EE. UU. impondrá más sanciones a Rusia

El castigo se dirige a las empresas que ayudaron a montar el arsenal químico de Damasco


nueva york / corresponsal

EE. UU. dio ayer un nuevo golpe sobre la mesa y anunció más sanciones contra Rusia por su apoyo al dictador sirio. «Apuntarán a cualquier compañía que venda equipos relacionados con Al Asad y su arsenal químico», declaró la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley. A la espera de que el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, detalle las empresas que asisten a Damasco en la producción y despliegue de armas químicas, la nueva represalia es un claro indicativo de que el asunto que más preocupa en Washington es recortar la influencia de Moscú sobre el territorio.

Como aliado del régimen, el Kremlin ha incrementado su poder bélico en la región, provocando que EE. UU. todavía no esté capacitado para cantar victoria, y menos para pregonar el polémico «misión cumplida» que Trump tuiteó el sábado tras el ataque con misiles. El uso del término ha sido blanco de multitud de críticas en las últimas horas, aunque justificado por su autor. «La incursión en Siria estuvo tan bien realizada, con tanta precisión, que la única razón por la que los medios de comunicación falsos pudieron desmerecerla fue mi “misión cumplida”», replicó ayer el presidente. «Sabía que se aprovecharían, pero pensé que es un término militar tan grandioso que tenía que ser recuperado», añadió.

La explicación del republicano sin embargo, no calmó a sus detractores, ya que la frase evoca el prematuro discurso de victoria en la guerra de Irak que el expresidente George W. Bush pronunció a bordo del portaviones Abraham Lincoln. Fue en mayo del 2003, apenas un mes después de iniciadas las operaciones en Irak y muchos años antes de que el conflicto terminase. El propio Bush reconoció en el 2008 que el uso de la expresión fue una equivocación.

En el caso de Trump, además, conviene recordar que, a pesar de que el ataque afectó a la estructura militar que el régimen de Al Asad utiliza para almacenar y producir armas químicas, EE.UU. está muy lejos de hacer que se tambalee el Gobierno sirio, de disuadir a sus socios iraníes y rusos o de impedir un desenlace de la guerra que favorezca su supervivencia.

A pesar de las quejas del presidente, la controversia le sirvió para desviar la atención de los problemas a los que se enfrenta y de los movimientos que sigilosamente dirige en relación con el Rusiagate. No pocos observadores creen que Trump está intentando aprovechar el impacto del nuevo ataque para intentar dar carpetazo al caso. El veterano periodista Carl Bernstein, quien junto a Bob Woodward destapó el escándalo Watergate, advirtió por ejemplo de que el país se enfrenta a una «crisis constitucional». «El presidente ha dejado claro a cuantos le rodean en la Casa Blanca que está decidido a cerrar la investigación [sobre la injerencia rusa y los vínculos entre el Kremlin y la campaña trumpiana]», alertó Bernstein en CNN.

Guerra con Comey

La portavoz del Ejecutivo, Sarah Sanders, no disimuló ayer al defender ante los micrófonos de ABC News que «es momento de pasar página» a la trama rusa. Sus declaraciones llegan en un momento en el que el presidente y el exdirector del FBI James Comey están enzarzados en una guerra tras la publicación del libro de memorias de este, un texto en el que Comey compara a Trump con un jefe de la mafia. El presidente sangra por la herida y dijo que el funcionario «se hundirá como el peor director de la historia del FBI».

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