«No más esclavos en el campo»

Huelga por un trato digno de cientos de jornaleros africanos en la Italia de Salvini


Roma / corresponsal

Los 16 muertos que dejan los accidentes de dos furgonetas en Foggia que transportaban jornaleros inmigrantes han destapado la explotación que sufren cientos de extranjeros por las llamadas agromafias en el sur de Italia. «No somos esclavos, no a la explotación», gritaron el centenar de trabajadores, en su mayoría africanos, que ayer desfilaron desde el campamento de Rignano hasta la sede del gobierno local de Foggia (Apulia) en la marcha de las «gorras rojas» organizada por la Unión Sindical de Base (USB). La huelga siguió por la tarde con otra manifestación, esta vez convocada por los sindicatos mayoritarios. «Esta es nuestra batalla, la protección de los trabajadores y la reivindicación de sus derechos, negados tanto en Apulia o Calabria (sur) como en Piamonte (norte) o el Lacio (centro)», defendió el líder de USB, Aboubakar Soumahoro.

Un día antes, durante su visita a Foggia, el ministro del Interior, Matteo Salvini, anunció su intención de «vaciar los guetos» de los jornaleros inmigrantes y luchar contra las mafias que los explotan. Para ello, abogó por una ley para regular el trabajo en el campo, porque «una inmigración descontrolada ayuda a la mafia». Lo que el ultraderechista no dijo es que muchos de los jornaleros, como siete de los fallecidos el lunes, tienen sus papeles en regla e incluso proceden de países europeos como Polonia o Bulgaria, y cuentan con un contrato regular. La realidad en que están es terrible: hacinados en campos-gueto, con jornadas laborales de 8 a 12 horas para recoger tomate a mano y con una paga de 20 a 30 euros diarios. Es la práctica prohibida del Caporalato a manos de capataces de cuadrillas de jornaleros que imponen condiciones infrahumanas, con salarios ínfimos, de los que descuentan los alojamientos en barracas y el transporte en furgonetas como las accidentadas.

Para justificar la situación, Salvini arremetió contra la política comercial de la UE: «Si la agricultura italiana no fuera obligada a seguir la competencia desleal de otros productores, probablemente tendríamos fenómenos reducidos de ilegalidad» aseguró, para insistir en que «si Europa no nos obligara a seguir la importación forzada de tomates tunecinos, naranjas marroquíes, arroz birmano, grano canadiense o leche en polvo de la otra parte del mundo, para nuestros agricultores probablemente vivir y sobrevivir sería más simple».

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