Una de cada tres personas sufrirá insomnio en su vida

El treinta por ciento de la población tendrá alguna vez insomnio, una sintomatología tras la que se esconden múltples causas, desde problemas puntuales hasta patologías psiquiátricas. En la unidad del sueño del Complejo Hospitalario de Santiago estudian cómo duerme una persona. Y es que no solo es importante el número de horas, sino mantener los ciclos adecuados.


Un sueño reparador es tan importante para la salud como una buena alimentación. E implica tanto cantidad como calidad. No solo es necesario descansar un número de horas suficiente, sino que estas tengan una estructura adecuada. Porque en torno a este momento del día se han creado muchas leyendas urbanas que no tienen base científica.

 Una de ellas es la relativa a las horas de sueño que necesita una persona. José Luis Relova, jefe del servicio de neurofisiología del CHUS y responsable de la unidad del sueño, asegura que los estudios sobre este tema demuestran que, «aunque puede haber pequeñas diferencias entre personas, todos necesitamos ocho horas». Las necesitamos ahora y las necesitábamos hace un siglo. Una investigación realizada a principios del siglo XX reflejaba que de media, cuando el ciudadano podía dormir sin preocupaciones, descansaba unas 8,1 horas diarias. Otro estudio realizado en Estados Unidos refleja que durante la semana se duermen de media 6,9 horas, pero el fin de semana, cuando el usuario no tiene rigidez de horarios, este promedio supera las ocho. Esto significa que en España «no se duerme lo suficiente, estamos durmiendo mucho menos de lo que realmente debiéramos», apunta este facultativo.

¿Y cuándo existe un trastorno o un problema del sueño? Cualquier persona que se queje de que sus horas de descanso son insuficientes o que no son de calidad puede tenerlo. Y un efecto muy claro es la somnolencia diurna, porque si no hay déficit de sueño ninguna actividad diaria produce esta sensación. En líneas generales los problemas relacionados con las horas de descanso son frecuentes en la población porque, indica este neurofisiólogo, uno de cada tres ciudadanos tendrá una situación de insomnio a lo largo de su vida. En concreto los estudios sitúan esta cifra en el 30 %. Esto no quiere decir que se trate de una patología o de un insomnio permanente, porque el no dormir es solo la sintomatología, una manifestación de múltiples causas que puede deberse por ejemplo a una situación puntual y que por lo tanto es autolimitada en el tiempo.

Más problemático es un insomnio prolongado. Y es que las consecuencias no son insignificantes. Los problemas de sueño tienen repercusiones laborales, sociales y sobre la salud. En este último caso pueden derivar en complicaciones cardiovasculares, metabólicas e incluso producir hipertensión. «Si un sujeto no duerme lo suficiente sus tiempos de reacción van a estar alterados y su juicio y capacidad de trabajar también», explica Relova. Una vez detectada la falta de sueño hay que tomar medidas. Cinco horas diarias, explica este neurofisiólogo, pueden suponer un problema «porque nuestras necesidades no son tan escasas como para cubrirse con cinco horas». Las medidas para corregir estos déficits pueden empezar por medidas de higiene. Es decir, buenos hábitos. Tener horarios regulares a la hora de irse a la cama, no ingerir estimulantes como la cafeína antes de acostarse, evitar las siestas prolongadas o determinadas sustancias o fármacos psicoactivos. Y sobre el vaso de leche caliente antes de dormir, aunque muchos lo defienden, no se ha realizado ningún estudio controlado, explica Relova Quinteiro, que demuestre su eficacia.

Como el insomnio es una sintomatología hay que averiguar la causa, que muchas veces es una enfermedad. Por ejemplo la apnea, que afecta al 3 % de la población. Se trata de uno de los principales trastornos del sueño, producido cuando las vías aéreas se colapsan durante el sueño, lo que lleva al sujeto a tener microdespertares a lo largo de la noche y a no llegar a la fase profunda del sueño.

Para saber exactamente cuál es la causa de la falta de sueño hay que realizar un estudio. En la unidad de Santiago se hacen unos doscientos al año, a los que hay que sumar los test de atención múltiple que se desarrollan también en este laboratorio. El estudio básico es la polisomnografía, registrando muchas variables fisiológicas. ¿Y en qué consiste? En medir determinados parámetros mientras duerme el paciente. Esto se hace mediante un electroencefalograma, una electromiografía y un electrooculograma, que miden en qué fase del sueño está el usuario, cuáles son los movimientos de los músculos o los oculares.

Porque el sueño no es igual durante toda la noche, sino que tiene fases, y es importante que los ciclos se desarrollen de forma ordenada. El tiempo que la persona tarda en quedarse dormida se llama latencia del sueño y después cae en una fase profunda. A continuación se produce una fase REM -no profunda-, y a partir de ahí se alternan ciclos a lo largo de la noche entre sueño profundo y REM, que cada vez van siendo más cortos. Los dos son necesarios. Es decir, ni es bueno no tener fase REM ni fase profunda. Hay enfermedades psiquiátricas, por ejemplo, en las que casi no hay fase profunda, porque la arquitectura del sueño está alterada.

Tratamiento

¿Y cómo se trata un trastorno del sueño? Para ello es fundamental determinar la causa, pero tal y como explica José Luis Relova, lo ideal sería un tratamiento psicoterápico conductual. De hecho se recomienda no optar en primera instancia por la alternativa farmacológica. Evidentemente todo depende de la causa que esté detrás de este insomnio. Si se trata de un problema puntual hábitos regulares pueden devolver al usuario a una situación de normalidad. La principal causa de la apnea es el sobrepeso y la obesidad, por lo que en este caso la pérdida de peso es el factor más importante, así como utilizar un sistema de presión positiva para que la vía aérea esté permeable. La llamada narcolepsia, que pese a parecer residual afecta al 0,3 % de la población, es otro de los trastornos más conocidos del sueño, y en este caso los tratamientos farmacológicos son bastante efectivos. En resumen, no solo es importante dormir las horas suficientes sino que estas sean de calidad.

«El estilo de vida y las nuevas tecnologías causan insomnio»

Dolores Vázquez

La calidad de vida se resiente con los problemas de insomnio, la patología más recurrente de las asociadas al sueño, que los expertos abordan con terapia cognitivo- conductual, en la que los cambios de hábitos para lograr una buena higiene para dormir son una parte básica. Al mismo tiempo se continúa perfeccionando el campo de la medicación

La psicóloga Marta del Villar (Madrid, 1963) lleva desde el 2013 en la Unidad del Sueño del Hospital San Rafael de A Coruña. Especializada en sueño, estuvo formándose con Eduard Estivill, pionero en España en este tipo de estudios y al que considera su «padrino».

 -¿Cuál es la patología más frecuente en su unidad?

-En adultos lo que más vemos son personas con insomnio y, por otro lado, apneas del sueño y ronquidos. Pero no quiero dejar de mencionar, aunque sean casos menos prevalentes, ya causa muchos problemas a los que los padecen, la hipersomnia.

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