Sáenz de Santamaría ve «ridículo» e «imposible» un Gobierno simbólico de Puigdemont

Para la vicepresidenta del Gobierno, la fórmula que negocian Junts per Catalunya y ERC evidencia que se está llegando a los «últimos estertores» de Puigdemont. El informe de los letrados del Parlament sobre las diversas posibilidades de celebrar una sesión de investidura sin la presencia del candidato se retrasa


La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, considera que una investidura simbólica de Carles Puigdemont mientras se forma un Govern por cauces legales es «absurdo», «ridículo» e «imposible», y que el hecho de que se plantee es una muestra de que «esto llega a su fin».

Sáenz de Santamaría se ha referido a esa posible fórmula que negocian Junts per Catalunya y ERC en una entrevista en Telecinco en la que ha subrayado que lo que se evidencia con ella es que se está llegando a los «últimos estertores» de Puigdemont.

«Está poniendo un precio para quitarse de en medio», ha añadido antes de advertir de que los independentistas pueden buscar un «aparcamiento» para el expresidente de la Generalitat pero no pueden hacerlo a costa de Cataluña ni de la dignidad de las instituciones catalanas. En ese contexto ha insistido en que los independentistas no están buscando una solución para Cataluña, sino una propuesta que intente «salvar el tipo» a Puigdemont.

«Aquí no hablan del futuro de Cataluña, sino de cómo Puigdemont no queda desairado», ha añadido antes de reiterar: «Esta es una megalomanía absurda, es una solución imposible (un Govern simbólico) y ridícula si no fuera porque con Puigdemont hemos perdido toda capacidad de sorpresa. Va de ridículo en ridículo hasta el ridículo final».

Pero ha advertido: «Espero que Puigdemont no piense que va a seguir ni gobernando Cataluña ni viviendo a costa de Cataluña, y no quiero pensar que muchas de estas cosas sean para arreglarle a él la vida no ciertamente barata que lleva en Bruselas».

Sáenz de Santamaría ha avisado también al presidente del Parlament, Roger Torrent, que si permite una investidura simbólica estaría asumiendo que esa institución no es el sitio para hacerlo y la dejaría «bastante tocada».

Para la vicepresidenta, el expresidente, del que ha lamentado su falta de valentía para asumir sus responsabilidades, solo puede ya cumplir con la Justicia o retirarse hasta que sea reclamado, y asegura tener la sensación de que los suyos «están deseado quitárselo de en medio». «Esto ha llegado a su fin», ha recalcado ante las intenciones de Puigdemont. La vicepresidenta estima que con las propuestas que están haciendo, los independentistas «denigran» a Cataluña.

Ha pedido «más política» a los partidos constitucionalistas en Cataluña para evidenciar su mayoría de votos y ha instado a Inés Arrimadas a «dar la batalla» y «arriesgarse», ya que cree que debería «haberse movido» y estar diciendo todos los días a Torrent que lo que planean los independentistas perjudica a Cataluña. 

El informe de los letrados del Parlament sobre la investidura se retrasa

El informe de los letrados del Parlament sobre las diversas posibilidades de celebrar una sesión de investidura sin la presencia del candidato se ha retrasado y no lo han podido valorar hoy ni la Mesa ni la Junta de Portavoces. Este informe, que fue solicitado la semana pasada por la Mesa, todavía está siendo «ultimado» por los letrados, indican fuentes parlamentarias, por lo que los grupos no han podido contar con él para posicionarse sobre una hipotética fórmula que permita desbloquear la investidura.

Las mismas fuentes han apuntado que los letrados ya disponían el pasado viernes de un texto, aunque es muy posible que en las últimas horas lo hayan querido modificar, por lo que esta mañana aún no estaba finalizado. La Mesa del Parlament, en consecuencia, no ha contado en su reunión de hoy con el informe de los letrados, lo que no ha impedido que se haya debatido sobre el aplazamiento de la sesión de investidura y de cómo proceder a una nueva convocatoria.

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Un presidente simbólico en Bruselas y un presidente operativo en Barcelona para liderar un procés en peligro de extinción. Es la fórmula que tratan de cuajar las tres fuerzas independentistas catalanas para salir del bloqueo institucional en el que se ha sumido Cataluña desde los comicios del pasado 21 de diciembre. El líder de JxCat, Carles Puigdemont, se resiste a abandonar la escena política. No quiere renunciar a la presidencia de la Generalitat. Con el aval de las urnas ha dejado claro que ERC no puede echarlo a un lado, aunque siga atrincherado en Bruselas y no tenga la menor intención de acudir al Parlamento catalán a ser investido. Pero, ¿por cuánto tiempo? Su principal socio, Esquerra, le ha dejado claro que la prioridad es poner fin a los procesos judiciales, recuperar las instituciones y acabar con la tutela del 155. Y eso pasa por formar un Gobierno «efectivo», como advirtió hace dos semanas el presidente del Parlamento autonómico, Roger Torrent.

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