Contrario a las leyes de violencia machista y condenado por prevaricación, así es Francisco Serrano, el líder de Vox en Andalucía

El candidato del partido de ultraderecha fue inhabilitado por modificar las vacaciones de un niño para que pudiera ir a una procesión y quedarse así dos días más con su padre


Santiago Abascal le encargó una auténtica proeza. Entrar en las instituciones andaluzas. Conseguir que Vox empezara a sonar con voz propia en la política española. Transformar el puñado de votos de las elecciones del 2015 en un apoyo que le permitiera empezar a conquistar poco a poco los gobiernos. Y lo ha conseguido. Francisco Serrano, que se afilió al partido en el 2014 y se presentó como candidato por primera vez en el 2015, se ha llevado el gato al agua. Su partido rompía todos los pronósticos -hasta los más halagüeños- para meter en el Parlamento andaluz la voz de nada menos que doce diputados. «Vox no es un partido de extrema derecha, sino de extrema necesidad», pregonaba el juez este lunes con la resaca electoral todavía impregnando su discurso. 

El líder de Vox en Andalucía intentaba apartar la coletilla de ultraderecha. Pero la realidad habla por sí sola. ¿Quién es el personaje que se encuentra detrás del líder del partido? Desconocido para el común de la sociedad, el nombre de Francisco Serrano sonaba ya con fuerza desde hace años entre los pasillos de los principales tribunales españoles. En estos corredores se ha convertido en un auténtico azote de las políticas de igualdad y feministas. 

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El programa de Vox que ha votado un 11% de los andaluces El líder de Vox en Andalucía fue condenado a dos años de inhabilitación por prevaricación dolosa

Acomodado en la polémica, el juez Serrano copó ya algunos titulares en el 2011, tras ser condenado por el Tribunal Supremo a dos años de inhabilitación por un delito de prevaricación. Como juez de familia en Sevilla, Serrano decidió modificar el régimen de visitas de un menor para que pudiera salir de nazareno con su padre durante una de las procesiones de la Semana Santa de Sevilla. Lo hizo sin consultar a la madre del niño, que denunció al magistrado y al padre por haber adoptado la medida sin consultarle nada a ella. 

No es la única decisión que ha hecho tambalear el suelo que pisa Francisco Serrano. Sus polémicas decisiones y declaraciones sobre violencia de género y custodia de menores son habituales. Él reitera una y otra vez que se siente «víctima del yihadismo de género». No le ha ayudado su verborrea. Serrano ha llegado a calificar la ley integral contra la violencia de género del 2004 de injusta. Asegura que crea un «efecto perverso» al proteger «situaciones de abuso» y no a las mujeres que realmente son maltratadas. No se corta ni un pelo. Dice Serrano que la situación de los hombres acusados de violencia machista es comparable a la cárcel de Guantánamo. «Cuando a un hombre se le denuncia, a la cárcel; y la llave, tirada», aseguraba a la agencia Efe en febrero del 2009. 

«Es muy triste que un niño se tenga que quedar sin padre y sin madre porque el hombre mate a la madre y también se tenga que matar el padre después porque se suicide»

Tampoco se despeina al blanquear la imagen de los acusados de violencia machista, incluso la de los hombres que asesinan a sus parejas. Dice Serrano que «es muy triste que un niño se tenga que quedar sin padre y sin madre porque el hombre mate a la madre y también se tenga que matar el padre después porque se suicide. Hay que evitar esas situaciones, pero sin medicina quirúrgica, porque si tengo un padrastro y me corto el brazo, no tengo padrastro pero tengo un brazo amputado».

Con declaraciones como estas no es difícil entender su personal batalla contra la ley de violencia de género, una normativa que, según él, parte de la idea de que «el hombre por ser hombre es maltratador y la mujer maltratada». El juez Serrano opta por darle la vuelta a la tortilla. «Hay que proteger a las mujeres de cualquier tipo de violencia, pero desde la presunción de inocencia, no a partir de un determinismo de que la mujer siempre es la víctima, porque entonces se está aplicando una perspectiva psicológica pero no legal», aseguraba en una entrevista con El País.

