«El día que los Grapo mataron a mi padre»

Hace 30 años, un comando terrorista entró a media mañana en el Banco de España en Santiago y asesinó a los dos guardias civiles que custodiaban el edificio. Sus familias reviven la tragedia

«Yo tenía 13 años el día que los Grapo mataron a mi padre». José Luis Limia Vila recuerda que estaba en el colegio Lasalle de Santiago. «Vino a buscarme la mujer de un guardia civil. Me dijo que mi padre había sufrido un accidente. Cuando llegamos al cuartel lo entendí todo». Un comando terrorista de los Grapo había asesinado, a las once y media de la mañana de ese 10 de marzo de 1989, a los dos guardias civiles que custodiaban el Banco de España en Santiago. Uno era su padre, Constantino Limia Nogueiras, de 52 años, casado y con tres hijos. El otro era Pedro Cabezas González, de 47, casado y con dos hijas. Ese viernes, ambos cumplían un servicio de guardia de 24 horas, cuando cinco terroristas, dos hombres y tres mujeres, entraron en el edificio de soportales de la céntrica plaza de As Praterías y les dispararon a sangre fría. Uno de los agentes estaba sentado en una silla cuando una bala de revólver le destrozó la cabeza. Su compañero cayó inmediatamente. No tuvieron tiempo de defenderse.

CONSTANTINO LIMIA NOGUEIRAS: Guardia Civil. 52 años. Natural de Xunqueira de Ambía. Estaba casado y tenía tres hijos
CONSTANTINO LIMIA NOGUEIRAS: Guardia Civil. 52 años. Natural de Xunqueira de Ambía. Estaba casado y tenía tres hijos

«Mi infancia fue atroz, una experiencia malísima. Mi vida cambió tras el atentado», relata José Luis Limia, que se hizo guardia civil y que está destinado en comisión de servicios en el destacamento de Tráfico de Lalín. Tras el atentado ingresó en el colegio de huérfanos Infanta María Teresa de la Guardia Civil, en Madrid, y allí estudió y estuvo a tratamiento psicológico durante mucho tiempo: «Fue muy duro. Tuve que abandonar mi hogar».

Por el atentado de Santiago fueron condenados los grapos Fernando Silva Sande, Laureano Ortega, Guillermo Vázquez, María Jesús Romero y otra mujer, ya fallecida. A Silva Sande, natural de Carnota, le impusieron 60 años de cárcel. Ahora está en Teixeiro. El Gobierno lo trasladó el pasado noviembre desde el penal de Soto del Real.

Cuando los terroristas entraron en el banco, siete empleados lograron esconderse en el sótano. Pero dos, un hombre y una mujer, quedaron a merced de los asaltantes. A él lo encañonaron para que abriese la caja fuerte en la que se guardaban 15.000 millones de pesetas (90 millones de euros). Les gritó que la puerta era blindada y que no se podía abrir. «Creí que me iban a matar», confesó años después. No lo mataron, pese a la crueldad que mostraron los terroristas, incluso tras el atentado. Solo unas horas después, sonó el teléfono en el domicilio de Pedro Cabezas. Su viuda, María Teresa, lo cogió. Al otro lado, una voz se reía de la muerte de su marido. Las llamadas se repitieron durante meses. Ella y sus dos hijas, Rita y Mayte, tienen las voces grabadas en la memoria. No pueden olvidar esa tortura.

PEDRO CABEZAS GONZÁLEZ: Guardia Civil. 47 años. Natural de A Coruña. Estaba casado y tenía dos hijas
PEDRO CABEZAS GONZÁLEZ: Guardia Civil. 47 años. Natural de A Coruña. Estaba casado y tenía dos hijas

Los terroristas huyeron a pie y sin el dinero. No lograron abrir la estancia donde se guardaba pese a que dispararon contra la puerta blindada. Las huellas en el cristal las vio Benito García, entonces periodista de la Cope, que llegó al banco segundos después del atentado, cuando aún los empleados seguían en su escondite.

Las familias Limia y Cabezas han quedado unidas para siempre por el dolor. «Aunque pasen los años, eso sigue ahí. En vez de ir a menos, con el paso del tiempo se incrementan los recuerdos», dice el hijo de Constantino Limia: «Cada año es muy doloroso. Además, en todo este tiempo nadie se molestó por preguntarnos qué necesitamos. Es como si fuésemos víctimas de segunda». Ese abandono también lo siente la familia de Pedro Cabezas, que ha visto cómo se les cerraban las puertas de instituciones a las que tantas veces llamaron.

Así recogía la portada de La Voz de Galicia el atentado de aquel 10 de marzo de 1989
Así recogía la portada de La Voz de Galicia el atentado de aquel 10 de marzo de 1989

Hoy domingo se cumplen 30 años del atentado, y la Comandancia de la Guardia Civil de A Coruña ha organizado un acto al que asistirán el presidente de la Xunta y otras muchas autoridades. Será en el mismo lugar de los crímenes, convertido ahora en el Museo das Peregrinacións. «Se va a revivir todo, tengo miedo de volver a recaer», afirma José Luis Limia. Nada es igual desde el atentado. Mayte Cabezas, periodista de la TVG, era presentadora del programa Arestora cuando mataron a su padre. Hoy sigue en la tele, pero admite que hay veces que no es capaz, como le ocurrió en marzo del 2004: «Eu estaba no equipo especial da TVG que cubría os atentados do 11-M. E non puiden facer o meu traballo. Non fun quen de contar aquela traxedia».

Homenaje a los dos guardias civiles en el lugar en el que los asesinaron los Grapo

S. Lorenzo

El acto, celebrado en la antigua oficina del Banco de España en Santiago, finalizó con el descubrimiento de una placa

Una placa situada a la entrada del Museo das Peregrinacións, en pleno corazón del casco histórico de Santiago, recuerda desde este domingo la memoria de Constantino Limia Nogueiras y de Pedro Cabezas González, los dos guardias civiles que, tal día como hoy hace 30 años, cayeron abatidos por los disparos de un comando de los Grapo. Los dos agentes estaban realizando un servicio de 24 horas en el edificio que por entonces alojaba la oficina del Banco de España en Santiago cuando los terroristas acabaron con sus vidas. Las familias tomaron la palabra en el acto que les permitió revivir aquel episodio para reclamar que el homenaje no se quede en una «anécdota afectuosa a recordar no futuro», sino que sirva como «punto de inflexión para que as vítimas do terrorismo en Galicia conten, como no resto de España, coa mesma visibilidade e co mesmo apoio». Así lo reivindicó Mayte Cabezas, hija de uno de los guardias asesinados. «Non foi sinxelo traspasar hoxe as portas de este edificio por primeira vez, despois de trinta anos», confesó junto a José Luis Limia, hijo del otro guardia homenajeado.

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