El Supremo rechaza el recurso del Chicle y ordena que cumpla la pena por drogas

El asesino confeso de Diana había recurrido en el 2015 la condena de dos años y medio


a coruña / la voz

Después de toda una vida sorteando la acción de la Justicia, le vienen todas juntas. El de ayer fue un viernes negro para el Chicle. En una misma mañana le tocó vivir la renuncia del abogado que lo defendió hasta ahora por la muerte de Diana Quer y, por si fuera poco, le anunciaron la ejecución de la sentencia del Tribunal Supremo que le desestima el recurso que había presentado para eludir la pena de dos años y medio de prisión por tráfico de drogas. Si estuviera en la calle, tendría que entrar en la cárcel. Pero como ya está dentro, ayer mismo comenzó a cumplir el castigo por llevar dos kilos de cocaína en el coche.

Abuín Gey llevaba años con la esperanza de que el Supremo le levantase el castigo. Una «quimera», según algunos de los abogados que estuvieron en aquel juicio celebrado en la Audiencia Provincial de A Coruña. Su letrado intentó convencerlo entonces de que se acogiera a un acuerdo judicial, como hizo el resto de la banda. De haberlo hecho, solo tendría que pasar unos meses en prisión. Pero el Chicle se cerró en banda. Le ordenó que apelase a instancias superiores y así fue. Pese a que las posibilidades de salir absuelto eran «inexistentes», pues la Guardia Civil lo detuvo con una gran cantidad de cocaína en el Fiat Bravo que conducía por una carretera de Lalín. Además, con el carné retirado y con más mercancía oculta en casa de sus padres.

Macrocausa

Operación Piñata se le llamó a aquella macrocausa que terminó con Abuín unos meses en prisión provisional a espera de juicio. Junto al Chicle, detuvieron a otras cinco personas, entre ellas, su tío político, Rafael Rivas, cabecilla del grupo de Os Fanchos. En la cárcel de Teixeiro, donde estuvo recluido, delató a su tío al descubrir que el resto de la banda le quería achacar a él buena parte de la culpa. Con todo lujo de detalles, el ahora encarcelado les contó a los agentes que la droga que llevaba encima aquella tarde de agosto del 2007 pertenecía a su tío, que le había ordenado guardarla y transportarla. Lo apartaron por «chivato», pero no le tocaron ni un pelo. Dicen algunos allegados que lo salvaron los vínculos familiares con el jefe del clan, que terminó perdonándole la afrenta por ser sobrino de su esposa.

Ya había empezado a cantar el mismo día en que lo detuvieron, pues fue él quien declaró que los dos kilos que llevaba en el coche eran migajas comparado con lo que tenía oculto en casa de sus padres. Nada menos que 19 kilos de cocaína con una pureza del 80 %. Podía quedarse callado y que la Guardia Civil siguiese buscando más droga a Os Fanchos, pero él se encargó ya de explicar que la sustancia pertenecía a su tío y que lo había obligado a guardarla.

Ya en el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de A Coruña, José Enrique Abuín se explayó después de que el juez le llamase la atención por sonarle el móvil. «Era mi mujer y le tenía que contestar», dijo. Aquello levantó las risas del resto de los acusados, que se tornaron en miradas desafiantes cuando el Chicle empezó a declarar contra ellos. Cambió la versión inicial por otra: «No sabía que lo que llevaba en el coche y había guardado en casa de mis padres era cocaína. Lo único que sé es que mi tío me dio unos paquetes y me dijo que los guardara». No le creyeron.

Sentencia

A pesar del enorme volumen de droga localizada, que se valoró en 757.000 euros, por las dilaciones indebidas Abuín solo fue condenado a pagar una multa de 300.000 euros y a dos años y medio de prisión. No contento con el castigo, pues se sentía inocente, obligó a su letrado a recurrir contra la opinión de aquel, que trató de hacerle ver que la pena era muy pequeña para un delito tan grave. No hubo forma, así que la apelación llegó al Tribunal Supremo, que la desestimó en mayo del año pasado. No fue hasta ayer cuando se ordenó la ejecución de la sentencia.

Pese a su incriminación en aquella operación, Abuín continuó, supuestamente, trapicheando con droga. Eso sí, pasó de transportar kilos y ganar mucho dinero a vender gramos a los consumidores de su zona. La Guardia Civil cree que el trapicheo era su principal fuente de ingresos. También, presumiblemente, pequeños robos.

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