Las dos Coreas se dan la mano en una cumbre en el sur medida al milímetro

La desnuclearización de la península centrará las conversaciones de Panmunjon


SEÚL / E. LA VOZ

Sobre una mesa que mide 2.018 milímetros de ancho para que siempre se recuerde el año en el que las dos Coreas volvieron a darse la mano, Kim Jong-un y el presidente surcoreano, Moon Jae-in van a escribir hoy un importante capítulo en la historia. Sobre la mesa, la desnuclearización de Corea del Norte será el asunto más importante y el más complejo de todos. De la voluntad de ambas partes por realizar acciones concretas dependerá en gran parte el éxito de este encuentro entre los dos líderes.

«Hace un año solo se hablaba de una posible guerra en la península, y ahora estamos ante una cumbre para tratar la desnuclearización y la paz permanente», explicó el investigador Cho Seong-ryoul, del Instituto surcoreano de Estrategia de Seguridad. Cho aseguró que tras este primer encuentro en Panmunjom, del lado surcoreano, es probable que se celebre otro en el norte para que «sea el inicio de una serie de reuniones regulares» entre Kim y Moon.

A las nueve y media de la mañana (hora local) está previsto que Kim Jong-un cruce a pie la línea amarilla de demarcación que divide a las dos Coreas. Será el primer líder en pisar el sur desde 1953, cuando la guerra quedó interrumpida por un armisticio. Al otro lado de la frontera le esperará, para el apretón de manos de rigor, el presidente surcoreano. Hijo de emigrantes del norte, desde su llegada al poder Moon Jae-in ha puesto su empeño en establecer nuevas relaciones con el Norte.

Una guarnición de honor escoltará a los dos líderes hasta la Casa de la Paz, donde tras una ceremonia de bienvenida y una charla informal dará comienzo, a las diez y media, la tercera cumbre del más alto nivel entre las dos Coreas. Junto a Kim Jong-un viajarán su hermana, Kim Yo-jong, directora de propaganda del régimen y que ya realizó una histórica visita al Sur en febrero para facilitar el acercamiento. También estarán en la comitiva el presidente honorífico del país, Kim Yong-nam, y el ministro de Exteriores, Ri Yong-ho.

Ambos líderes almorzarán por separado y por la tarde volverán a encontrarse para plantar un árbol injertado en 1953 en señal de paz. Al término de la reunión vespertina, firmarán un acuerdo y realizarán un «anuncio». Por último, a las seis y media de la tarde, compartirán un banquete en el que se espera que participe Ri Sol-ju, la mujer de Kim Jong-un.

En todo momento se evitarán emblemas o colores con connotaciones políticas, por ejemplo, si hay alfombra de bienvenida no será de color rojo, símbolo del comunismo. Desde los platos del banquete oficial a los cuadros elegidos para decorar la Casa del Paz, cada elemento será una estudiada referencia a los principales símbolos comunes o personajes que han jugado un papel histórico en el acercamiento intercoreano. 

Máxima cautela

Conscientes de lo mucho que está en juego y con el precedente de dos fracasos en las cumbres de los años 2000 y 2007, la cautela impera. «Habrá que esperar cinco o diez años para ver si esta cumbre ha tenido verdaderamente éxito», aseguró Andrei Lankov, profesor de Estudios Coreanos de la Universidad Kookmin en Seúl. Para este experto, sería «un milagro» que el régimen norcoreano abandonara su programa nuclear porque es «la única garantía de su supervivencia» pero sí ve posible que acepten «reducir su arsenal» y «ralentizar o suspender temporalmente» su desarrollo atómico.

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