Trump se enroca y rechaza romper con Arabia Saudí

El presidente desoye los informes de la CIA sobre la implicación de Riad en el asesinato de Jamal Khashoggi en Estambul


Nueva YOrk / corresponsal

Donald Trump dejó ayer claro que los intereses comerciales su país están por encima de la vida del columnista saudí Jamal Khashoggi, asesinado en Estambul. «EE.UU. tiene la intención de seguir siendo un firme aliado de Arabia Saudí para garantizar los intereses de nuestro país, Israel y otros aliados en la región», dijo el presidente a través de un comunicado cuyo subtítulo ya era una declaración de intenciones: «¡Estados Unidos primero!».

A través de una declaración que comenzó con las palabras «¡el mundo es un lugar muy peligroso!», el republicano dejó clara su defensa al príncipe heredero Mohammed bin Salman e incluso repitió las consignas del régimen saudí sobre el columnista, asegurando que Khashoggi «era enemigo del Estado».

Su postura supuso todo un desafío a la CIA cuyos funcionarios trasladaron al presidente su convencimiento de la participación de Salman en el plan para matar al columnista. «Ya hemos sancionado a 17 saudíes que sabemos que han estado involucrados en el asesinato y en la eliminación de su cuerpo. Podría ser que el príncipe tuviera conocimiento de este trágico evento... ¡quizás lo hizo, o quizás no!», exclamó Trump en clara oposición a los claros informes de sus espías.

A lo largo de ocho párrafos, el magnate busca retratar a Arabia como un aliado esencial contra Irán y un cliente insustituible para la venta de armas: Arabia Saudí se comprometió a invertir 450.000 millones de dólares en EE.UU., de los que 110.000 mil serán para la compra de equipos militares. Según The Guardian, sin embargo, estas cantidades son falsas, ya que el total de ofertas que Trump recibió desde que llegó a la Casa Blanca «es inferior a 15.000 millones de dólares y el valor de los contratos firmados es significativamente menor».

«Si cancelamos esos contratos, Rusia y China serían los beneficiarios», justificó el neoyorquino tras puntualizar que entiende que haya miembros en el Congreso que les gustaría ir en una dirección diferentes. Trump se anticipó así a las críticas desde el Capitolio, donde existen varios proyectos de ley que buscan castigar a Arabia Saudí y donde algunos aliados del magnate, como el senador Lindsey Graham, aseguraron que Bin Salman «no tiene credibilidad».

Cuatro minutos de tortura

Las palabras de Trump se produjeron después de publicarse que los registros de audio en poder del Ejecutivo de Ankara, demostraban que los agentes saudíes apalearon y torturaron durante cuatro minutos a Khashoggi. El columnista acudió al consulado de su país en Estambul el 2 de octubre para retirar unos documentos para casarse en Turquía. «¡Suelten mi brazo! ¿Qué creen que están haciendo?», se escucha al disidente en una primera grabación de 11 minutos. A los insultos le sigue una paliza despiadada, según las autoridades.

Ayer, las redes aglutinaron el desconcierto de decenas de compañeros del periodista. «Es un imperdonable desprecio por las vidas de los saudíes que se atreven a criticar al régimen. Hemos caído muy bajo», denunció la editora de Khashoggi en The Washington Post, Karen Attiah.

Un juez impide negar asilo a la caravana

M. Gallego

Las limitaciones de Trump no solo afectarían a los centroamericanos que están llegando, sino a unas 70.000 personas que cada año entran al país sin papeles

A Donald Trump le gusta reinterpretar las leyes con ayuda de sus abogados, dedicados a la labor de encontrar resquicios legales, pero ayer se tropezó, una vez más, con la Justicia. El juez Jon Tigar bloqueó temporalmente la proclama presidencial en la que hace doce días el presidente dijo ejercer sus poderes de emergencia para cambiar las reglas de asilo e impedir así, preventivamente, que los miembros de la caravana que han llegado a la frontera puedan pedir asilo político.

«Sea cual sea el alcance de la autoridad presidencial no puede reescribir las leyes de inmigración para imponer una condición que el Congreso ha prohibido expresamente», le amonestó el magistrado de San Francisco. Se refería a la instrucción que ha dado el presidente al Departamento de Justicia de no considerar las solicitudes de asilo político que no se presenten en una de las garitas fronterizas del río Bravo, cuando la ley de refugio escrita por el Congreso en 1980 expresamente acepta las solicitudes de cualquier individuo que esté físicamente presente en EE.UU., «tanto si llega o no por un puerto designado para la entrada».

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