Una multitud arropa a Lula da Silva en su salida de la cárcel para asistir al funeral de su nieto

Duras críticas del hijo de Bolsonaro por el permiso concedido al expresidente y su traslado en helicóptero y avioneta

Lula da Silva acudió al funeral de su nieto escoltado por agentes brasileños
Lula da Silva acudió al funeral de su nieto escoltado por agentes brasileños

REDACCIÓN / la voz

Arropado por una multitud de seguidores, el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva dejó la prisión de Curitiba durante unas horas para asistir ayer, bajo custodia policial, al funeral de su nieto Arthur Araújo, que falleció el viernes a los 7 años de forma repentina por una meningitis.

Con gesto serio y consternado, vestido con traje oscuro y camisa clara, el exmandatario brasileño saludó al medio millar de militantes que lo esperaban en la puerta del cementerio de São Bernardo do Campo a las once de la mañana, hora local. Poco antes, el exlíder sindical había aterrizado en esta localidad del cinturón industrial paulista, cuna de su carrera, en un helicóptero.

Lula «está muy triste, dice que debería estar prohibido que un padre entierre a su hijo, que un abuelo entierre a su nieto», manifestó la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), Gleisi Hoffmann, tras visitarlo el viernes. Según el relato de las personas que acompañaron al exgobernante en las menos de dos horas en que estuvo en la ceremonia fúnebre, Lula «emocionó a todos con su discurso». «Contó que su nieto sufría acoso en la escuela y que los compañeros le decían que su abuelo estaba preso por ladrón», dijo el líder del Movimiento de los Sin Tierra (MST), João Pedro Stédile.

Reacciones

El diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, tachó de «absurdo» que la justicia autorice la salida de Lula. «Es un preso común y debería estar en un presidio común. ¿Cuando el pariente de otro preso muera también será escoltado por la Policía Federal para el entierro? Absurdo imaginar eso», escribió el viernes en Twitter, desatando una ola de críticas. Eduardo Bolsonaro matizó ayer sus palabras y explicó que la muerte del niño era un hecho «lamentable e indeseable». En cualquiera de los casos, el viaje del  expresidente desde la cárcel hasta el cementerio, de más de 400 kilómetros, fue realizado la mayor parte en helicóptero y avioneta oficiales.    

Es la segunda vez que Lula da Silva, condenado a 12 años y un mes de cárcel por corrupción, sale de la sede de la Policía Federal de Curitiba. La primera fue el pasado noviembre, cuando prestó declaración ante el tribunal de primera instancia de Curitiba.

Lula, autorizado a salir de la cárcel en aplicación de una ley que permite a los presos visitar a parientes gravemente enfermos o asistir a sus funerales, encadenó una serie de tragedias personales y reveses políticos y judiciales desde el fallecimiento de su esposa en febrero del 2017 hasta la muerte repentina de su nieto.

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