Donald Trump, un líder impopular que consolida el favor de sus votantes

A pesar de que a lo largo de este año en la Casa Blanca han sido muchos más lo tropiezos que las victorias, el presidente estadounidense sigue manteniendo su base electoral intacta

Multitudinaria marcha de mujeres contra Trump en EEUU Cientos de miles de mujeres y hombres marchan por todo el país en protesta por las políticas sexistas de la administración de Trump

nueva york / corresponsal

Doce meses de incertidumbre diplomática, de ruptura con lo políticamente correcto, de caos y de bajas en una avenida Pensilvania donde han definido a su presidente como «infantil», sacando a debate una estabilidad mental cuestionada incluso por los mejores psiquiatras del país. En el año de Trump han sido muchos más los tropiezos que las victorias aunque, a pesar de todo, el presidente sigue manteniendo lo más importante para la reelección: su base electoral intacta, el apoyo de sus votantes y el control del Partido Republicano. 

El racismo

La decisión de no aceptar un acuerdo sobre el futuro de los jóvenes indocumentados si no se financia el muro con México no solo ha dinamitado los pactos con los demócratas en Capitol Hill, sino que continúa siendo motivo de enfado en sus propias filas.

Eso sí, su particular concepción de la inmigración sigue teniendo devotos en amplios sectores de la población que aplauden «la naturalidad» del mandatario al hablar de «países de mierda» para referirse a El Salvador o Haití. Este tipo de comportamientos le han valido la más firme condena internacional y desde organismos como Naciones Unidas el calificativo de «racista».

La cara y la cruz

Uno de los grandes fiascos de la Administración ha sido su falta de liderazgo para conseguir derogar la reforma sanitaria conocida como Obamacare. Con el voto favorable de tres senadores conservadores, se permitió que el sistema del expresidente demócrata siguiese funcionando a pesar de que su desaparición fue una de las promesas de campaña.

En cambio, si hay algo que sonríe al magnate son los números. Trump supo rentabilizar el descontento popular, harto de no beneficiarse de la recuperación económica. El presidente estadounidense creó 2,1 millones de puestos de trabajo en el 2017, además de crecer por encima del 3 %. La reforma fiscal ha sido su gran logro tras reducir en 20 puntos el impuesto a sociedades.

Refuerzo judicial

Otro éxito ha sido conseguir colocar al juez conservador Neil Gorsuch en el Tribunal Supremo y afianzar así la balanza del lado republicano. De igual manera, el neoyorquino ha batido dos récords al nominar a 43 candidatos judiciales y conseguir la confirmación de 12 magistrados de los tribunales de apelaciones. Los jueces federales en EE.UU. son cargos vitalicios, es decir, que los nombramientos de Trump se mantendrán durante décadas.

El Tribunal de Apelaciones de San Francisco, por ejemplo, prohibió derogar el programa que protege a los dreamers y en su momento también bloqueó el veto migratorio por el que Trump prohibía la entrada en el país a los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. Decisiones como las mencionadas provocaron los constantes insultos de Trump hacia el sistema judicial. 

Vendavales en Twitter

Sus rabietas en la red social han hecho sonar las alertas del mismísimo Pentágono ante la creciente tensión nuclear con Corea del Norte. Trump no solo utilizó Twitter para mofarse de Kim Jong-un llamándole «hombre cohete», también se puso del lado de la ultraderecha, cargó contra decenas de líderes políticos y, por supuesto, acosó a los medios. Con el uso permanente de fake news, el magnate ha ido mucho más allá que cualquier presidente anterior molesto con las coberturas, ya que sus reiteraciones son un golpe directo a la primera enmienda que protege la libertad de prensa. 

