La UE y EE.UU. estallan contra la red de ciberespionaje global de Rusia

Holanda expulsa a cuatro agentes de Moscú que intentaron hackear la OPAQ

Las autoridades militares holandesas muestran la trama de espías rusos desmantelada
Las autoridades militares holandesas muestran la trama de espías rusos desmantelada EFE

bruselas / corresponsal

Las historias de espías y conspiraciones parecían relegadas a los libros de historia, las novelas o las series de televisión. Hasta este jueves. En un ejercicio coordinado sin precedentes, varias potencias occidentales acusaron a Rusia de estar detrás de la oleada de ciberataques globales desencadenados en los últimos dos años contra todo tipo de objetivos, desde organizaciones deportivas a partidos políticos y organismos internacionales.

Moscú vuelve a estar en el punto de mira, como en los tiempos de la Guerra Fría. Los primeros en levantar la alfombra y empezar a acusar fueron los británicos. Las autoridades del Reino Unido dieron a conocer las conclusiones de una investigación comandada por el Centro de Ciberseguridad Nacional que apunta directamente a los servicios de inteligencia rusos como los responsables de piratear las redes de comunicación internas del Partido Demócrata en EE. UU., y de los ataques perpetrados contra la Agencia Mundial Antidopaje.

No acabaron ahí las acusaciones. Autoridades británicas y holandeses comparecieron de forma conjunta para revelar un escándalo mayúsculo: El ataque frustrado el pasado mes de abril contra los cuarteles informáticos de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), ubicada en La Haya (Holanda). La ministra holandesa de Defensa, Ank Bijleveld, admitió que su equipo está «muy preocupado» por la continua interferencia de Moscú en el país.

Según los detalles aportados por militares holandeses, al menos cuatro ciudadanos rusos fueron deportados después de ser sorprendidos in fraganti el pasado 11 de abril intentando hackear de forma remota la red de la organización. Los servicios de inteligencia encontraron equipos de alta tecnología y 40.000 euros y dólares en el maletero del Citroën C3 que alquilaron para la operación. Las autoridades del país han pedido explicaciones al embajador ruso en Holanda, quien envió a un miembro de su equipo a recoger a los 4 acusados al aeropuerto de Schiphol (Ámsterdam) solo un día antes de la detención.

«Cuando Rusia actúe de manera indiscriminada e imprudente, los expondremos», advirtió el secretario de Defensa británico, Gavin Williamson, quien reprochó al Gobierno ruso de actuar como un «Estado paria».

Pocas horas después, el Departamento de Justicia de EE. UU. se sumaba a la ofensiva europea. Washington acusó a siete oficiales del servicio de inteligencia militar ruso (GRU) de atacar a la FIFA y la Agencia antidopaje norteamericana como venganza por la imposición de sanciones en competiciones deportivas internacionales, a raíz de destaparse un plan de dopaje masivo entre un millar de deportistas de esa nacionalidad.  

Actos agresivos

La UE reaccionó al unísono. Los líderes de las instituciones comunitarias emitieron un comunicado conjunto para reprobar estos «actos agresivos» de Rusia y sus intentos por «socavar las leyes e instituciones internacionales». Por su parte, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, instó a Moscú a «detener su patrón de comportamiento imprudente, incluido el uso de la fuerza contra sus vecinos, el intento de interferir en los procesos electorales y las campañas de propagación de desinformación».

La demanda del noruego fue respaldada por todas las cancillerías aliadas, incluida la española. La ministra de Defensa, Margarita Robles, pidió a los socios reforzar la lucha contra los piratas digitales y los ciberataques tras evaluar con ellos las últimas maniobras del gobierno de Putin, quien trabaja en el desarrollo de un misil de medio alcance, contraviniendo los acuerdos nucleares.

El Kremlin niega los ataques, pero Europa no olvida el derribo del MH17 y el envenenamiento de Skripal

Las pruebas no importan. Moscú niega tajantemente tener algo que ver con la extensa red de hackers rusos que se dedican a sabotear e interferir en empresas, organizaciones y hasta en procesos electorales, e incluso ironiza sobre las acusaciones, en las que ve una campaña internacional antirrusa y que atribuye a una «manía» de «espionitis» en alza.

A lo máximo a lo que llegó el señor del Kremlin, Vladimir Putin, fue a reconocer que el origen de una gran parte de las operaciones provienen de su territorio. Pero, a partir de ahí, niega todo lo demás, desde la existencia de un ejército de hackers a sueldo del Gobierno para desestabilizar las democracias occidentales al intento de asesinato del exespía Sergei Skripal en Salisbury (Reino Unido) con el gas nervioso Novichok, de etiqueta soviética.

El ataque en territorio británico desencadenó una cascada de expulsiones de funcionarios rusos en las principales potencias occidentales. Pero si hay un asunto que todavía hace sangrar y genera especial indignación en la UE es el del contencioso entre Holanda y Rusia por el derribo deliberado del avión MH17 en el este de Ucrania, en pleno conflicto territorial con Kiev. Un equipo internacional de investigadores independientes concluyó que el ejército ruso estuvo detrás de la tragedia en la que perdieron la vida 298 personas. Las autoridades holandesas han pedido a Putin en varias ocasiones que asuma sus responsabilidades con las víctimas, y este contestó con una campaña de desinformación que intenta cuestionar la honestidad de los expertos y desacreditar la veracidad de las pruebas.

La larga lista de expedientes abiertos en los que Rusia figura como protagonista de tramas, invasiones y ataques ha puesto en jaque a las cancillerías de toda Europa y Washington, donde los equipos de expertos en seguridad tratan de acelerar el trabajo para blindarse de cara a citas electorales próximas, como los comicios europeos en mayo del 2019. Bruselas no esconde el temor a que los tentáculos de Moscú y sus campañas de noticias falsas acaben manipulando la intención de voto y el resultado de un plebiscito crucial para el devenir de la UE.

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