El PNV sentencia a Rajoy y hace presidente a Sánchez con apoyo de los independentistas

El socialista, que gobernará con los Presupuestos del PP, no se compromete a convocar elecciones

Saludo de Mariano Rajoy tras llegar al Congreso, donde se debatió la moción de censura contra su Gobierno
Saludo de Mariano Rajoy tras llegar al Congreso, donde se debatió la moción de censura contra su Gobierno

Madrid / la voz

El PNV sentencia a Mariano Rajoy y hace presidente a Pedro Sánchez. Menos de dos años después de haber tenido que dimitir como secretario general del PSOE y de renunciar a su escaño en el Congreso, el líder socialista se convertirá hoy en el primer jefe del Gobierno de España que accede al cargo a través de una moción de censura y sin haber ganado nunca unas elecciones. Los nacionalistas vascos, cuyos cinco votos resultaban decisivos, optaron finalmente por provocar la destitución del jefe del Ejecutivo a pesar de que hace una semana votaron a favor de los Presupuestos Generales del Estado. Solo una dimisión de Rajoy antes de la votación de hoy podría impedir que Sánchez se convierta en presidente gracias a los votos del PSOE, Unidos Podemos, Compromís, PNV, EH Bildu y los independentistas catalanes de ERC y PDECat, que suman 180 escaños, cuatro más de la mayoría de 176 requerida, aunque tendrá muchas dificultades para gobernar con estabilidad.

Pese a que el propio Sánchez le invitó durante el debate a dimitir para evitar acabar censurado por el Congreso, y a la propuesta de miembros de su propio grupo para que renunciara, lo que habría supuesto que el PP mantuviera el Gobierno en funciones hasta que se invistiera a un nuevo presidente, Rajoy no quiso hacerlo. Una vez constatada su derrota, se ausentó del Congreso y ni siquiera escuchó la intervención del portavoz del PNV, Aitor Esteban, que apuntalaba su sentencia.

 

Un cadáver que volvió a resucitar

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Hace algo más de un año y medio, Pedro Sánchez (Madrid, 1972) era un cadáver político. Ahora es el hombre que ha hecho caer a Mariano Rajoy y será, si todo marcha según lo previsto, el próximo presidente del Gobierno. No le ha importado llegar a la Moncloa con el apoyo de los populistas de Unidos Podemos y los independentistas catalanes, a los que previamente había dedicado gruesas descalificaciones, porque, para él, la marcha de Rajoy era su prioridad y lo ha logrado aprovechando la demoledora sentencia del caso Gürtel.

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Conmoción en el PP

La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, explicó luego que la dimisión habría sido inútil porque «la aritmética hace que vayamos a tener un Gobierno apoyado por partidos radicales e independentistas». El resultado de la sesión supuso una conmoción para el PP, que a un año de las elecciones municipales y autonómicas se queda sin Gobierno y lo fía todo a que Sánchez se desgaste gobernando entre las presiones de Podemos y las de los independentistas.

El PNV justificó su decisión en la «ética» y en la inestabilidad que auguraba un horizonte «de mociones de censura incesantes», aunque admitió que, «si esto ya era un hervidero, se va a convertir en un pimpampum constante». «No le arriendo la ganancia», le dijo Esteban a Sánchez tras anunciarle su apoyo. Para lograr el voto de grupos con intereses muy distintos, Sánchez hizo concesiones para todos. La principal, y la que le permitió sumar el voto del PNV, es su compromiso -«por responsabilidad de Estado», dijo- de mantener los Presupuestos del PP, contra los que el PSOE votó hace solo una semana. Algo que garantizaría a los nacionalistas vascos los 540 millones de euros de inversiones arrancados al Gobierno popular en las cuentas públicas, siempre que el PP no vete sus propios Presupuestos en el Senado, y aleja la convocatoria de unas elecciones que los nacionalistas no quieren. Tras agradecer su apoyo a la moción, Sánchez se comprometió a que el PNV sea su «socio preferente para eventuales cambios legislativos».

Mariano Rajoy, algo más que un gallego impasible

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«¡Esto es intolerable!». Mariano Rajoy salió de su habitación en el parador de Pontevedra con La Voz de Galicia en sus manos, abierta y doblada por la página en la que estaba una de las noticias bomba de la campaña de las autonómicas gallegas del 2009. El BNG, que en aquel momento compartía poder con el PSOE en la Xunta, había desviado un autobús lleno de jubilados que iban de excursión a Portugal hacia un mitin que los nacionalistas celebraban en el hotel Glasgow, de Oia. Aquel día Rajoy cambió su agenda de campaña. Llamó a Rafael Louzán, y en cuestión de un par de horas le organizó un mitin donde no había ni un sitio libre, en el mismo hotel donde el Bloque había perpetrado su polémico acto electoral el día anterior. Sabía dónde y cómo hacer daño, con una intuición innata para reconocer los momentos álgidos. Quizás por eso se especializó en dirigir las campañas electorales del PP.

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Ofrece diálogo a Torra

A los independentistas catalanes, el líder del PSOE les ofreció «sentar las bases para iniciar el diálogo entre el Gobierno de España y el nuevo Govern de la Generalitat» presidido por Joaquim Torra, al que hace una semana tachó de «racista». Un diálogo para el que no puso límites y cuyo objetivo es «restablecer los puentes rotos» sin «alimentar retóricas excluyentes» y «encontrar una solución política a una crisis que es política». En esa misma línea, afirmó también que «España es una nación y dentro hay territorios que se sienten nación».

En un duro pero respetuoso debate con Rajoy, Sánchez justificó la presentación de la moción de censura «por higiene democrática» ante los hechos «gravísimos» que describe la sentencia del caso Gürtel, que condena al PP como participe a título lucrativo de la trama corrupta y cuestiona la credibilidad del propio Rajoy. Ante ello, dijo, el líder del PP no podía seguir «ni un minuto más como presidente» porque ello «debilitaría la democracia». Pero dejó claro que su intención, si hoy consigue ser presidente, es gobernar, y no limitarse a convocar unas elecciones. Entre los objetivos que se marcó están derogar los artículos «más regresivos» de la ley mordaza, devolver la universalidad a la sanidad, «defender el prestigio de las instituciones gravemente dañadas por la sentencia del caso Gürtel» o una ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres. 

Rajoy niega la corrupción

Antes de resignarse, Rajoy acusó reiteradamente a su oponente de mentir y de haber presentado una moción de censura para buscar un «atajo», porque «nunca va a ganar unas elecciones». Negó que ningún miembro del Gobierno o del propio PP hayan sido condenados por corrupción y reprochó a Sánchez los casos que afectan al PSOE. «Cuando llegue la sentencia de los ERE, ¿se van a poner ustedes una sentencia a sí mismos?», le preguntó. El líder popular destacó la inconcreción del programa del «Gobierno Frankenstein» presentado por Sánchez, con el que, según dijo, puede llevar a España «al abismo». Destacó también la incoherencia de pretender mantener los Presupuestos presentados por el PP y gobernar a la vez con el apoyo de grupos populistas como Unidos Podemos.

La aritmética de la moción de censura dejó descolocado a Ciudadanos. Su líder, Albert Rivera, tuvo un duro cara a cara con Pedro Sánchez, aunque se esforzó en marcar distancias con Rajoy, al que invitó a dimitir en varias ocasiones antes de que se forme un Gobierno apoyado por independentistas. El líder de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, garantizó su apoyo a Sánchez, pero le advirtió que debe presentar un programa de Gobierno progresista y no limitarse a gestionar los Presupuestos del PP.

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