George Pell, la caída por pederastia del antiguo tesorero del Vaticano y número 3 de la Iglesia

El cardenal australiano es el más alto cargo de la jerarquía católica condenado por abuso de menores; un jurado lo ha declarado culpable por unanimidad de cinco cargos; los delitos se perpetraron contra dos monaguillos cuando Pell era arzobispo

AFP
Sídney

Nunca habían caído torres más altas en la Iglesia por casos de pederastia. Fue el gran tesorero del Vaticano, pero la trayectoria ascendente de George Pell, el representante con más galones de la Iglesia Católica en Australia, quedó hecha trizas después de su condena por pederastia. Pero en diciembre fue declarado culpable de agresión sexual a dos monaguillos en la Catedral de San Patricio de Melbourne en la década de 1990. La decisión se conoció este martes, cuando se retiró una obligación de silencio informativo respecto a su proceso judicial. Fue declarado culpable de un cargo de agresión sexual y de otros cuatro cargos de atentado al pudor contra dos monaguillos que entonces tenían 12 y 13 años, por unos hechos ocurridos en la sacristía de la Catedral de San Patricio de Melbourne en los años 1990. El jurado consideró probable que hubo penetración a un menor y que se cometieron otros cuatro de actos indecentes contra menores. Pell deberá comparecer de nuevo el miércoles ante el Tribunal de Victoria, donde «podría ser detenido». Una firma legal anuncia que está preparando otra demanda: un padre considera a Pell responsable de la muerte por sobredosis de su hijo porque cree que «sufrió estrés postraumático» debido a los abusos que sufrió de pequeño.

Para quienes lo admiraban, el cardenal Pell, de 77 años, encarnaba, con su imponente figura y su elocuencia, la ortodoxia del catolicismo en Australia. El prelado había rechazado inicialmente estas acusaciones y el jurado no había alcanzado una decisión durante un primer juicio en septiembre, pero fue declarado culpable durante un nuevo juicio el 11 de diciembre. El tribunal de Melbourne adoptó entonces una «orden de supresión», que prohibía a los medios cualquier mención a este caso, so pena de actuaciones judiciales. Este silencio obligado se impuso con el objetivo de proteger al jurado de un segundo juicio en el que el cardenal Pell debía ser juzgado por otros presuntos delitos. Pero la acusación decidió renunciar a este segundo proceso, lo que condujo al levantamiento, este martes, del silencio mediático sobre el primer caso y a autorizar a los medios a anunciar el veredicto de culpabilidad.

Pell, nacido en 1941, creció en la ciudad de Ballarat, donde fue un entusiasta miembro del equipo de debate de su universidad. Tenía los papeles principales en las obras de teatro escolares y destacaba en fútbol australiano. Su madre, una ferviente católica, estaba entusiasmada con que su hijo tomara el camino de la Iglesia, según la prensa australiana. Su padre, un anglicano, no comprendía que hubiera rechazado un suculento contrato con uno de los equipos de fútbol más pujantes del país.Siguió parte de sus estudios en Roma antes de ser ordenado cura de la diócesis de Ballarat, en 1966.

Ascenso y acusaciones

Vivió un rápido ascenso hasta ser nombrado arzobispo de Melbourne, posteriormente de Sídney y, en 2003, fue incluido en el poderoso Colegio de Cardenales, lo que le dio la posibilidad de votar en los cónclaves en los que se eligió a los papas Benedicto XVI y Francisco.

En el 2014, el papa argentino lo eligió para lograr una mayor transparencia en las finanzas del Vaticano, convirtiéndose en número tres de la Santa Sede. «El cardenal Pell es uno de los hombres eclesiásticos más grandes que Australia haya tenido», dijo de él el ex primer ministro conservador Tony Abott. Ante sus fieles y la opinión pública, el cardenal Pell defiende los valores tradicionales del catolicismo.

Pero su reputación se vio perjudicada en los últimos años por las acusaciones de graves delitos. Él negó firmemente que hubiera encubierto abusos cometidos por curas en el estado de Victoria, en el que trabajaba.

Una investigación nacional sobre la respuesta institucional que se dio a los abusos sexuales contra menores en Australia entre 1950 y el 2010 concluyó que un 7 % de los curas habían sido acusados de actos de pederastia, pero esas acusaciones no dieron lugar a ninguna pesquisa.

La comisión de investigación real que llevó a cabo durante cuatro años esas investigaciones halló que a la Iglesia australiana se le señalaron 4.444 presuntos casos de pederastia. En algunas diócesis, más del 15% de los sacerdotes eran sospechosos de abusos, añadió.

Apartado de los altos cargos

El cardenal Pell declaró varias veces ante esta comisión de investigación sobre el caso de los curas pederastas de la diócesis de Ballarat en los años 1970 y 1980. Pell pidió disculpas en nombre de la Iglesia, pero insistió en que no tenía recuerdo de acusaciones de abusos.

No obstante, admitió haber «metido la pata» al lidiar con los curas pederastas en el estado de Victoria en la década de 1970. Pero afirmó que fue engañado por la jerarquía católica sobre lo que realmente ocurría en una época de «crímenes y de disimulación». Después, las acusaciones de agresión recayeron directamente sobre él.

El padre de un niño abusado que acabó muriendo por sobredosis: «Pell tiene sangre en sus manos»

El padre de un niño de 13 años que presuntamente fue víctima de abusos en la catedral de San Patricio (Melbourne) en la década de los noventa planea demandar a la Iglesia católica después de que su hijo muriera por sobredosis de heroína a los 31 años. Este australiano, que prefiere mantenerse en el anonimato, considera a Pell y a la jerarquía católica responsables del estrés postraumático que sufrió su hijo debido al maltrato. Responsables del grupo Shine, la firma legal que representa al denunciante dice que este cree firmemente que «Pell tiene sangre en sus manos».

Hablan las víctimas del horror de los abusos sexuales de los curas: «Aborté en tres ocasiones porque él no quería un preservativo»

Kelly Velásquez

Sus voces se escucharon en la primera cumbre antipederastia convocada por el papa

Nunca, como este jueves, el Vaticano había reunido a los representantes de las conferencias episcopales de todo el mundo para debatir y encontrar una solución al escándalo de los abusos sexuales protagonizados por clérigos que ha sacudido los cimientos de la Iglesia Católica en los últimos años. Y nunca como este jueves se dio voz a las víctimas, en la primera e histórica cumbre contra la pederastia. El testimonio de sus horrores retumbó como el chasquido de un látigo en los salones de la Santa Sede y en la conciencia de los religiosos.

Sus nombres no fueron revelados por respeto, aunque el relato de sus historias tiene como objetivo sacudir las conciencias de los obispos para que asuman el combate contra la pederastia con firmeza y responsabilidad. Estas fueron sus voces:

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