Las dos Coreas intentan suturar las dudas sobre la desnuclearización

El surcoreano Moon cruzó el paralelo 38 para impulsar la cumbre de Kim con Trump


Pekín E. La Voz

Con sigilo y gran rapidez Moon Jae-in y Kim Jong-un volvieron a verse las caras un mes después de la histórica cumbre con la que levantaron esperanzas de paz en la región. Después de una semana de sobresaltos y cruces de amenazas, con un anuncio de cancelación de la cumbre entre Kim y Trump en Singapur, los líderes de las dos Coreas dejaron claro que no hay nadie más interesado que ellos en mantener las negociaciones.

El presidente surcoreano fue esta vez quien cruzó hacia el norte de la frontera que divide los dos territorios, el paralelo 38, para reunirse durante dos horas con Kim Jong-un. Entre las tres y las cinco de la tarde, «los dos líderes intercambiaron opiniones amistosamente de cara a implementar la declaración de Panmunjom del 27 de abril y para lograr que se celebre con éxito una cumbre entre Corea del Norte y Estados Unidos», explicó en escueto comunicado el portavoz presidencial, Yoon Young-chan.

Los detalles de este significativo encuentro los hará públicos este domingo el presidente surcoreano, Moon Jae-in. En las imágenes que difundieron fuentes surcoreanas se ve a los dos líderes estrechándose la mano mientras sonríen, sentados en una mesa junto a sus hombres de confianza e incluso dándose un abrazo. La primera en recibir al presidente de Corea del Sur al bajarse del coche oficial fue Kim Yo-jong, la hermana del joven dictador y encargada de cuidar su imagen.

Templando ánimos

Esta cita se produjo solo dos días después de que Donald Trump anunciara que cancelaba la cumbre de Singapur prevista para el día 12 de junio, decisión que puso en duda solo 24 horas después. Ante la incertidumbre y los sobresaltos, la diplomacia ha acelerado sus contactos para salvar un encuentro clave para los intereses de todos los implicados.

Algunos expertos atribuyen la decisión repentina de Trump de suspender la cita de Singapur por su inexperiencia al tratar asuntos norcoreanos. En los últimos días, Piongyang había amenazado con cancelar la cumbre había condenado las palabras del asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, y del vicepresidente, Mike Pence, quienes apoyaron el modelo de desnuclearización de Libia, una desnuclearización de golpe que acabó con la caída del régimen de Gadafi.

Sin embargo, Trump rectificó el pasado viernes dejando la puerta abierta a que la cumbre se celebre. «Estamos hablando con ellos ahora. Fue un comunicado muy amable el que sacaron. Veremos lo que ocurre», afirmó.

Respuesta de EE.UU.

Este sábado, el presidente estadounidense respondió a quienes aseguran existen sustanciales diferencias entre John Bolton y Mike Pompeo por la estrategia de negociación con Piongyang. «No hay ningún descuerdo en la administración Trump sobre cómo negociar con Corea del Norte... y si lo hubiera, no importaría», destacó Trump.

Casi de forma simultánea, la Casa Blanca anunció este que una delegación estadounidense viajará a Singapur estos días para continuar con los preparativos de esa cita histórica el 12 de junio. «El equipo de preparativos de la Casa Blanca para Singapur se irá (ahí) según lo programado para prepararse en caso de que tenga lugar la cumbre», señaló a los periodistas la portavoz de la oficina presidencial, Sarah Huckabee Sanders.

Guerra de nervios en la frontera

La abrupta decisión de suspender la cumbre con Kim Jong-un evidenció las dificultades de Trump para sacar adelante una ambiciosa apuesta en la que ha invertido parte de su legado y que ahora pende de un hilo. Dos meses y medio después de sorprender a muchos de sus asesores al aceptar de inmediato una oferta de reunión con Kim, Trump dejó perplejos a sus aliados al cancelar precipitadamente una histórica cita que tenía al mundo en vilo.

A primera vista, su carta a Kim era una impulsiva reacción a un comunicado en el que Piongyang insultaba al vicepresidente Mike Pence y amenazaba con una confrontación nuclear.

La Casa Blanca se apresuró a explicar que la tensión con Corea del Norte iba más allá, y que el diálogo para preparar la cumbre se había interrumpido desde que los negociadores norcoreanos dejaron plantados a los estadounidenses en una reunión la semana pasada.

En público, Trump había alimentado las esperanzas de un acuerdo histórico y se había regodeado en la expectativa de un Nobel de la Paz, pero no todos sus asesores estaban convencidos de la jugada.

Trump canceló la cumbre porque interpretó el hostil comunicado de Piongyang como una señal de que Kim podía estar preparándose para anular la cita, y resolvió adelantarse al líder norcoreano para evitar una posible humillación.

Esa decisión fue un triunfo para el asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, un halcón militarista que empezó a trabajar en la Casa Blanca en abril y veía la cumbre con escepticismo. La guerra de nervios sigue.

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