China busca en España a su gran aliado contra el proteccionismo

La visita de Xi Jinping se salda con la firma de una veintena de acuerdos comerciales


madrid / la voz

Los chinos tienen fama de no soler andarse con rodeos a la hora de hacer negocios, y ayer, su presidente, Xi Jinping, dio a entender muy pronto que su visita oficial a Madrid tenía el firme objetivo de reforzar los lazos comerciales entre ambos países, hasta el punto de convertir a España en su mejor aliado en la Unión Europea. En su discurso en el Senado, el primer acto oficial de su apretada agenda de ayer, Xi se remontó dos milenios atrás para recordar que los primeros intercambios comerciales entre los dos territorios llegaron con la Ruta de la Seda terrestre, que se reactivaron en el siglo XV gracias a los avances en navegación con la Ruta de la Seda Marítima y que pretende que cobren un nuevo impulso con el establecimiento de La Nueva Ruta de la Seda, una «plataforma de conectividad» que refuerce las comunicaciones marítimas y ferroviarias (a poder ser, con créditos contraídos en Pekín), y de la que se puedan exprimir «beneficios compartidos» entre todos los países participantes.

La oferta llega en un momento complicado para la Unión Europea, en medio de una guerra comercial entre el proteccionismo estadounidense fomentado por Donald Trump y el liberalismo comercial impulsado por Xi Jinping, del que recelan Francia y Alemania. El Gobierno ha tenido que declinar la invitación, pero eso no ha impedido que la primera visita oficial de un mandatario chino a España en 13 años se saldara con la firma de importantes acuerdos comerciales, entre los que destaca la posibilidad de exportar uva de mesa y determinados productos de carne de porcino, como el jamón ibérico con hueso, restringidos hasta la fecha en Pekín.

Devoción por el jamón ibérico

Precisamente del jamón ibérico fue el producto del que más disfrutó Xi Jinping de la comida que mantuvo con Pedro Sánchez, según afirmaron fuentes cercanas al presidente del Gobierno. Previamente se acercó con su espectacular comitiva al Palacio de Cibeles para recoger las llaves de la ciudad de Madrid que le entregó la alcaldesa, Manuela Carmena. Concluyó la jornada con una cena de gala ofrecida por los reyes en el Palacio Real.

A pesar de la negativa del Gobierno a participar en esa nueva Ruta de la Seda, el presidente chino se mostró satisfecho de «los peldaños» que habían logrado escalar en materia comercial, una veintena de acuerdos entre los que también se incluyen la supresión de la doble imposición en los impuestos sobre la renta o asestarle un empujón al sector turístico. «España es un país bastante atractivo», admitió Xi Jinping. Cada año visita la península medio millón de turistas chinos. El presidente asiático también animó a los españoles a que viajen a su país.

A nadie se le escapa que España tiene grandes intereses comerciales en China, un mercado de 1.400 millones de personas, pero tampoco es ningún secreto que Pekín también está muy interesada en mantener un robusto aliado dentro del Consejo Europeo, como puede ser Madrid.

Un lector del Quijote

El refuerzo de las actividades mercantiles centró gran parte de los esfuerzos de la visita de Xi Jinping a España, pero también hubo tiempo para reforzar los lazos en otras materias, como la Cultura. El presidente chino sorprendió en su discurso al Senado cuando dijo haber leído una traducción del Quijote de Cervantes cuando todavía era un simple campesino. Xi Jinping admitió que la traducción habría de ser «no muy buena», ya que entonces era un libro bajo censura.

La Policía invitó a esconderse a Winnie the Poo para no desairar a Xi Jinping

f. b.

El habitual colapso de tráfico en el que malvive Madrid desde hace décadas se convirtió ayer en una auténtica tortura china para los cientos de miles de conductores que a diario acuden en coche al centro. Varias de las principales arterias de la ciudad permanecieron cortadas en plena hora punta con el objetivo de blindar la visita del presidente chino, Xi Jinping. La visita de cualquier dirigente de un país extranjero siempre conlleva importantes medidas de seguridad, pero nada comparable a lo vivido ayer. La Policía Municipal y la Policía Nacional, en coordinación con el equipo de agentes que sigue a Xi Jinping a todas partes, conformaron una gran muralla contra todo aquel que osase acercarse al presidente, la gran mayoría chinos residentes en la capital española, que, banderín en mano, se multiplicaron por los puntos por los que transitó la comitiva.

En la caravana destacaba el Rolls Royce en el que viajaba el presidente, a medio camino entre el tanque y la limusina. Cada vez que subía o bajaba, sus guardaespaldas formaban un pasillo sosteniendo un maletín que se transforma en escudo antibalas solo con sacudirlo.

Pero ayer no bastaba solo con garantizar la seguridad; también había que agradar. Al detalle. Hay mucho dinero en juego. Por eso las fuerzas de seguridad invitaron al Winnie The Poo de la Puerta del Sol que pide monedas a cambio de fotos que se ocultase tras la estación del metro para que el presidente no pudiese verlo. Este personaje de Disney está censurado en China debido a que la oposición lo emplea para ridiculizarlo. Solo faltaron las berlanguianas pancartas de Villar del Río: «Bienvenido, Mr. Xi».

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