Bruselas insiste en abolir el cambio de hora sin pruebas científicas del beneficio

La urgencia con la que Juncker ha tratado la demanda siembra dudas sobre un posible interés electoralista

Juncker es el gran impulsor de la abolición del cambio de hora
Juncker es el gran impulsor de la abolición del cambio de hora EFE

bruselas / corresponsal

¿A favor del cambio horario o de su abolición? La cuestión planteada por la Comisión Europea ha desencadenado un debate encendido entre los ciudadanos europeos. Hay quienes quieren ahorrarse la molestia de atrasar y adelantar una hora las manecillas del reloj cada año y quienes sostienen que no hay razones para cambiar el estatu quo. Bruselas cree que sí. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, ha puesto todo su empeño personal para sacar adelante su propuesta para acabar con el cambio de hora bianual. El luxemburgués tomó la decisión después de consultar el resultado de una consulta pública que arrojó un dato demoledor: el 80 % de los consultados (hasta dos tercios alemanes) exigían poner fin a esta práctica que se retrotrae a comienzos del siglo XX.

Juncker abrazó la causa para responder a las inquietudes ciudadanas, amparándose en un supuesto impacto negativo que tenía el cambio de hora sobre la salud de los europeos. Lo que ignoró por completo la Comisión Europea fueron las pruebas científicas que, hasta el momento, «no son concluyentes» al respecto. Los científicos no han podido demostrar de forma certera que el cambio de hora provoque severas dolencias en el cuerpo humano. «Los datos sobre los efectos globales en la salud, esto es, en el saldo entre las repercusiones positivas y negativas, no son concluyentes», admite la institución. Tampoco lo son en cuanto a sus efectos sobre la seguridad vial: «Los datos son poco concluyentes con respecto a la relación entre la hora de verano y los accidentes de tráfico. En principio, la privación de sueño que conlleva el adelanto de la hora en primavera podría incrementar el riesgo de accidentes», sugiere Bruselas. Al Ejecutivo comunitario le han cogido por sorpresa las críticas de algunos científicos que sostienen la necesidad de mantener el cambio de hora para poder ajustarnos mejor al ciclo solar.

Y es que el equipo de Juncker, a solo ocho meses de las elecciones europeas, se ha aferrado a esta propuesta como un clavo ardiendo. La urgencia con la que están tramitando el expediente y la falta de una consulta rigurosa a expertos de todas las nacionalidades, siembra serias dudas sobre el interés electoralista de las instituciones europeas en una propuesta que se ha hecho muy popular. Todavía hay 20 expedientes sin terminar en los cajones de la Comisión de Transportes de la Eurocámara, pero los diputados insisten en priorizar esta iniciativa. Fuentes de la Comisión reconocen que la abolición del cambio de hora ha pasado a ser un asunto «político» que deberán acordar los 28 ministros «cuanto antes». Juncker quiere tenerlo todo listo para marzo del 2019. El último domingo de ese mes podría ser la última vez que adelanten el reloj los países que abracen el horario de verano.   

Portugal, en contra

Por el momento, solo Portugal se ha negado a respaldar a Bruselas. Tras consultar al Observatorio Astronómico de Lisboa, el primer ministro Antonio Costa anunció que seguirán con el régimen actual por recomendación científica. El luso ha recomendado a Juncker que deje de tomar decisiones arbitrarias: «Tiene cosas más importantes por las que preocuparse», le espetó.

En EE.UU. también hay división sobre el baile horario

a. rey

En el país norteamericano existen seis husos horarios diferentes y en doce estados conviven dos horarios de forma simultánea

En Estados Unidos el debate sobre el cambio horario existe y con mucha división entre su opinión pública. El también conocido como Daylight Saving Time (horario de verano) fue sometido a discusión en una encuesta realizada en el 2012 por Rasmussen Reports. En ella, el 45 % de los estadounidenses se mostraron a favor del mantenimiento del cambio de hora, mientras que un 40 % consideró que «no vale de nada». En otro sondeo formulado por Princeton Survey Research en el 2017, un 55 % de los encuestados declararon no sentirse afectados por el cambio de hora, mientras que un 41 % dijo sentirse afectado «levemente».  

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