Bruselas censura a Tusk por su ataque a las cuotas obligatorias de refugiados

El presidente del Consejo dice que el programa de reubicación es ineficaz


Bruselas / corresponsal

Se avecina tormenta en Bruselas. Y de las duras. Ni lealtad institucional ni europeísmo que valga. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, lanzó ayer un torpedo a la base de flotación de la política migratoria apadrinada por la Comisión Europea. El misil apunta hacia las cuotas obligatorias de acogida de refugiados, las mismas que han boicoteado los países de Visegrado (Polonia, República Checa, Hungría y Eslovaquia) a costa de enfrentarse a expedientes sancionadores. «Las cuotas obligatorias han demostrado ser altamente divisorias y el enfoque ha recibido una atención desproporcionada a la luz de su impacto en el terreno. En ese sentido se ha vuelto ineficaz», reza la carta que el polaco ha enviado a los líderes europeos.

Ni la distinción que hace entre refugiados y migrantes económicos logró apaciguar la ira del comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos, quien ayer salió en público a censurar la actitud de Tusk. «Es inaceptable. Es antieuropeo. Niega e ignora todo el trabajo que hemos hecho», zanjó. El griego no escondió la indignación de su equipo por la actitud desleal del polaco: «Su papel es el de defender la unidad y principios europeos. Este documento socava uno de los pilares principales del proyecto europeo: El principio de solidaridad. Sin él, Europa no puede existir».

Avramopoulos no se mordió la lengua. Dio rienda suelta a su enfado. «Nuestro deber es proteger a los refugiados, es un deber moral y jurídico», aseguró irritado antes de recordar que el actual programa, al que los países centroeuropeos acusan de crear divisiones en la UE, ha sido eficaz.

El motín de Visegrado

Lo cierto es que solo 32.000 personas han sido reubicadas de las 160.000 que se habían acordado en un primer momento. Los esfuerzos de Bruselas y de algunos países como Italia de hacer funcionar el plan se han visto cercenados por el motín orquestado por Visegrado, una rebelión que llevó a Eslovaquia y Hungría hasta los cuarteles del Tribunal de Justicia de la UE. La respuesta de la corte fue un portazo acompañado de reproches por la falta de colaboración de los Estados miembros. «La solidaridad no se puede escoger a la carta (...) Tenemos que imponer la unidad, permanecer juntos y no atizar posiciones antieuropeas».

Ni Avramopoulos ni Tusk esconden sus diferencias. A pesar del rapapolvo público, el polaco no se echa atrás. Quiere que la UE reconozca el fracaso del plan de reubicaciones, pensado para ayudar a Grecia e Italia a soportar la presión en sus fronteras: «No cambiará de opinión», aseguran desde el Consejo. Mañana expondrá ante los líderes europeos su intención de lograr un nuevo consenso sobre política migratoria y de asilo de la UE para junio del 2018. Una propuesta que incluiría la creación de un instrumento financiero a largo plazo dentro de los presupuestos europeos para seguir externalizando la gestión migratoria y contener sus flujos al otro lado del Mediterráneo.

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