El Senado de EE.UU. estima que Rusia ayudó a Trump a ganar las elecciones

La investigación desmiente la teoría de la caza de brujas alentada por el presidente


«Precisas y puntuales». Así definió el Comité de Inteligencia del Senado de EE.UU. todas las apreciaciones que las agencias de inteligencia le dieron sobre la injerencia electoral rusa. «No hay duda de que Rusia emprendió un esfuerzo sin precedentes para interferir», aseveró el presidente del comité, el republicano Richard Burr, tras divulgar parcialmente los resultados de su investigación.

Según sus conclusiones, la interferencia tuvo por finalidad socavar la democracia estadounidense, dañar a la entonces rival demócrata Hillary Clinton y beneficiar al hoy presidente Donald Trump. Esta tesis es la misma que el FBI, la NSA, o la CIA, defendieron desde el comienzo de las pesquisas, en contra de lo que el neoyorquino siempre manifestó: la existencia de una supuesta caza de brujas en su contra que lo ha llevado a cuestionar desde que llegó a la Casa Blanca la integridad de los responsables de las agencias de espionaje, a movilizarse para ejercer más control sobre las mismas e incluso a acusar a su predecesor, Barack Obama, de usar técnicas gubernamentales para espiar su campaña presidencial.

Mientras la inteligencia estadounidense y los propios republicanos de este comité de la Cámara Alta van de la mano, no ocurre lo mismo con la Cámara de Representantes donde hace un mes exoneraron a Trump de cualquier vínculo con el Kremlin, rechazando además que Vladimir Putin hubiese tenido intereses en una victoria trumpiana. «El esfuerzo ruso fue extenso, sofisticado y ordenado por el propio presidente Putin con el propósito de ayudar a Donald Trump», contradijo rotundo Burr a sus colegas sobre una investigación que se completará en agosto.

Otra de las investigaciones que avanza deprisa es la que pilota el Comité Judicial del Senado donde ayer precisamente vieron la luz casi 2.000 páginas sobre las entrevistas que el hijo mayor del presidente mantuvo sobre su reunión con una abogada rusa en la Torre Trump, antes de las elecciones de 2016. Una de las confesiones más sorprendentes fue que Donald Trump Jr. no recuerda si habló con su padre sobre el Rusiagate.

Los documentos del comité revelan que el primogénito del mandatario desvió varias preguntas sobre la trama que investiga la injerencia, no solo la referente a su falta de memoria sobre los datos que pudo haber compartido con su padre, sino también sobre las cuestiones que el republicano conocía o no del encuentro con la letrada rusa. Aquel 9 de junio del 2016, Trump Jr. esperaba recibir información perjudicial contra Clinton porque así se lo habían hecho saber en los primeros contactos. «Es información sensible pero es parte de Rusia y del apoyo de su gobierno al Señor Trump», se le dijo en un correo electrónico. En cuestión de minutos, el hijo del presidente respondió: «Si se trata de lo que dice, me encanta, especialmente para el verano», escribió en referencia al arranque de la campaña presidencial.

El encuentro en el edificio de la Quinta Avenida lleva meses siendo analizado por el fiscal especial de la trama, Robert Mueller, quien hoy cumple un año al frente de las pesquisas que investigan la injerencia del Kremlin.

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