La UE trata de salvar el pacto nuclear con Irán tras el boicot estadounidense

Los Veintiocho buscan una fórmula para esquivar las sanciones a sus empresas


Bruselas / corresponsal

La Unión Europea se encuentra entre la espada y la pared. La decisión unilateral de Donald Trump de abandonar el acuerdo nuclear con Irán ha abierto una enorme brecha diplomática entre los dos socios atlánticos. En las cancillerías europeas se extiende el malestar con EE.UU. y los funcionarios apuran los planes para tratar de mantener a flote el pacto.

Bruselas también trata de mover ficha y coordinar los esfuerzos a contrarreloj. Ayer fue el turno de la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, quien mantuvo un encuentro con el ministro de Exteriores iraní, Mohamad Javad Zarif. El canciller exigió a la UE garantías de que los europeos cumplirán con sus compromisos y mantendrán levantadas las sanciones mientras Teherán avanza en sus objetivos de desnuclearización. Y eso fue lo que hizo el propio presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Aseguró que «sin ninguna duda, mientras Irán respete las provisiones del acuerdo, la UE también lo respetará».

Los ministros de Exteriores del E3 (Reino Unido, Francia y Alemania) trasladaron el mismo mensaje en persona a su homólogo iraní, pero su Gobierno tiene dudas. Y es que sobre la UE pende la espada de Damocles: Estados Unidos le ha dado un plazo de 90 a 180 días a las empresas europeas para retirarse de Irán y romper sus lazos comerciales so pena de sanciones. El margen de maniobra es casi inexistente. Bruselas sigue buscando una fórmula que le permita esquivar las sanciones y cumplir con el pacto de forma simultánea. «No estamos en una situación de pánico, pero no hay una opción mágica que podamos aplicar», asegura un alto funcionario de la UE.

En las capitales europeas y en la Comisión tantean posibles alternativas. Algunas de las medidas más realistas se presentarán hoy a los líderes de los Veintisiete durante una cena informal en Sofía (Bulgaria). A pesar de la expectación, los funcionarios europeos rebajan el optimismo y piden a sus socios iraníes que no se hagan ilusiones. La capacidad de presionar a la Administración Trump sin dañar a los intereses económicos de la UE es limitada. «No hay apetito de tomar represalias contra EE.UU.», admiten. Para evitar dar el paso hacia una guerra comercial, el ministro británico Boris Johnson instó ayer a Washington a «evitar cualquier acción que pueda prevenir a las partes que permanecen en el acuerdo de cumplir con sus compromisos». En otras palabras, que excluyan a las empresas europeas de las sanciones. ¿Tomará alguna decisión la UE? No, por el momento. Sí se baraja la posibilidad de permitir al Banco Europea de Inversiones (BEI) que invierta directamente en Irán o poner en marcha líneas de crédito europeas movilizadas desde los Estados miembros para proteger a las empresas en el país. La opción del «estatuto de bloqueo» pierde fuerza. Instar a las empresas europeas a ignorar las sanciones estadounidenses podría acabar en litigios legales o en congelación de activos. No se excluye presentar una denuncia ante la OMC.

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