Tsipras, el rebelde que capituló para vivir un día más

Ganó sus primeras elecciones con la promesa de romper con la UE y poner fin a la austeridad, en las del 2019 su triunfo pasa por convencer a los griegos de que el sacrificio valió la pena


Atenas / E. La Voz

Lo pintaban de bestia negra que venía a sembrar el caos en la Eurozona. Aprendió, por las malas, la lección, y ahora el antiguo radical es un reformista pragmático y responsable. Pero simplificar así las dos trepidantes legislaturas de Alexis Tsipras -la primera de tan solo ocho meses- no hace honor a la verdad. Después de que se plegara al rescate, muchos le consideran un cínico, dispuesto a todo por el poder. Otros defienden su versión: no rendirse a las demandas de los acreedores hubiera supuesto una catastrófica expulsión del euro; el compromiso, sin embargo, le permitió sobrevivir y emprender una carrera de fondo contra la austeridad.

Sea como fuere, el aplomo de Tsipras y su habilidad para definir la narrativa le han permitido capear más de un error de cálculo. Al menos hasta ahora. Con tan solo 152 diputados de 300, la coalición de la izquierdista Syriza con los nacionalistas Griegos Independientes atraviesa su mayoría más frágil. De cara a las elecciones del 2019, las encuestas dan la victoria, por más de 5 puntos, al centroderecha de Nueva Democracia. Pero Tsipras aún confía en poder cambiar las tornas.

EL FIN DEL RESCATE

¿El inicio de una nueva era? El 20 de agosto a medianoche, Grecia salió del programa de rescate, aunque no de la forma que Tsipras inicialmente había prometido. En el 2015, tras un pulso de seis meses con la troika, el Gobierno que pretendía romper con la austeridad se vio forzado a tragar con nuevas y draconianas medidas de ajuste. 

Desde entonces las cifras macroeconómicas han mejorado y el Eurogrupo incluso ha aprobado una reestructuración de la deuda (que supone el 180 % del PIB) como reconocimiento a los esfuerzos griegos. A partir de ahora se espera del país heleno que la financie por sí mismo recurriendo a los mercados.

Pero para la mayoría de los griegos esto no son sino palabras vacías. Las cuentas del país seguirán bajo estricta supervisión y para el año que viene se esperan más ajustes. Entretanto, un quinto de la población activa sigue en paro. Más de 550.000 griegos han emigrado y un cuarto de los niños viven en la pobreza. Desde su llegada al poder, Tsipras ha logrado implementar algunas medidas de alivio: los desempleados, por ejemplo, vuelven a tener acceso a la sanidad. Pero para salir reelegido habrá de mostrar con hechos que la recuperación es real.

DE REVOLUCIONARIO A REFORMISTA

Sin margen de maniobra. Tsipras comenzó su mandato en un precario equilibrio con el polo más radical de Syriza. Tras el referendo sobre el rescate, cuando dio su órdago por fracasado, se dedicó a soltar lastre. El primero en marchar fue el díscolo ministro de Finanzas Yanis Varufakis, que había sufrido el mayor desgaste hasta la fecha, y a quien Tsipras más tarde culparía de muchas de las dificultades de ese período.

El premier se había ganado el apoyo de amplios sectores de la población, y cuando el tercio más izquierdista y euroescéptico del partido se rebeló contra su aceptación de la austeridad, les dejó ir, consumando su giro hacia la socialdemocracia.

A continuación, convocó nuevos comicios antes de que los disidentes pudieran reagruparse. Varios ex-miembros del Gobierno, incluido Varufakis, fundarían más tarde nuevos partidos, que al igual que las protestas en la calle no volverían a pasar de lo simbólico.

Con las manos atadas en lo económico tras su aceptación del rescate, Tsipras ha logrado mantenerse algo más fiel a su ideología en lo social, instituyendo por ejemplo las parejas de hecho homosexuales, para escándalo de la influyente iglesia ortodoxa.

LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS

Un problema europeo. El número de migrantes devueltos a Turquía bajo el acuerdo firmado en el 2016 es ínfimo, pero ante la perspectiva de verse confinados a las islas griegas muchos han optado por otras rutas. Aun así, unas 60.000 personas permanecen atrapadas en Grecia. La situación en las islas es un polvorín: campos abarrotados que carecen de las condiciones de higiene más básicas, procedimientos de asilo interminables y desprotección precisamente para los casos más vulnerables.

