Bruselas empuja a May a aceptar la unión aduanera post«brexit» que propone Corbyn

El negociador de la UE no da tregua: la salvaguarda irlandesa es innegociable

Un activista proeuropeo, frente al Parlamento de Londres
Un activista proeuropeo, frente al Parlamento de Londres

Bruselas / Corresponsal

«Estamos a 46 días del brexit. Queda poco tiempo para evitar un no acuerdo y encontrar una solución», recordó ayer el primer ministro luxemburgués, Xavier Bettel, tras su encuentro con el negociador europeo, Michel Barnier. La cuenta atrás expira y el bloqueo político en Londres persiste. Y lo hace por la incapacidad de la primera ministra británica, Theresa May, de forjar una mayoría favorable en Westminster al acuerdo de divorcio que ella misma rubricó el pasado mes de noviembre. Los tories no quieren seguir ligados a la unión aduanera después del 29 de marzo del 2019. Los laboristas sí. Y esa es una condición imprescindible para lograr la luz verde de la formación comandada por Jeremy Corbyn. 

«Encuentro todas las propuestas de Corbyn interesantes. Sobre el tono y en el fondo», aseguró ayer Barnier, añadiendo más presión a la premier, quien ayer rechazó de plano esa opción firmando un preacuerdo comercial con Suiza. El francés quiere forzar el consenso político entre las dos grandes fuerzas parlamentarias para garantizar que el Reino Unido seguirá ligado a la unión aduanera y sus normas después del divorcio. De esa manera no haría falta erigir una nueva frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte. «Es Londres quien tiene que construir una mayoría positiva sobre la negativa que existe hoy en la Cámara de los Comunes», deslizó el francés. 

Nueva negativa

Bruselas insiste en blindar la salvaguarda irlandesa (permanencia en la unión aduanera como solución de urgencia) que incluye el texto del acuerdo de salida y que tanto detestan los brexiters por considerar que convertirá al Reino Unido en rehén de la UE, a falta de una solución viable para evitar la frontera dura entre las dos Irlandas: «No es nuestra idea de la futura relación con el Reino Unido, pero es una garantía. Solo se utilizaría en caso de ser necesario. No hay dogmatismo por nuestra parte», sostuvo Barnier antes de reunirse en Bruselas con el secretario británico para el brexit, Stephen Barclay, al que trasladó su negativa a reabrir el acuerdo: «Acordamos iniciar nuevas conversaciones con el fin de encontrar salida a este bloqueo, pero no podemos reabrir el acuerdo de salida». El francés sí se mostró dispuesto a remodelar la «sustancia» de la declaración política sobre la relación futura.

 Bettel se enfundó el traje de escudero para defender a la UE de quienes la acusan con ferocidad desde el otro lado del canal de la Mancha de poner a los británicos a los pies de los caballos: «Los brexiters tienen una responsabilidad histórica (…) No tienen coraje ni se someterse al voto del pueblo (…) Decir que un no acuerdo es culpa de la UE es no conocer la historia, nunca les hemos empujado a la salida», apuntó indignado el luxemburgués. 

Traumas económicos

Los síntomas de un posible brexit duro ya se han empezado a manifestar. El Gobierno holandés calcula que la fuga empresarial propiciada por la incertidumbre política en Londres ha empujado a 42 empresas y 2.000 trabajadores a trasladarse a Holanda. Lo mismo ocurre con otras capitales como París y Fráncfort. 

Los expertos también auguran graves problemas económicos si se certifica la salida traumática. Los investigadores del instituto alemán IWH creen que se podrían destruir hasta 800.000 empleos por el alto grado de conexión entre las cadenas de producción y suministro a ambos lados del canal.

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