Alarma internacional

Es inevitable destacar que EE.UU. ha abandonado su liderazgo. El aislacionismo trumpiano le ha llevado a revertir las protecciones ambientales y sacar al país del Acuerdo de París, o amenazar a Europa si no pone encima de la mesa otro acuerdo nuclear con Irán. La alarma internacional es permanente y alcanzó cotas especialmente altas después del anuncio del traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. Eso sí, conviene recordar que el objetivo de Trump es cumplir con quienes le eligieron y, por eso, poco le importa lo que ocurra fuera de sus fronteras. 

el Rusiagate

Desde el Watergate de Richard Nixon, ningún otro presidente ha estado tan involucrado en una investigación judicial en tan poco tiempo de mandato. Trump se ha visto en medio de las pesquisas del fiscal, Robert Mueller, que ya ha acusado a cuatro exasesores del presidente en la trama que vincula al Kremlin con la campaña republicana. Si Mueller consigue demostrar que el magnate era conocedor de las reuniones entre su círculo y el del presidente ruso, Vladimir Putin, el neoyorquino podría enfrentarse a un impeachment bajo el cargo de obstrucción a la justicia que, entre otras cosas, le habría llevado a despedir al exdirector del FBI, James Comey, el pasado mes de mayo.

Trump no logra evitar el cierre del Gobierno

Los demócratas se quejan de que negociar con el presidente «es como negociar con gelatina»

Adriana Rey

El cierre de gobierno decretado este sábado en EE.UU. no ha sido la mejor manera de celebrar el primer aniversario de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Su mano dura en materia migratoria ha sido la causante de que el país haya caído en su primer shutdown desde el año 2013.

A lo largo de toda la mañana de este domingo, las posturas en el Capitolio no podían estar más enfrentadas. «¡Están reteniendo a nuestro ejército como rehén para tener inmigración ilegal!», protestó Trump en Twitter, minutos antes de que un explosivo comunicado de la Casa Blanca dejase claro que en ningún caso se negociará en materia migratoria, hasta que se reabra el Gobierno federal. Este es el problema porque los demócratas condicionaron su apoyo a las cuentas, a que el presidente accediera a regularizar a los cerca de 800.000 jóvenes indocumentados, conocidos como dreamers (‘soñadores’). Al respecto, hubo varias aproximaciones en los últimos días entre el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, y el republicano, pero todas las conversaciones resultaron infructuosas. «Negociar con Trump es como negociar con gelatina», lamentó con frustración Schumer. «Los estadounidenses no pueden entender que Schumer clausure todo el gobierno hasta salirse con la suya», contestó su homólogo del bando republicano, Mitch McConnell.

En plena lucha por la victoria narrativa, los demócratas desplegaron una pancarta en el pleno del Senado recordando que el pasado mes de mayo el presidente deseó «un buen cierre de gobierno». «Feliz aniversario, señor presidente. Su deseo se ha hecho realidad. ¿Quería un shutdown? Es todo suyo», cargó la líder de la oposición en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

De no llegarse a un acuerdo para extender el presupuesto, las consecuencias se notarán a partir de mañana. Será entonces cuando miles de funcionarios se ausenten forzosamente de sus trabajos.

Este sábado, el caos presupuestario fue aprovechado también por decenas de miles de personas que se manifestaron contra el presidente en la segunda Marcha de las Mujeres. «Bonito día, perfecto para la Marcha de las Mujeres. Salid a celebrar los hitos históricos y el éxito económico sin precedentes que ha tenido lugar en estos 12 meses. ¡La tasa de desempleo femenino es la más baja en 18 años!», se mofó Trump en su cuenta de Twitter.

¿Qué significa el cierre de la Administración en el que ha entrado EE.UU.?

DPA

El «shutdown» es un bloqueo de amplios sectores de la administración ante la imposibilidad de funcionar por falta de financiación

El Gobierno de Estados Unidos entró este sábado en shutdown ante la incapacidad del Congreso de aprobar un presupuesto que diera fondos a la administración federal. Un shutdown es un cierre de amplios sectores de la administración ante la imposibilidad de funcionar por falta de financiación.

¿Qué implica el cierre del Gobierno federal?

La mayor parte del Gobierno federal, incluida la mayoría de sus trabajadores civiles, se financia a través de un presupuesto anual que debe ser aprobado por el Congreso.

Cuando el Gobierno federal se queda sin fondos porque el Congreso no aprueba esas cuentas, envía a casa a los empleados no esenciales al no poder pagar sus nóminas. Sin empleados y sin fondos, amplios sectores de la administración federal no pueden funcionar.

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