Las creadoras de Futurlife21: «Engordar es lo menos malo de no comer sano»

Las bioquímicas y expertas en Nutrición Elena Pérez y María Hernández-Alcalá revolucionan las redes con su famosa «colirroz» y las pizzas con base de brócoli mientras luchan para que la sociedad esté ojo avizor con el gato por liebre que nos da la industria alimentaria. Miguel Ángel Silvestre o Tamara Falcó ya siguen sus consejos


Es posible que en tu oficina comiences a observar que un nuevo modelo de alimentación, en el que nada es lo que parece, esté ganando terreno. Compañeros de trabajo que llevan «colirroz» en su tartera o amigos que te invitan a una tostada de futurtella. Seguramente hayas escuchado alguno de estos términos, si es que no eres tú mismo el que los utiliza. La revolución del reto Futurlife21, creado por las bioquímicas y expertas en Nutrición Elena Pérez y María Hernández-Alcalá (que además son madre e hija), parece que ha llegado para quedarse.

Al menos esa es su intención, ya que desde que estalló el bum de sus recetas y consejos gracias a sus talleres, libros, y saludables y creativos platos que publican regularmente en su Instagram, sus casi 180.000 seguidores  (entre los que se encuentran Miguel Ángel Silvestre o Tamara Falcó) no son capaces de vivir sin sus vinagretas o trampantojos de morcilla.

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¿La razón? «Que enseñamos a comer partiendo de la idea de que tenemos que alimentarnos en función de lo que nuestro cuerpo necesita: dejando a un lado los ultraprocesados, y atendiendo a las combinaciones y proporciones sin renunciar al sabor», explica María. Eso sí, del azúcar, ni hablar. «Somos radicales, si empiezas nuestro reto el máximo edulcorante que te permitimos es el que lleva un kiwi. La gente tiene miedo a la ansiedad, y es cierto que la primera semana se pasa fatal, y si tienes mucha dependencia de edulcorantes puedes tener cefaleas y hasta sudores, pero al cabo de 4 días comienzas a ver cómo el intestino se equilibra y te encuentras mucho mejor».

Esta actitud combativa, que aderezan con fotos cuquis y la mayor de las simpatías a través de sus stories, es precisamente la que engancha a sus pupilos. Aunque María garantiza que intentan ser lo menos beligerantes posible, les cuesta hacer oídos sordos a las mentiras de la industria. Así, mientras Eleni, como se conoce a la matriarca en las redes, piensa locas y saludables recetas (como las pizzas con base de brócoli o quinoa), se convierten, sin quererlo, en líderes de un movimiento que lucha por esclarecer que comer bien nada tiene que ver con lo que las grandes multinacionales cuentan. 

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«Hay muchísima desinformación porque la sociedad cree que lo malo de no comer sano es engordar, y eso es lo menos nocivo. Pero claro, ¿cómo vamos a relacionar salud y nutrición si recién salido de una operación en el hospìtal te sirven un bocadillo de pan blanco con chorizo?», reflexiona María, para añadir que no deja de aumentar el número de médicos que le llaman buscando orientación en temas de nutrición porque están totalmente perdidos. «Y es normal, en la carrera de Medicina esta es una asignatura optativa...», se lamenta.

Máquinas de «vending» y hospitales

A la lucha porque se produzca un cambio real en el tipo de alimentos que se ofrecen en las máquinas de vending y en los hospitales, sentando la base de que hay que optar por comida real en todos los momentos del día, se le añade la crítica al anuncio de la reducción del 10 % en la media de azúcar, sal y grasas saturadas en alimentos y bebidas que acaba de anunciar el Ministerio de Sanidad. «Es un cambio minúsculo y, además, no obligatorio. Que un producto tenga 30 gramos de azúcar y así vaya a quedarse en 28 sigue siendo una barbaridad», explica María, que advierte que parte del problema es que estamos acostumbrados a comer mal sin pensar en las consecuencias, «cuando la adicción al azúcar o los problemas que acarrean unos malos hábitos alimenticios se pueden equiparar al daño del tabaco».

En la teoría parece fácil que salten las alarmas, pero ¿somos capaces a renunciar a nuestra rutina plagada de alimentos prohibidos en pro de una alimentación llena de verduras, frutas y legumbres? Esta experta asegura que por supuesto, si se tiene «conocimiento sobre porqué debemos cambiar; práctica a la hora de elegir los ingredientes y cocinarlos de manera interesante; y motivación, que se adquiere en el momento en el que te encuentras mejor y descubres que te gusta tu alimentación». No es para menos, pues según comenta, hasta los niños se suman a esta tendencia. «Parece que solo le puedes dar a tu hijo o macarrones con chorizo o un puré; un bollo o una zanahoria. Y para nada: hay pasos intermedios que están riquísimos, como una quiche de brócoli o un embutido natural preparado en casa». Y añade: «Hay que normalizar el comer bien, tanto en niños como en adultos. Ni llamar rarito al que tiene buenos hábitos ni tampoco aplaudirlo».

El nutricionista que da caña a los «influencers»

Laura G. del Valle

Es el creador del movimiento «Real Fooding», con el que enseña a más de 400.000 jóvenes a alimentarse sin ultraprocesados, y el azote de los famosos, a los que no duda en criticar duramente cuando sacan a relucir en Instagram productos como patatas fritas y refrescos

«Sabe demasiado a azúcar. No está nada rico». Las carcajadas no se hicieron esperar, pues la autora de la queja acababa de pedirse un helado de nube en uno de los muchos chiringuitos que pueblan estos meses las playas de O Salnés. Al escuchar la crítica a esta versión ultraprocesada del helado pude ver a Carlos Ríos riéndose desde su Andalucía natal y pensando: «Te lo dije». Suerte tiene mi amiga de no estar en el candelero de las redes sociales y poder librarse así del escarnio al que podrían someterla la legión de seguidores de este nutricionista onubense que, con su movimiento Real Fooding, ha revolucionado la manera en la que miles de jóvenes entienden la alimentación. Ríos les guía hacia una dieta basada en algo tan sencillo como la comida de las abuelas. Y funciona. «Se trata de utilizar ingredientes naturales, sin aditivos, para mejorar nuestra salud, en lugar de pensar en conseguir un cuerpo perfecto». Su arriesgado discurso, que pone en entredicho al lobby que es la industria alimentaria, lo siguen a diario más de 400.000 personas en Instagram.

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