Dejad que los niños se descalcen más

EL QUE TIENE CABEZA USA LOS PIES Ir sin zapatos potencia el equilibrio, el aprendizaje y la creatividad, y hasta es más seguro para el niño. Los expertos apuntan, con matices, que andar descalzos por el parque, por la playa o en casa es saludable si el tiempo es favorable. ¿La inteligencia empieza por los pies?


Cuando has dejado atrás el parque de atracciones de Pin y Pon, te conviertes en un padre girando en la noria del quita y pon. «Que te quitas el zapato, pues ya te lo pongo yo». Pero los pequeños tienen una gran noción de la naturalidad y no dan el pie a torcer tan fácilmente como papá y mamá. ¿Arena a la vista? ¡Fuera zapatos! ¿Parque con caucho o jardín de verdad? Pues también. Los niños suelen aprovechar la primera ocasión para descalzarse, «como exploradores natos que son», apunta la psicóloga Alejandra Dotor. Pero hay padres «calzones» que sucumbimos a la presión de los catálogos, del qué dirán, de las máximas de esa enciclopedia en zapatillas que prescribe la costumbre en cada hogar: «No te descalces, ¡que te constipas!».

«No hay nada malo en que los niños se muevan descalzos si la temperatura es adecuada. Tiene beneficios. ¡Cuanto más descalzos mejor!», asegura a YES el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor del bestseller El cerebro del niño explicado a los padres, que endulza la crianza con «golosinas educativas» en red. Aplica el sentido común y descarta zonas húmedas, «o lugares donde puede haber cristales, pero ahora que llega el verano ir descalzo es un hábito beneficioso». ¿Por qué? «Desde que es pequeño, ayuda al niño a adquirir los patrones de marcha, fuerza y equilibrio. Pero incluso antes es beneficioso; desde que es bebé, el niño tiene más sensibilidad en los pies que en las manos, y esta mayor sensibilidad permite al bebé que mueve los pies con libertad, que acaricia los bordes de su cuna, la tripa de su mamá o que se chupa los pies obtener más inputs de su entorno», afirma Bilbao. «Los niños que tienen menos de un año no necesitan zapatos para nada», asegura. «No es que no necesiten zapatos, es que no les favorecen, no les permiten estimularse y desarrollar su anatomía», refuerza Dotor.

¿Ir descalzos ayuda a caminar y pensar? «Tocar diferentes texturas con el pie redunda en el cerebro e implica un mayor desarrollo intelectual», afirma Bilbao. «La comodidad y la libertad de movimiento que les da estar descalzos, esa capacidad propioceptiva, desde que nacen hasta los 8 meses es mayor a través de los pies. Las texturas, la temperatura, el contacto con el mundo y el autoconcepto se trabajan de pequeños con los pies, que tienen muchas terminaciones nerviosas», apunta Alejandra Dotor.

EL MATIZ DEL PODÓLOGO

Pero el asfalto, las calles de la ciudad, piden zapato. Lo que hay que valorar, según los expertos, son, a priori, dos aspectos básicos: a) que el suelo esté más o menos limpio y b) si hay cristales o elementos que puedan ser infecciosos para el niño. El Colegio de Podólogos de Galicia concuerda en que los niños no necesitan zapatos antes de andar. Es más, «está contraindicado. Estar descalzo es una manera de fortalecer la musculatura, una forma de exploración sensorial y una preparación para la fase de marcha. Incluso chuparse el dedo del pie es buen ejercicio. Cuando aún no anda, lo único que tenemos que hacer con los pies del niño es cuidarnos de protegerlos frente a las inclemencias meteorológicas», afirma su presidente, Borja Pérez. «Pero una vez que el niño empieza a caminar por la calle, ir descalzos es recomendable con matices -subraya-. No es algo bueno por sistema. La evolución ha hecho que necesitemos la contención y amortiguación de un zapato adecuado, de corte y material flexible y blandito, con contrafuerte y enfranque reforzados».

La inteligencia tiene pies. Y andar por casa descalzo, si la temperatura es óptima, hasta terapéutico. «En casa es recomendable estar descalzos dos horas al día», dice Borja Pérez estableciendo una medida. Un cuerpo «libre de ataduras», reivindica empezando por los pies Alejandra Dotor, que incluso anima a descalzarse cuando hemos dejado atrás la infancia. «Es nuestro estado natural, solo que un niño pequeño lo tiene reciente, porque viene de estar en líquido amniótico y lo siente necesario». Hay estudios que demuestran que descalzarse puede aumentar los niveles de creatividad en los adultos, sostiene Bilbao. ¿Revisamos el dress code? ¡Andando!

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