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«Ha sido la Navidad más triste de la historia de Venezuela»

La ganancia y la pérdida de peso cobran un significado político en un país que amanecerá en la incertidumbre en el 2019, cuando Nicolás Maduro asuma un mandato de seis años


CARACAS / CORRESPONSAL

Este año, las hallacas (plato omnipresente de la gastronomía navideña de Venezuela) fueron, en las redes sociales, un símbolo de resistencia, tanto para quienes permanecen en el país tras 20 años de revolución bolivariana como para los cinco millones de personas que se han marchado.

En un país en el que los precios se duplican cada tres semanas y donde la pobreza afecta a nueve de cada diez personas, conseguir los alimentos básicos es una proeza cotidiana. Y para aquellos que han dejado Venezuela, en muchos casos en condiciones ruinosas, poder preparar esta suerte de tamal relleno con un guiso de carne y frutos secos implica afianzar un lazo con el país que acaban de dejar.

La ganancia y la pérdida de peso cobran un significado político en la Venezuela que amanecerá en la incertidumbre en el 2019, cuando Nicolás Maduro asuma, el día 10, un mandato de seis años. «Este año pude hacer hallacas, y hasta engordé cuatro kilos. Maduro no pudo conmigo, resistí otro año en Venezuela», señalaba Alberto Farache, un conocido sociólogo de izquierdas. Desde Perú, Sabrina Méndez mostraba su cena: «Fuera o dentro del país, sin hallacas no hay Navidad. Viva Venezuela, volveremos».

La nutricionista Susana Raffalli, distinguida por sus estudios sobre el impacto de la crisis venezolana en la nutrición de sus habitantes, señala que el 63 % de las personas que se han ido lo han hecho por hambre. Entre los que se han quedado, la desnutrición, especialmente entre los niños y los ancianos, es comparable a la de zonas en guerra. 

Calles desiertas en Caracas

La Navidad venezolana se ha vuelto «triste», concluye el sociólogo Tomás Páez, uno de los principales estudiosos de la migración venezolana. «Este año nos deseamos feliz Navidad por WhatsApp. Así estamos miles de familias», apunta Angélica Gómez, cuyo hijo reside en Tenerife desde que se fue con 19 años.

Por su parte, Enrique Aristiguieta, un empresario venezolano que fue participante de la primera junta de Gobierno de la democracia venezolana, en 1958, conserva «recuerdos nítidos de todas las Navidades desde 1937. Puedo afirmar con certeza que esta es la Navidad más triste de la historia de Venezuela».

Las calles venezolanas, especialmente las de Caracas, lucen desiertas, cuando en diciembre solían ser un pandemonio tan grande que ir en coche al centro resultaba imposible. Los fuegos artificiales, que todos los años saludaban el Año Nuevo, ahora brillan por su ausencia.

El pernil de cerdo, otro plato típico navideño, ha sido el manchón para el Gobierno de Maduro. Tras prometer «un pernil a cada venezolano» que participara en los Comités Locales de Abastecimiento, cada familia, si se puede decir así, ha salido a medio pernil. Todo diciembre han llovido protestas por el incumplimiento de la promesa, y donde sí los entregaron ciudadanos como Yineska Ardiles lamentaron el hecho de tener que compartir poco más de un kilo de cerdo entre dos familias. «No entiendo como no llamamos a esto lo que es: comunismo», dijo.

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