La cumbre de Teherán termina sin acuerdos sobre el fin de la guerra siria

Erdogan no consiguió que Putin y Rohaní aceptarán instaurar una tregua en Idlib


Jerusalén / Colpisa

Hace tiempo que la guerra en Siria se decide en despachos alejados de Damasco y por eso el futuro de Idlib se discutió en Teherán. Allí los presidentes de Turquía, Rusia e Irán mostraron la diferencia de criterios sobre la última provincia que queda fuera del control del Gobierno de Bachar al Asad y acordaron «medidas concretas para una estabilización gradual» en la zona, en palabras de Vladimir Putin, sin especificar detalles. Los mandatarios adelantaron que volverán a reunirse en Moscú, sin fijar aún fecha, y aseguraron que no permitirán «agendas separatistas», una referencia directa al proyecto de los kurdos de Siria, que combaten bajo la protección de Estados Unidos y representan la mayor amenaza para Ankara.

La cumbre de Teherán no fue capaz de culminar en la tregua solicitada por Recep Tayyip Erdogan, quien defendió que «se necesita un alto el fuego en vez de bombardeos porque hay civiles que tienen miedo y no queremos una nueva ola de refugiados». Unos 2,9 millones de civiles viven en Idlib, según la ONU, que alertó de un desplazamiento forzado de 800.000 personas en caso de que estallen los combates. Los turcos, que durante los primeros años de la guerra contra el régimen sirio abrieron su frontera al paso de yihadistas de todo el mundo, acogen a 3,5 millones de personas y temen otra masiva llegada de sirios en caso de una ofensiva del Ejército de Al Asad y sus fuerzas aliadas. El anfitrión de la cumbre, el presidente de la república islámica, Hasán Rohaní, señaló, por su parte, que la ofensiva militar en Idlib es «parte inevitable de la misión para restaurar la paz y estabilidad en Siria» y erradicar «el terrorismo». Rusos e iraníes, principales aliados diplomáticos y militares de Al Asad, exigen que los grupos armados de la oposición entreguen las armas y en Idlib el más importante es el brazo sirio de Al Qaida. Al referirse a «estabilización gradual» parece que Putin hacía alusión a la posibilidad de alcanzar acuerdos con algunos de los grupos activos, con la excepción de «las entidades asociadas con Al Qaida o el Estado Islámico», según recogió el comunicado final.

«Areas sensibles»

Erdogan, que en este proceso es la cara de una oposición a la que apoya desde el 2011 con el objetivo de derrocar a Al Asad, quiso suavizar la determinación rusa e iraní de poner en marcha la ofensiva de forma inminente y desveló que está dispuesto a ofrecer ayuda para controlar «áreas sensibles» y trabajar para intentar alejar a «grupos terroristas» de las inmediaciones de la base rusa de Hmeymim, donde se han producido varios ataques con aviones no tripulados.

A falta de medidas específicas, el texto acordado ayer recogió declaraciones de buenas intenciones como el deseo continuar con los esfuerzos «destinados a proteger a los civiles y mejorar la situación humanitaria», y de favorecer «la creación de condiciones para el retorno seguro y voluntario de refugiados y desplazados internos», para lo que decidieron organizar una conferencia mundial.

El futuro de Siria está a miles de kilómetros y los ciudadanos son las fichas en un tablero en el que se juega una partida internacional donde cada potencia defiende sus propios intereses.

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