Austria propone a la UE hacer cribas de inmigrantes a bordo de los barcos

Los países africanos rechazan desplegar campos para contener los flujos hacia Europa

Inmigrantes en el puerto granadino de Motril tras ser rescatadas en el mar de Alborán
Inmigrantes en el puerto granadino de Motril tras ser rescatadas en el mar de Alborán

bruselas / corresponsal

Lo que hace tres meses era «efectivo» y «legal» hoy es «imposible». El comisario europeo de Migración, Dimitris Avramopoulos, reconoció ayer que la idea de desplegar plataformas o centros de acogida de inmigrantes en los países de tránsito del norte de África nació muerta. Ninguno está dispuesto a levantar campamentos en su territorio para aliviar la presión migratoria en Europa. Y así se lo hicieron saber ayer al griego durante el encuentro que mantuvieron los ministros del Interior europeos con sus homólogos africanos en Viena. «Es muy difícil que un país acepte ser el muro [contra la inmigración]. Todos los países tienen su dignidad y todavía parece que cuesta reconocer esto», explicó ayer el español Fernando Grande-Marlaska.

Ni Bruselas ni las cancillerías contaron con la voz y la opinión de sus vecinos africanos para elaborar la estrategia migratoria. La actitud arrogante y condescendiente de algunos de los ministros ayudó al fracaso de esta iniciativa difunta. «Nadie ha dicho que no, pero nadie ha dicho que sí y eso es lo que me hace ser un poco pesimista», admitía Avramopoulos tras el encuentro.

El jarro de agua fría no arrugó a la delegación austríaca, que ostenta la presidencia temporal de la Unión Europea. Su ministro del Interior, el ultraderechista del FPÖ, Herbert Kickl, quiere evitar a toda costa que los inmigrantes pongan un solo pie en territorio europeo y para frenar la llegada de demandantes de asilo propuso realizar cribas iniciales de inmigrantes a bordo de los barcos de rescate con el fin de detectar en primera instancia a quiénes podrían optar al asilo y a quiénes se les debería expulsar a «puertos y zonas seguras del Norte de África».

La iniciativa apenas se sostiene desde el punto de vista legal puesto que contraviene el derecho internacional a pedir protección internacional y a ser sometido a un proceso justo de evaluación con todas las garantías (asesoramiento legal, traductor y atención a las necesidades básicas). «Esto se puede hacer en unos días. La experiencia nos dice que la mayor parte, 90 de cada 100, no tienen derecho al asilo», insistió Kickl.

El ultranacionalista contó con el respaldo del xenófobo ministro italiano, Matteo Salvini. El líder de la Liga Norte siempre se ha mostrado a favor de mantener a los inmigrantes alejados de la costa y de cerrar los puertos europeos para evitar los desembarcos. «Es irónico. A mí un juez me acusó de secuestro por mantener a inmigrantes durante 10 días a bordo de un barco en un puerto italiano», subrayó Salvini con sorna.

«Mercenarios»

Al margen de los enfrentamientos y fracasos cosechados en la reunión ministerial de Viena, la batalla migratoria sigue encendida en las capitales. Las llamadas insistentes de la canciller Angela Merkel y el presidente francés, Emmanuel Macron, a los países ribereños para aceptar el despliegue de guardias europeos en sus fronteras fueron contestadas con fiereza y hostilidad desde Budapest.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, cargó contra el eje francoalemán. «En lugar de nuestros hijos, soldados y policía, para los que la patria es importante, enviarán mercenarios que nos dirán cómo hay que defender las fronteras. Y no nos hagamos ilusiones, dejarán entrar a los inmigrantes», aseguró el líder magiar dos días después de que la Eurocámara pidiese activar el procedimiento de suspensión de voto a Hungría por su deriva antidemocrática.

«Alors, merde!»: Luxemburgo se enfrenta a Salvini

El ministro Jean Asselborn
El ministro Jean Asselborn

La prueba del clima explosivo que se está viviendo en la UE a costa de la inmigración volvió a manifestarse ayer Viena. Los exabruptos, reproches y las palabras malintencionadas del ministro italiano del Interior, Matteo Salvini, colmaron la paciencia de su homólogo luxemburgués, Jean Asselborn, quien acabó perdiendo los nervios en plena intervención del ultra al que increpó por pasear sus discursos xenófobos ante la sala.

La actitud indecente de Salvini prendió la mecha. El líder de la Liga Norte provocó la ira de Asselborn al reprocharle su defensa de la inmigración «porque la población envejece». «Mis ciudadanos me pagan para ayudar a nuestros jóvenes a tener los hijos que antes tenían. En Luxemburgo quizás tengan esa exigencia, en Italia tenemos la de ayudarles a tener sus propios hijos, no a tener esclavos para reemplazar a los hijos que no tenemos», deslizó.

El luxemburgués montó en cólera en cuanto los intérpretes tradujeron las palabras del ultra. No daba crédito a lo que acababa de escuchar. «Miles de italianos vinieron a trabajar a mi país porque en Italia no teníais dinero para vuestros hijos. Cuide su dinero para ayudar a darle de comer a sus hijos», le espetó Asselborn para acabar tirando los cascos sobre la mesa al grito de « Alors, merde!» (¡Maldita sea!).

El enfado monumental del veterano político tuvo seguimiento en las redes sociales donde Salvini contraatacó apuntando al talón de Aquiles del pequeño principado: «¿Es que en Luxemburgo, un paraíso fiscal que no puede dar lecciones a Italia, no tienen a alguien más normal para ser ministro?», escribió el italiano no sin antes criticar que Asselborn equiparase la emigración italiana con la subsahariana.

No es la primera vez que Asselborn se enfrenta a la ultraderecha europea más recalcitrante. El ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, lo tachó de «frustrado, aleccionador y presuntuoso» después de que el luxemburgués pidiese en el 2016 la expulsión temporal «o incluso para siempre» de Hungría de la UE por vulnerar el derecho de los refugiados y los valores fundamentales de la EU. «Hungría no está muy lejos de dar la orden de disparar contra los refugiados», sostuvo entonces en una entrevista concedida al alemán Die Welt.

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