Las cuentas de este madrileño trasladado a Sevilla con 11 años no concuerdan mucho con las de la administración en lo que a violencia de género se refiere. En su opinión, de los casos denunciados en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer, tan solo un 14 % responde violencia habitual. ¿Y el resto? «Situaciones de ruptura de pareja en las que se dicen de todo menos guapo».

El candidato de Vox ha convertido eso que él mismo denomina como «hembrismo y feminismo radical» su principal caballo de batalla. Cree que en paralelo al machismo ha surgido otro movimiento que considera a la mujer un ser inferior necesitado de protección especial. 

En su perfil de Twitter nunca ha escondido sus tendencias. «Si te llaman machista por defender la igualdad, facha por defender la vida y estar orgulloso de ser español, contesta: Sí, y a mucha honra». Sin pelos en la lengua. «El feminismo radical de izquierda lo forman lesbianas violentas y resentidas misándricas, que se llevan el dinero público. Y el PP traga». No se esconde.

Contra la inmigración

El juez Serrano no solo ha plantado batalla a las leyes contra la violencia machista. Tiene más aversiones. Muy en la línea de lo que dice Santiago Abascal y el resto de la cúpula del partido en Madrid. La familia, en su versión más tradicional; un punto y final a las autonomías; un muro a la inmigración; o bandera contra el aborto.

Defensor de «la nación española, los valores familiares y la igualdad y provida», el líder de Vox en Andalucía lideró el movimiento de varias asociaciones municipales en La Macarena para pedir la eliminación de albergues y de comedores sociales. Tiene sus razones. Dice que los sintecho fomentan la inseguridad. En esa misma línea se mueve cuando exige un refuerzo policial en las playas andaluzas ante la llegada de pateras. No lo entiende. Dice que pocos migrantes vienen a España huyendo de la guerra. «La tasa de nacimientos de españoles se sitúa en el 1,1 %. La tasa mínima para relevo generacional es de 2,5, y lo peor es que los musulmantes tienen una tasa del 8,4 %. Más, ante la inmigración masiva fomentada, el índice aumentará, por lo que España dejará de serlo en poco tiempo», pregonaba hace unos meses en su cuenta de Twitter.

Francisco Serrano encarna todos los valores de lo que conocemos como ultraderecha. Y no se esconde. Tampoco le ha hecho falta. Su discurso le ha valido 400.000 votos. Tenemos Vox para rato.

El ideario de Vox para iniciar su «reconquista»: desde eliminar las autonomías hasta derogar la ley de violencia de género

Olalla Sánchez
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El programa de Vox que ha votado un 11% de los andaluces El líder de Vox en Andalucía fue condenado a dos años de inhabilitación por prevaricación dolosa

Entre las «100 medidas para la España Viva» de la formación de Abascal se incluyen la expulsión de los inmigrantes ilegales, la supresión del Tribunal Constitucional y dejar el aborto fuera de la seguridad social. La defensa de la familia es una de sus señas de identidad

Vox, el partido ultraconservador liderado por Santiago Abascal, ha irrumpido en las elecciones en Andalucía como un tsunami al lograr por primera vez representación en un legislativo y hacerlo pulverizando todas las encuestas y los pronósticos, que apuntaban su llegada a las instituciones pero lejos del resultado obtenido: de golpe, 12 escaños, al pasar de 18.000 a 396.000 votos.

La formación, de discurso nacionalpopulista, ha dado la sorpresa cinco años después de su nacimiento con propuestas como la eliminación de las autonomías, la supresión de la ley de violencia de género o la expulsión de España de todos los inmigrantes ilegales y de los legales que cometan delitos. Un ideario, «para toda España», como ellos mismos destacan sin complejos, que sintetiza en cien medidas urgentes «atendiendo a los problemas que más preocupan a los españoles: la unidad del país, la destrucción de clase media, los elevados impuestos, la seguridad de nuestras fronteras y el recorte de las libertades». 

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