«La mayoría de los niños que sufren acoso no se lo cuentan a sus padres»

Diana Díaz, directora de la Fundación ANAR, explica que los menores aguantan hasta más de un año sin pedir ayuda en los casos graves de «bullying»


redacción / la voz

El teléfono de ayuda de la Fundación ANAR (900 20 20 10) es una tabla de salvación a la que se agarran cientos de niños y adolescentes. Su directora, Diana Díaz, alerta de que la violencia contra los menores se ha multiplicado por cuatro en los últimos años.

-¿Qué es lo que les preocupa a los niños que llaman al teléfono de ANAR?

-Nos llaman para hablar de todos los temas que les preocupan, que pueden ser de mayor o menor gravedad. Al principio de la llamada eso no lo sabes, por eso es tan importante la valoración que hace el psicólogo orientador que atiende al teléfono de cada caso o situación.

-¿El anonimato del servicio es importante?

-Sí que lo es, porque en muchos casos los niños necesitan hacer más de una llamada para atreverse a contar el motivo real. Si se sienten bien atendidos y ven que hay confidencialidad y anonimato les resulta más fácil volver a llamar y contarlo. Es un servicio que ofrece garantías porque, al no ser cara a cara, ayuda muchísimo a que los usuarios cuenten cosas que no le han contado a nadie.

-¿El acoso escolar es uno de los problemas que más atiende el teléfono ANAR?

-En el 2017, que es el año del último informe que tenemos, nos encontramos que han llamado 36.616 llamadas solo para hablar del tema del acoso escolar. De estas llamadas salieron 590 casos contrastados y gestionados con los profesionales como abogados, psicólogos...

-¿Qué se puede concluir de estas llamadas?

-Nos hemos dado cuenta de que ha bajado la capa más superficial de acoso escolar, los hechos más leves; pero los casos que nos comentan son más violentos y más frecuentes. El 90 por ciento de los menores de edad que sufren acoso escolar tienen asociados como problemas secundarios problemas psicológicos de ansiedad, depresión, miedo permanente o indefensión aprendida.

Diana Díaz es la directora de la Fundación ANAR
Diana Díaz es la directora de la Fundación ANAR

-¿Qué es lo más alarmante?

-Nos hace reflexionar el hecho de que más de la tercera parte de los niños que sufren acoso escolar no se lo cuentan a sus padres. Tardan una media de entre trece y quince meses en pedir ayuda, no se atreven. Esto es muy grave y por eso intentamos abordar en las llamadas el tema para que sepan que es un error no pedir ayuda y pensar que mágicamente se va a solucionar la situación. Ellos intentan que se solucione solo pero no puede ser porque el acoso es un tema que hay que abordar no solo desde el chico o chica, sino también en el centro escolar, la familia...

-¿Y por qué no lo cuentan?

-Como familia hay que saber cómo acoger esa petición de ayuda. No hay que sobrerreaccionar. Los niños tienen miedo a que los padres monten un gran escándalo, por eso no se lo cuentan. Esto es negativo porque si no se atreven a contarles esto tampoco les contarán otros problemas que tienen en su día a día. Tan malo es sobrerreaccionar como normalizar el tema diciendo que son chiquilladas. No lo son. Como te dije, el 90 por ciento de los menores que lo sufren tienen consecuencias psicológicas que si no se abordan adecuadamente cada vez se van arraigando más

-¿Y cuál es el perfil del menor que pide ayuda?

-Pues suele ser a edades muy tempranas, alrededor de los 10,9 u 11 años. Esa es la edad donde se empieza a manifestar ese acoso escolar, que normalmente se ha ido gestando unos meses atrás. Después está el ciberbullying, coincidiendo con el inicio en el uso de las nuevas tecnologías. También es diferente el perfil de las víctimas y acosadores. Cuando el bullying es presencial son más pequeños, el acosador tiene la misma edad y suelen ser más chicos que chicas. Pero en el tema digital hay un perfil más femenino tanto en la víctima como en el acosador.

-¿Por qué se incide tanto en el papel del espectador?

-Porque el acoso no suele ser una cosa aislada, sino que muchas veces actúan en grupo. Por eso todas las campañas deben de ir enfocadas a los espectadores, al resto de los alumnos, que son testigos y tienen que saber muy bien cómo actuar. Si no, lo normal es ponerte del lado del que acosa, porque es una forma de asegurarte de que no te pase nada a ti, estás como mas protegido. Está muy demostrado que la posición de los espectadores es fundamental para frenar el acoso: que no se rían, que no hagan oídos sordos.

-Una experta decía el otro día que está bajando el nivel de empatía entre los niños.

-Trabajar la empatía debe ser una constante desde las propias familias o del centro escolar. La responsabilidad social colectiva se refiere a esto, que a todos nos podría llegar a pasar. Siempre hablamos de que es muy importante no solo que se trabaje con la víctima, sino también con el acosador, que también es menor de edad, porque hay que preguntarse los porqués. Hay que sentarse y hay que hacer un trabajo de reflexión y ver si hay algún problema que desencadene estas conductas violentas.

-Otro de los temas que preocupa mucho es el maltrato doméstico.

-La violencia contra los menores es el principal motivo de consulta en el teléfono, también en el entorno intrafamiliar. Ha subido enormemente el maltrato físico y psicológico de padres a hijos. También la violencia de género en el entorno de los propios menores, el abuso sexual. Se han multiplicado por cuatro de media todas las violencias del 2009 al 2016. Además, la violencia intrafamiliar de padres a hijos es muy peligrosa porque está oculta, nadie sabe qué está sucediendo. Algunos niños son muy pequeños y no tienen capacidad de llamar ni de pedir ayuda. Son los adultos del entorno los que deben estar muy pendientes por si tienen que salir ellos al paso. Al teléfono nos pueden llamar para denunciar una situación de alto riesgo.

-No es necesariamente una cuestión de clase social.

-Está demostrado que no, aunque hay una cuestión que es muy clara: si hay más factores de protección que de riesgo, evidentemente la violencia entra menos. Pero nos sorprenden día a día casos que pertenecen a todos los estratos de la sociedad. La violencia es un hecho que se va contagiando de generación a generación. Y otra cosa muy importante es que también puede entrar a través de las pantallas, por eso hay que tener una supervisión adecuada. Los adolescentes corren el riesgo de convertirse en indiferentes ante la violencia.

-¿Y en caso de detectar algo grave pueden actuar?

-Tenemos unos protocolos de actuación muy claros con varios niveles. En el nivel máximo, con casos de inminente urgencia, se avisa a las autoridades para que acudan de forma inmediata, por ejemplo, si un menor está en situación de fuga, si le han echado de casa o si tiene signos de maltrato.

El «bullying» puede causar cambios en el cerebro y patologías mentales

Marta Otero

Los menores que sufren acoso tienen más riesgo de ansiedad, depresión y problemas de autoestima

Las consecuencias del acoso  bullying no son solo psicológicas, también físicas. Un estudio reciente llevado a cabo en el King’s College de Londres, en el Reino Unido, ha descubierto que una exposición continua al acoso durante la adolescencia puede provocar cambios físicos en el cerebro y aumentar la probabilidad de sufrir una enfermedad mental. «Está demostrado que el entorno y el ambiente influyen en nuestro sistema nervioso y en el desarrollo de nuestro cerebro», apunta María José Acebes, neuropsicóloga y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

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