EE.UU., dispuesto a ofrecer a Kim un pacto de seguridad sin precedentes

Oficiales de ambos países ultimaron un encuentro histórico e impredecible


Pekín / E. La Voz

El principal asunto sobre la mesa cuando Donald Trump y Kim Jong-un se miren frente a frente hoy seguirá siendo el desarme nuclear de Corea del Norte, aunque el tono de las exigencias no será el mismo. Por primera vez desde el inicio de la distensión, Washington ofrece algo a cambio en forma de pacto de seguridad, según explicó ayer el secretario de Estado norteamericano. «Estamos preparados para ofrecer garantías de seguridad que son diferentes, únicas, a lo que EE.UU. ha hecho en el pasado», aseguró Mike Pompeo en una comparecencia de prensa sin especificar a qué medidas de seguridad se refiere. Piongyang ha mostrado su malestar en repetidas ocasiones por la presencia de tropas estadounidenses en Corea del Sur. El jefe del Pentágono, James Mattis, apuntó que la posible retirada de las tropas desplegadas en la península de Corea ya no supone «una línea roja».

La Casa Blanca informó de que Trump y Kim iniciarán su encuentro a las 9.00 hora local (las 3.00, en España) sin asesores, solo con sus respectivos traductores, lo que hace la cita aún más impredecible. Trump ya alardeó de que no necesitaba prepararse para esta cita porque le bastaba con su instinto para saber las intenciones de su par norcoreano. Once horas después, tiene previsto abandonar Singapur.

La gran pregunta es si de esta cita saldrá una hoja de ruta con pasos concretos o si se quedará simplemente en una foto y un propósito de buenas intenciones. En este sentido, Pompeo quiso rebajar las expectativas y dijo que es «muy optimista» sobre el éxito de la cumbre pero que será solo el inicio de un largo proceso. «Estas conversaciones establecerá un marco para el difícil trabajo que vendrá después», afirmó. La Administración Trump ha insistido en su exigencia irrenunciable de alcanzar una desnuclearización «completa, verificable e irreversible», aunque en los últimos días ha abierto la puerta a un proceso de desarme nuclear «por fases». 

Una larga desnuclearización

Según estiman los analistas, la desnuclearización completa de Piongyang, en el que caso de que se alcance un acuerdo, sería compleja y difícil de verificar. El régimen comunista esconde con recelo su arsenal armamentístico y se desconoce cuantos centros de fabricación y de pruebas alberga. La labor de verificación podría durar más de una década, según los expertos.

La prensa norcoreana sorprendía ayer publicando una extensa información sobre el viaje de su mariscal Kim Jong-un a Singapur para la cumbre con Trump. Los medios oficiales hablaban de «una nueva era de cambios» en las relaciones de EE.UU. y Corea del Norte, al tiempo que señalaban los temas de la cumbre como «la construcción de una paz permanente» y «la implementación de la desnuclearización en la península coreana».

Sin duda, el método y los plazos del desarme del régimen de Piongyang son sin duda el principal escollo de las negociaciones. Kim Jong-un ha mostrado su disposición a abandonar sus armas nucleares durante la cumbre que las dos Coreas celebraron el 27 de abril en su frontera, pero no quiere que se le imponga de forma unilateral y defiende un desarme progresivo.

Trump no puede permitirse otro fracaso después del G7

B. Bredesen.

Donald Trump y Kim Jong-un aún no se han visto las caras, pero los analistas ya tienen claro que, ocurra lo que ocurra hoy en Singapur, las dos partes se proclamarán victoriosas de cualquier eventual acuerdo. «Aunque no alcancen un acuerdo, seguiría siendo un buen resultado si al menos acceden a reunirse de nuevo y a mantener una atmósfera positiva» entre los dos, asegura Kim Duyeon, analista de Korean Peninsula Future Forum de Seúl. Sin embargo, Trump está sometido a fuertes presiones, que abogan porque haga uso de sus presuntas dotes de gran negociador. Sobre todo, porque tras el fiasco de la cumbre del G7, no puede permitirse un nuevo fracaso. «Trump ya ha roto toda la ortodoxia diplomática convencional, así que no deberíamos esperar que fuera -o intentara convertirse- en un típico líder negociador de un acuerdo nuclear», señala la analista.

«Kim Jong-un está mucho más preparado para esta cumbre que el presidente Trump. Será un hábil negociador e intentará lograr sus máximas demandas al tiempo que mantiene sus armas nucleares el máximo tiempo posible», añade. Solo el hecho de poder reunirse cara a cara con un presidente estadounidense supone una victoria en sí misma, una hazaña que ningún otro líder norcoreano ha conseguido antes.

El «momento definitorio» podría ser simplemente «un apretón de manos con el líder de la nación más poderosa del mundo en condiciones de igualdad», apunta Hoo Chiew-Ping, experto en Corea del Norte de la Universidad Nacional de Malasia.

El mejor acuerdo para Trump sería, opina Hoo, que Kim acceda a permitir a científicos e inspectores nucleares del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) visitar las instalaciones atómicas de Yongbyon en Corea del Norte.

Pero para lograrlo, Estados Unidos tendría probablemente que hacer concesiones sustanciales y no está claro hasta qué punto Trump será capaz de ceder en las negociaciones.

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