Los secesionistas, a la gresca por sus líderes

La confirmación en los sondeos de que ERC y JxCat se disputan la primera posición con C?s eleva la tensión: los de Puigdemont responden a Esquerra que harán que vuelva ganando


Carles Puigdemont se ha convertido, desde la distancia, en el protagonista absoluto de la campaña. Quien como presidente llevó el cisma en la sociedad catalana hasta el extremo, ha conseguido ahora hacer lo propio en el seno del bloque secesionista. La tensión entre Puigdemont y su exvicepresidente, Oriol Junqueras, arrancó antes de que el 155 pusiera fin a la legislatura y no ha parado de aumentar desde entonces. Su protagonismo ha pillado a contrapié a ERC, que afrontaba la carrera electoral convencido de su segura y rotunda victoria: ahora, sin embargo, no solo se la disputa Ciudadanos, sino que ya siente en la nuca el aliento de la candidatura de Puigdemont. Una encuesta de La Vanguardia coloca a ERC (31-32 escaños) y C’s (30-31) en primera posición, prácticamente empatados con JxCat (30). Eso sí, el independentismo se aleja de la mayoría absoluta, que no logra ni en la mejor de las horquillas (67 escaños, uno por debajo de la frontera).

«Puigdemont volverá, y lo hará gracias a los votos que depositaremos en las urnas el 21D», manifestó ayer Neus Lloveras, presidenta de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) y candidata de Junts per Catalunya. La declaración de Lloveras era la prueba de la decantación del municipalismo independentista en favor de Puigdemont. Porque sus palabras eran una respuesta a unas declaraciones previas del candidato de ERC Carles Mundó, quien había aconsejado a JxCat que busquen un candidato alternativo, porque Puigdemont no regresará y, en caso de que lo haga, será detenido y enviado a prisión, por lo que en ningún caso podrá ser investido presidente. Y por si el argumento no era suficientemente contundente, lo remachó el alcalde de Valls (Tarragona), Albert Batet, quien destacó que para restituir a Puigdemont hace falta «una gran victoria no solo del independentismo, sino de la candidatura de JxCat». 

Puigdemont, con plena libertad de movimientos en Bruselas, participa activamente en la campaña desde la distancia y con un mensaje con el que se está apropiando del proyecto independentista y encarnándolo. Y con ello se está convirtiendo en el heredero natural de Junts pel Sí, que es precisamente lo que venía reivindicando ERC. Los republicanos cambiaron el paso y optaron por una lista de partido clásica. En el PDECat hicieron de la necesidad virtud y se agarraron como un clavo ardiendo a Puigdemont, que optó por una candidatura personalista, con nombres ajenos a los partidos pero activos en el proceso independentista, como el preso Jordi Sànchez. Y la jugada les está saliendo bien, porque de un partido prácticamente desahuciado han conseguido hacer una candidatura en condiciones de ganar.

Y han conseguido poner nerviosos a los dirigentes de ERC, que ayer se quejaban de que Puigdemont pasea por Bruselas. Y, mientras, «a Junqueras no le podemos escuchar la voz ni por videoconferencia», se lamentó Carles Mundó. Y no fue la única pulla a sus adversarios en el bando soberanista, a quienes recordó que «el voto más útil es el voto a ERC, un partido con 86 años de historia, preparado para gobernar», y no la candidatura de un partido recién creado, en alusión al PDECat, y con gente sin preparación política.

Arrimadas aprieta en el feudo de Puigdemont

Por primera vez en su corta historia como partido político, Ciudadanos está en disposición de ganar las elecciones catalanas en número de votos, según el CIS. En este clima, la formación que preside Albert Rivera presentó ayer oficialmente su candidatura a la victoria con una demostración de fuerza en Gerona, el feudo de Carles Puigdemont. La formación que en la pasada legislatura era la principal fuerza de la oposición en la Cámara catalana reunió a 1.200 personas en el auditorio de la ciudad, toda una demostración de fuerza. Ciudadanos logró dos escaños en la pasada legislatura en Gerona, los primeros de su trayectoria en esta provincia, a costa uno del PP y otro del PSC. La provincia es una zona complicada para el constitucionalismo, pero Arrimadas ve margen de crecimiento. La candidata de Ciudadanos ha moderado el discurso del la formación en Cataluña para diferenciarse del PP y para ampliar la base electoral, robando en caladeros del PSC y hasta de la antigua CiU. En el acto, se reivindicó como la candidata del «seny, la señera y la tranquilidad», frente a la «fractura y la huida de empresas» del independentismo.

A semana y media para los comicios, corre el riesgo de que las encuestas estén algo hinchadas para sus intereses o que pueda pagar el exceso de confianza. Pero la imagen de ayer, aunque solo fuera simbólica, resultó contundente: si en terreno visitante exhibe músculo es que está preparada para empresas más ambiciosas. Por si acaso, Albert Rivera, allí presente, apeló al voto útil y advirtió que el apoyo al PP o al PSC puede acabar siendo un voto «tirado a la basura».

En el primer gran mitin de los naranjas en campaña, Arrimadas trató de presentarse como la opción ganadora del constitucionalismo. «Nuestra revolución será cumplir la ley», aseguró. La candidata de Ciudadanos repite tres ideas en sus mítines: quiere ser la «presidenta de todos los catalanes», C’s es la garantía para «acabar con el proceso» y votar naranja es votar por la libertad y por la unión.

El secesionismo, en la línea Maginot

Gonzalo Bareño

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Queda mucha campaña, pero empieza a cundir la sospecha de que el marcador ya no se va a mover. Y en esas condiciones, el partido puede hacerse largo para algunos. En las filas constitucionalistas se detectan ya síntomas de frustración ante la capacidad de resistencia de un independentismo que no está sumando, pero en el que tampoco parece que hagan mella ni la enorme cantidad de errores cometidos ni los ataques que recibe desde todos los frentes. Es verdad, como dijo ayer el candidato del PP, Xavier García Albiol -muy tocado para llevar solo cinco días de campaña-, que los independentistas «se dedican a sacarse los ojos entre ellos» porque no tienen esperanza alguna de pescar en calderos ajenos. Pero, aun ciegos y divididos, siguen todos en el mismo barco secesionista. 

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