Cuando las pastillas apagan el deseo

Es más frecuente de lo que muchos reconocen. La pérdida de deseo sexual es un efecto secundario del consumo de antidepresivos o ansiolíticos, y se ha disparado por el uso abusivo de estos fármacos. Los jóvenes también sufren este problema, en su mayoría por tomar anabolizantes o anticonceptivos orales.


El órgano sexual más importante es el cerebro. Partiendo de esta premisa, que muchos adultos pasan por alto, se entiende perfectamente que una persona pueda tener un orgasmo sin necesidad de que entre en acción el contacto físico; pero el poder de la mente también acarrea consecuencias menos placenteras, como que pese a que uno se encuentre en un ambiente favorable, con una persona que le atrae y cumpliendo los deseos carnales propios, hay veces que resulta imposible tener la libido en su sitio.

 El frenético ritmo de vida imperante sumado al aumento del consumo de medicamentos como antidepresivos y ansiolíticos puede venir acompañado de un efecto rebote inesperado que nada ayuda al paciente: la pérdida de deseo sexual. Un daño colateral que, como explica la sexóloga Martina González, muchos hombres y mujeres sufren resignados porque es un tema tabú tanto para los afectados como para muchos profesionales de la salud.

La lista de fármacos que pueden provocar alteraciones en la libido no es pequeña. Pero son los antidepresivos los medicamentos que pueden causar más estragos en este campo. Estos compuestos se encargan de incrementar los niveles de serotonina (sustancia que mantiene en equilibrio nuestro estado de ánimo), algo que a priori puede pensarse que beneficia a nuestro yo más pasional, pero nada más lejos de la realidad: unos altos niveles de serotonina pueden retrasar el orgasmo e incluso inhibirlo. Algo similar pasa con los ansiolíticos. Son muchos aquellos que, fruto de un consumo de benzodiacepinas, consiguen un alto grado de relajación muscular y sedación que complica sobremanera las relaciones sexuales.

Pese a estos posibles contratiempos, que también pueden acompañar a los antihistamínicos o los anticonceptivos orales, González quiere recordar que hay infinidad de factores que modifican nuestro apetito sexual: Más allá de que no en todas las etapas de la vida estamos igual de fogosos, y eso depende de cada persona, la experta recuerda que «en las mujeres, solamente los cambios hormonales propios del ciclo menstrual ya hacen que la libido varíe. O cuando nos enamoramos de alguien. Entonces es muy probable que aumente y que a medida que avance la relación experimente cambios. No somos ajenos a nuestras circunstancias y las vidas son muy complejas. Nuestro estado físico, psicológico, emocional o vital va a influir», explica.

Precisamente, el intentar dar solución a problemas emocionales mejorando el aspecto físico puede traer una desagradable sorpresa. Cada vez son más los jóvenes -y no tan jóvenes- que se lanzan al consumo de anabolizantes para aumentar su masa muscular como contrapartida, muchas veces, de ver su libido por los suelos. Un círculo vicioso, ya que como apunta Gonzalez, directora del centro de Sexología Con mucho gusto!, «el problema que esconde el consumo de anabolizantes es el malestar con nuestros cuerpos y el pensar que solo unos pocos pueden disfrutar del sexo y son deseables. Esto realmente sí está teniendo un impacto muy potente y negativo sobre nuestra sexualidad».

MEDICAMENTOS QUE AFECTAN A LA LIBIDO

Antidepresivos

La mayoría de estos medicamentos se relacionan con una bajada de la libido, aunque hay alguno que no tiene este efecto. Varios estudios afirman que entre el 30 % y el 80 % de los que toman inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina ven afectada su capacidad sexual. 

Anticonceptivos

La sexóloga Martina González reconoce que la mayoría de chicas que toman la píldora desconocen este posible efecto secundario que afecta a alrededor del 15 % de mujeres que consumen estos anticonceptivos. Se vincula a un descenso de los niveles de testosterona.

Antihipertensivos

Los medicamentos para tratar la hipertensión y arritmias son los que más alteran el apetito sexual. Los diuréticos tiazídicos pueden provocar la pérdida del deseo sexual, disfunción eréctil y una menor lubricación vaginal. Los betabloqueantes también alteran la libido.

Ansiolíticos

Los efectos sedantes y relajantes de las benzodiacepinas (psicotrópicos más extendidos para tratar la ansiedad) pueden repercutir negativamente en las relaciones sexuales al ver el consumidor mermado su deseo.

Antihistaminicos

Antihistamínicos que no necesitan receta (difenhidramina y la clorfenamina) pueden afectar al acto sexual. No obstante, este desagradable efecto secundario, de existir, no dura más que las 8 horas posteriores a la ingesta.

Finasterida

Un mayor riesgo de depresión, diabetes y efectos permanentes en la libido se encuentran entre las contraprestaciones de consumir este principio activo que combate la alopecia. También puede causar disfunción eréctil.

Anabolizantes

El consumo de anabolizantes provoca una pérdida de los niveles de testosterona y los andrógenos que conlleva una disminución de la libido, dificultades para la erección e incluso impotencia.

Opiáceos

El año pasado, la FDA obligó a EE.UU. a cambiar las etiquetas de los analgésicos opiáceos advirtiendo de una relación con la disminución de hormonas sexuales. Entre los riesgos, un menor interés sexual e impotencia.

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