Por si fuera poco, Grecia y Alemania acaban de cerrar un acuerdo que permite las devoluciones exprés (en un plazo de 48 horas) de los demandantes de asilo que hayan dejado sus huellas dactilares en el país heleno.

A cambio, Alemania desbloqueará varios miles de casos de reunificación familiar. Aun así, las devoluciones supondrán una carga añadida para unas infraestructuras que ya están colapsadas.

Tsipras por su parte enfoca la cuestión como una carrera de fondo: sostiene que el problema no va a desaparecer en un futuro cercano y es necesario persuadir al resto de Europa para diseñar una estrategia coordinada, a largo plazo.

LA ULTRADERECHA EN LAS CALLES

El nombre de la discordia. A pesar de mantenerse estable como tercera fuerza más votada, desde que comenzara el macrojuicio contra su cúpula por el asesinato del rapero Pavlos Fyssas, la formación ultraderechista Amanecer Dorado había mantenido un perfil bajo.

Este año, las multitudinarias manifestaciones nacionalistas contra el acuerdo con Macedonia -un nombre que Grecia reclama en exclusiva para su región norteña- la hicieron salir de su letargo. Elementos de extrema derecha quemaron un centro social de izquierdas y agredieron al alcalde de Tesalónica. Un diputado de Amanecer Dorado llegó a pedir desde el Parlamento que el Ejército diera un golpe de Estado y juzgara a Tsipras por alta traición. E incluso se han reanudado los ataques contra inmigrantes.

Antes de que acabe su legislatura, Tsipras necesita que el Parlamento refrende el trato con la república exyugoslava vecina. Una tarea ímproba que podría hacer caer a su Gobierno, en vista de la feroz oposición tanto en el hemiciclo como en las calles -donde, aliada con nacionalistas y conservadores, la ultraderecha está dictando las consignas-.

EL DESASTRE DEL SIGLO

Cruce de acusaciones. Tras capear un temporal tras otro, el «momento más duro de la legislatura», en palabras de Tsipras, tomó al Gobierno por sorpresa. El pasado 23 de julio, un incendio forestal causó la muerte de 96 personas al noreste de Atenas. Todo ocurrió tan rápido que no llegó a haber evacuación. El estupor inicial dio paso a la ira cuando el cúmulo de fallos de coordinación fue saliendo a la luz: con una adecuada prevención y un plan de emergencia para desalojar la zona, el número de víctimas hubiera sido mucho menor.

Con los diversos implicados acusándose unos a otros, el Gobierno en un principio rechazó que hubiera habido errores operativos. En medio del fuego cruzado, pronto tuvo que rectificar: Tsipras aceptó la renuncia del ministro de Protección Civil y destituyó a los jefes de Policía y Bomberos. Además, las autoridades han comenzado a derribar cercas y vallados ilegales -como los que dificultaron la huida de las víctimas en la localidad de Mati-. Tsipras ha superado, una vez más, el bache, aunque se prevé que en los próximos días remodele su gabinete para enfrentarse al otoño «caliente» que le espera.

La ficha

Datos personales. Alexis Tsipras nació en Atenas el 28 de julio de 1974, cuatro días tras la caída de la dictadura de los coroneles. Hijo de un contratista de obras públicas, se graduó como ingeniero civil, aunque apenas ha ejercido como tal. No está casado -algo inaudito en Grecia- con su pareja de toda la vida, Betty Batzianá. Tienen dos hijos, Pavlos y Orfeas Ernesto.

La trayectoria. Con tan solo 16 años fue portavoz del movimiento estudiantil contra la reforma educativa. Más tarde militó en un pequeño partido de izquierda radical del que acabaría surgiendo Syriza. En el 2008 se convirtió en presidente de la formación, que en las legislativas del año siguiente no alcanzaría aún ni el 5 % del voto. La crisis económica le propulsó a la victoria con mayoría en enero del 2015.

Sus desafíos. Parte como perdedor en las elecciones del 2019. Tras la salida del rescate, el primer ministro tratará de recuperar el terreno perdido, sobre todo en el ámbito social. Otro escollo antes de la cita con las urnas es la aprobación del tremenda.

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