Maduro fue a la ONU a vender «la verdad de Venezuela» al mundo

Venezuela volvió acaparar titulares en los últimos días en el marco  de la 73 Asamblea General de Naciones Unidas a la que tuvo la desfachatez de acudir Nicolás Maduro para echarle la culpa, una vez más, al imperio de la tragedia que vive el país y de la que él es su principal responsable.


A CORUÑA

En ese gran foro de la diplomacia mundial, convertido en la pasarela por la que no se privan en desfilar la gran mayoría de los mandatarios de los 193 países que lo integran, la crisis humanitaria que vive Venezuela fue uno de los platos fuertes. Después de pensárselo dos veces Nicolás Maduro no se resistió a acudir a la cita para lucir el nuevo título de Sultán de Miraflores que se había ganado días antes en el obsceno almuerzo que protagonizó en un afamado restaurante de Estambul.

Los honores del discurso de apertura han correspondido al inefable Donald Trump que, en su línea habitual, arremetió contra el gobierno que encabeza Nicolás Maduro, después de que horas antes el Departamento del Tesoro anunciara nuevas sanciones contra su entorno más inmediato: Cilia Flores, su esposa y eminencia gris, así como contra el vicepresidente y ministro de Defensa del país, Vladimir Padrino López, la vicepresidenta  Delcy Eloina Rodríguez Gómez y su hermano Jorge Rodríguez, ministro para la comunicación y la información. A todos ellos le han quedado congelados los activos que puedan tener bajo jurisdicción estadounidense y se les prohíben las transacciones financieras con entidades o personas de EE.UU.

En declaraciones previas a su discurso, en el marco de una reunión con el presidente chileno, Sebastián Piñera, Trump ya había dicho que «Venezuela es un desastre, y hay que limpiarlo y hay que ocuparse de lo que le pasa a la gente». Al mismo tiempo dejaba abierta la puerta a un encuentro cara a cara con Maduro, sin descartar la opción de una intervención militar.

Cuando al día siguiente le tocó actuar en la tribuna de oradores, eso sí, con la sala medio vacía, a Maduro Moros no se le ocurrió calificar a Trump de «diablo» ni decir que «esta tribuna huele a azufre», como hiciera 12 años antes el Comandante Galáctico, refiriéndose a George W. Busch, pero tampoco fue conciliador y/o autocrítico. Insistió en que Venezuela es víctima de una ofensiva diplomática liderada por EE.UU.y que la crisis humanitaria que padece su país  es fruto de una campaña mediática para justificar la intervención militar, Tampoco tuvo reparos en implicar al gobierno norteamericano en el supuesto atentado fallido que protagonizó el pasado cuatro de agosto.

No se dio por enterado de lo dicho por el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, que se refirió a la situación como «la mayor diáspora de la historia del continente». Su país recibe diariamente más de 6.000 venezolanos. «Los niños llegan con sarampión, con difteria, con poliomielitis. Mujeres embarazadas que nunca se han hecho un control. Hemos destinado más de 50.000 vacunas para esos bellos e indefensos niños y hemos realizado decenas de miles de chequeos de salud a los más de un millón de hermanos que han dejado sus hogares para buscar mejor suerte», relató para concluir que «como dijo José Martí, cuando un pueblo emigra, sus gobernantes sobran».

El pasado jueves el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas sometió a  votación la resolución «Protección y Promoción de los Derechos Humanos en la República Bolivariana de Venezuela» que fue aprobada con 23 votos a favor, 7 en contra  -Cuba, China, Egipto, Burundi, Pakistán, la República Democrática del Congo y Venezuela- y 17 abstenciones. El texto aprobado pide a Caracas «aceptar la ayuda humanitaria internacional»  y expresa preocupación «por la grave violación de los derechos humanos en Venezuela». Es la primera vez que el CDH, creado en el año 2006 en sustitución a la Comisión de Derechos Humanos, emite un dictamen que exige investigar y discutir la situación de Venezuela en las próximas sesiones.

Por otra parte, poco antes de que Maduro pronunciara su discurso, cinco países latinoamericanos y Canadá -a última hora también se sumó Francia, pero no España que sigue pagando buena parte de los servicios que  Zapatero le presta a Maduro como lobista y/o relaciones públicas internacional- solicitaron formalmente a la Corte Penal Internacional que investigue al gobierno de Maduro por crímenes de lesa humanidad, cometidos en Venezuela, lo que puede ser catalogado como un paso histórico.

Tras hacer turismo por Nueva York, amparados por la inmunidad que da el acudir a un evento de Naciones Unidas, y sin conseguir la mendigada recepción en la Casa Blanca, ni atreverse a visitar a los narcosobrinos presos, el Sultán y su cohorte regresaron a Caracas vendiendo su viaje como «importante para la diplomacia bolivariana de paz (…) y además lo digo con sinceridad, franqueza y modestia con un discurso que impactó profundamente en el debate mundial por la verdad de Venezuela y el mundo multipolar» . ¡Ahí queda eso!.

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