PP y C's acusan a Sánchez de tibieza y le exigen una réplica contundente a Torra

Rivera insta al presidente a poner en marcha ya una nueva aplicación del artículo 155


madrid / la voz

Las declaraciones del presidente de la Generalitat, Quim Torra, en las que se mostraba dispuesto a «atacar» al Estado español continúan coleando en la política nacional. La reacción ofrecida desde el Gobierno por parte de su vicepresidenta, Carmen Calvo, tratando de rebajar tensiones, no ha convencido ni a Ciudadanos ni al PP, que la ven como un intento de templar gaitas, por lo que ayer salieron a exigir una mayor contundencia contra los mensajes separatistas.

Albert Rivera instó al Ejecutivo a «tomar medidas» presentando un requerimiento formal ante el presidente autonómico, el primero de los requisitos legales para la aplicación del artículo 155 de la Constitución. «Es evidente que hay que requerir a Torra que acate la legalidad. Le agradezco la sinceridad porque creo que es evidente que quieren atacar al Estado español, lo que le pediría a Sánchez es que no se equivoque de aliados porque los adversarios políticos son los nacionalistas», declaró Rivera en una entrevista en la Cope, en la que mostró su preocupación porque Puigdemont, Gabriel Rufián o el propio Torra lideren partidos que ejercen de «árbitros» en el Congreso y «marquen la política nacional contra el Estado», algo que consideró todo un «sinsentido». Horas más tarde, su secretario general, José Manuel Villegas, insistía en la necesidad de trasladar de manera inmediata un requerimiento formal desde la Moncloa para que Torra se comprometa a acatar la Constitución. «Pedimos al señor Sánchez, formalmente, que actúe. Cada día que pasa hay una provocación más», lamentó.

Casado exige una respuesta

En el PP tampoco conciben que el Gobierno se quede de brazos cruzados. Su presidente, Pablo Casado, defendió ayer la necesidad de pasar a la acción y presionó a Sánchez para que «detalle ya la respuesta jurídica, administrativa o constitucional» que considere oportuna. El dirigente popular cree que las palabras de Torra merecen una respuesta contundente, ya que pueden servir de preámbulo de algo peor. «Los peores momentos de confrontación de la historia empiezan por frases», manifestó a la conclusión de un acto con las víctimas del accidente de Spanair. Casado no se mostró convencido de que en estos momentos se den las condiciones para desempolvar el 155, pero dejó claro que si Sánchez no logra responder al secesionismo mediante otras vías, su formación no tendría inconveniente en cederle su mayoría en el Senado para que el Gobierno logre aprobarlo.

«Política irresponsable»

Por su parte, en el Gobierno consideran que los dos principales líderes del centroderecha están llevando a cabo una «política irresponsable», lamentó Margarita Robles en una entrevista a Europa Press. La ministra de Defensa fue especialmente dura con Albert Rivera, al que acusó de «buscar un protagonismo que no tiene» en otras materias.

Ciudadanos busca fijar el foco en el avispero catalán

f. b.

El centroderecha utiliza el desafío secesionista para presionar a Pedro Sánchez

 El avispero catalán continúa siendo el gran punto caliente de la política española. Sin duda, es el preferido por C's, que no desaprovecha la oportunidad de apedrearlo cada vez que se pone a tiro. Allí nació y allí se fogueó como respuesta a los excesos del nacionalismo. Todavía contaba con pocos años de vida cuando detectó la posibilidad de dar el salto a Madrid y aprovecharse de la crisis del bipartidismo. Desde entonces, sus picos siempre han coincidido con las etapas más convulsas del desafío secesionista, hasta el punto de que tras la declaración de independencia se erigieron en las encuestas como la fuerza con mayor intención de voto. Rivera sabe que el viento les suele soplar a favor mientras el debate está en clave catalana, por lo que intentan fijar ahí el foco. Cuando se cambia de tercio tienen una cierta tendencia a desorientarse. Especialmente desde la llegada de Pablo Casado, que en estos dos meses en la cúspide del PP se muestra dispuesto a llevar de vuelta a Génova la bandera de España, arrebatada por los naranjas durante el tramo final del mandato de Rajoy.

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Los secesionistas preparan una nueva campaña de presión para la Diada y el 1-O

El independentismo lleva días calentando la manifestación de la Diada del próximo 11 de septiembre, que este año registra hasta la fecha menos inscritos que años anteriores (40.000, unos 10.000 menos que en el 2017). Los líderes secesionistas están llamando a la población a que se prepare para un «segundo momento republicano», similar a los hechos de octubre del año pasado, para que esta vez sí convierta a Cataluña en un Estado independiente. «Haremos la república», dijo ayer el vicepresidente de la Cámara catalana, Josep Costa, uno de los hombres de confianza de Quim Torra y Carles Puigdemont.

Las intenciones son claras. Lo que ya no lo es tanto es la estrategia. Ahí, JxCat y Esquerra, y por supuesto la CUP, que se mueve en parámetros muy distintos, vuelven a chocar. La unidad de acción brilla por su ausencia, una constante desde que el proceso secesionista arrancó en el 2012. Josep Costa, dirigente de JxCat, afirmó ayer que el despliegue de la república catalana debe realizarse en función de los impedimentos que vaya poniendo el Estado. Costa cree que hay que poner el foco en hasta dónde estará dispuesto a llegar el Estado para sofocar el desafío secesionista. Dicho de otra forma, el independentismo se prepara para volver a organizar un nuevo 1-O y forzar al Gobierno a impedir su celebración como único plan para avanzar en el camino hacia la secesión. «Haremos la república, pero la haremos dependiendo de cómo intenten impedirla», dijo.

Divisiones

Esta es la visión de JxCat. La de Esquerra la verbalizó días atrás el portavoz republicano en Madrid, Joan Tardá, que ahora pasa por ser el más moderado de los soberanistas y que se mostró partidario de negociar un referendo. Ambos partidos han tenido que bloquear el Parlamento catalán sin que puedan celebrarse plenos porque siguen sin ponerse de acuerdo sobre cómo se aplica la suspensión de los diputados procesados ordenada por el juez Llarena. Esa suspensión afecta a Puigdemont y JxCat se niega en rotundo. Tienen mes y medio para llegar a un punto de encuentro. Este es solo un ejemplo de la división que hay en el independentismo.

Desde el soberanismo, en cualquier caso, valoraron ayer el cambio de tono en el Gobierno respecto al anterior, tratando de rebajar la tensión, a pesar de la presión de PP y Ciudadanos.

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