos, los cuales bloquean la HA  que ya no podrá unirse a nuevos receptores celulares de ácido siálico.

Este ciclo invasión celular, replicación del virus y liberación de miles de copias es común a todos los virus, sin embargo el virus de la gripe tiene características propias.

El material genético del virus de la gripe, el ácido ribonucleico (RNA), esta troceado en ocho segmentos (siete segmentos en los influenzavirus del tipo C) localizados en el centro de la nucleocápside.

Una misma célula puede resultar coinfectada al mismo tiempo por dos variantes virales. Tras la replicación de  los  segmentos  de RNA  de cada variante puede ocurrir que dentro de un cápside viral se  empaqueten segmentos de RNA de ambas y se generen así una nueva variante del virus. Estas nuevos virus pueden ser más o menos virulentos que las variantes de las que proceden; o pueden tener antígenos diferentes que no son reconocibles por los anticuerpos que neutralizaban las variantes anteriores.

El cerdo puede ser infectado por virus de la gripe propios pero también aviares y humanos y puede ser un «laboratorio» en el que se producen coinfecciones, con un enorme potencial de generación de nuevas variantes del virus de la gripe. Este es un mecanismo que permite al virus cambiar y eludir la respuesta de sistema inmunitario, pero no es el único.

Copias y mutaciones

La replicación del RNA se lleva a cabo por la intervención de una enzima, la RNA polimerasa, una proteína especializada en hacer un trabajo muy concreto: copiar las cadenas molde de RNA para generar nuevos fragmentos de RNA. Se trata de una especie de «amanuense microscópico» que hace su trabajo de forma negligente cometiendo muchas «faltas de ortografía» (conocidas como mutaciones),  sustituyendo unos nucleótidos por otros en la secuencia de RNA. Errar es humano, pero no exclusivamente humano.

 Este defecto en el mecanismo de generación de nuevas copias de los segmentos de RNA es a la vez la gran ventaja evolutiva del virus de la gripe, pues le permite esquivar con nuevas variantes víricas la respuesta inmunitaria (anticuerpos) de los hospedadores a los que infecta.

Algunas de estas mutaciones serán inviables, otras no tendrán efecto alguno sobre la virulencia o poder patógeno del virus o su capacidad para provocar la elaboración de anticuerpos en el animal o el hombre, pero algunos de estos cambios pueden afectar a la HA que ahora podría infectar tipos de células diferentes o ser capaz de fijarse a células de nuevas especies saltando así de una especie a otra.

En resumen, la reasociación de segmentos de RNA y las mutaciones convierten al virus de la gripe en un virus cambiante y escurridizo, que esquiva las defensas del individuo cambiando incesantemente. Así, se hace necesario la preparación de nuevas vacunas cada año, ya que los anticuerpos producidos contra las viejas variantes no son efectivos contra las nuevas.

La OMS vigila las variantes del virus en cada región del planeta y  recomienda cuáles se deben incluir en la vacuna antigripal del año siguiente. No obstante, siempre existe el riesgo de aparición de variantes del virus de la gripe con capacidad para provocar grandes epidemias. Hasta tal punto es así que la OMS ha publicado un documento titulado Preparación para una gripe pandémica. Si la pandemia se produce, mejor estar preparados.

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