Rajoy deja el Congreso después de 32 años

El expresidente renuncia al escaño dos semanas después de perder la moción de censura y deja la política para solicitar su reincorporación al cuerpo de registradores de la propiedad

Rajoy saluda a los diputados del PP en su despedida del Congreso el pasado día 31
Rajoy saluda a los diputados del PP en su despedida del Congreso el pasado día 31

madrid / la voz

Mariano Rajoy se retira definitivamente de la primera línea política. Lo había avanzado en su discurso de hace dos semanas pronunciado en Génova ante la cúpula del PP, cuando al fin logró digerir el resultado de la moción de censura que lo desbancó del poder y decidió que era el momento de abandonar también la dirección del partido. Entonces quedó en el aire qué pasaría con su acta de diputado, pero ayer despejó todas las dudas. Según oficializaron los servicios de prensa del PP, Rajoy presentó en el Congreso la renuncia a su acta de diputado por Madrid. A partir de ahora ocupará su escaño Valentina Martínez Ferro.

Rajoy solicitará el regreso a su plaza como registrador de la propiedad en la localidad alicantina de Santa Pola, que abandonó hace más de tres décadas para dedicarse en exclusiva a la política como diputado nacional por la circunscripción electoral de Pontevedra. Desde entonces ha ocupado un asiento en el Congreso de manera ininterrumpida. Hasta el año 2004 en representación de los votantes gallegos, pero cuando se convirtió en presidente del PP, empezó a encabezar la lista por Madrid.

Sin aforamiento

Con esta renuncia, el expresidente pierde su condición de aforado, una protección jurídica que podría recuperar en caso de que mostrase intención de pasar a formar parte del Consejo de Estado, un organismo que tiene como principal función asesorar al Gobierno y del que forman parte varios integrantes de otros Ejecutivos del pasado. De momento no entra en sus planes, según apuntaron fuentes de la dirección del partido.

La última misión de responsabilidad política de Rajoy será pilotar la transición al frente del PP, que como él mismo reconoció en un par de ocasiones, confía en que se haga de forma ordenada y pacífica, para no debilitar al partido. Por ello, no tomará parte a favor de ninguna de las candidaturas que puedan concurrir, ni tampoco modificará la estructura dentro de la formación popular, ni el organigrama en Génova ni su composición en el Congreso, dos aspectos sobre los que se especuló, por si decidía impulsar a su exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que tras la pérdida del Gobierno se ha quedado como diputada rasa.

A partir del próximo 20 y 21 de julio, fechas en las que se celebrará en Madrid el congreso extraordinario del que saldrá su sucesor, Rajoy se convertirá en un militante de base. «Esto es mi vida y quiero que siga siéndolo. No voy a dejar el carné que me ha acompañado siempre. Y allí donde me encuentre, seguiré con vosotros en la senda que el partido transite», apuntó en su despedida.

La verdad es que resulta difícil imaginárselo volviendo a pegar carteles por las calles de Sanxenxo, una de las anécdotas que siempre sacaba a relucir presumiendo de su dilatada y variada trayectoria dentro de la formación de centroderecha, desde la base hasta la dirección. Sin embargo, en su adiós ya se mostró dispuesto a aconsejar a todo el que requiera su ayuda: «Desde el primer momento, a la orden de quien elijáis. Y a la orden es a la orden. Y con la lealtad que mi conciencia y mis cuarenta años aquí me exigen», dijo entre aplausos, avanzando que su rol como expresidente sería muy distinto al de su antecesor, José María Aznar, en una constante búsqueda de protagonismo.

Además de estas tareas informales de asesoramiento, todo apunta a que su figura se quedará reducida a la aparición en algún mitin de campaña, probablemente en Galicia y en Madrid, sus dos plazas favoritas, con la intención de enganchar el voto de algún nostálgico.

Despedida discreta

Como muestra de ese discreto papel que está dispuesto a desempeñar en el futuro, Rajoy dejó en manos de su partido el anuncio de su renuncia al escaño. Ayer no hizo ninguna declaración oficial. Ni siquiera a través de sus perfiles en Internet, en donde se limitó a desear suerte a la selección española de fútbol.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, uno de los nombres que suena con más fuerza para su relevo al frente del PP, se despidió a través del siguiente mensaje en Twitter: «Con el adiós de Mariano Rajoy, el Congreso pierde a un brillante diputado, a uno de los grandes protagonistas del parlamentarismo y de la democracia española y a un actor principal de la modernización de nuestro país».

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Casi cuatro décadas después de abandonar su profesión de registrador de la propiedad en favor de la política, Rajoy solicitará su reincorporación a este cuerpo de profesionales dependiente del Ministerio de Justicia.

¿A qué se dedica un registrador de la propiedad?

Según el Colegio de Registradores de España, «el Registro de la Propiedad tiene por objeto la inscripción o anotación de los actos y contratos relativos al dominio y demás derechos reales sobre bienes inmuebles. Las expresadas inscripciones o anotaciones se harán en el registro, en cuya circunscripción territorial radiquen los inmuebles». Son como una especie de notarios que certifican y dan validez a este tipo de compraventas. Cada zona del territorio español está adscrita a un determinado registro, donde es necesario acudir para que quede registrada la operación.

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