Un estudio sexista culpa a las madres trabajadoras de la obesidad infantil

Reino Unido ha publicado un estudio que establece una relación directamente proporcional entre el aumento de peso de los niños y el aumento en el número de madres que trabajan fuera de casa


Si eres una madre que trabaja fuera de casa, tu hijo se alimenta peor, lleva una vida más sedentaria y, en consecuencia, tiene muchas más probabilidades de sufrir obesidad infantil. Es, en resumen, la conclusión a la que ha llegado la University College de Londres.

Reino Unido ha publicado el primer estudio que establece esa polémica relación tras analizar los hábitos de 20.000 familias con hijos nacidos entre los años 2000 y 2002. 

Los científicos concluyen que los hijos de madres que no tienen pareja y que trabajan a tiempo completo tienen un 25% más de probabilidades de sufrir sobrepeso. Una proporción que baja solo levemente en el caso de los niños de madres trabajadoras con pareja.

Aseguran que el hecho de que las mujeres tengan un trabajo a jornada completa implica que sus hijos tienen un 29% menos de probabilidades de tomar un desayuno regular, que consumen más bebidas azucaradas y  que pasan más tiempo viendo la televisión. 

Otra de las principales conclusiones establece una correlación entre el aumento de la obesidad infantil en las últimas cuatro décadas y el incremento de las tasas de empleo de las madres. 

A Rosaura Leis, coordinadora de gastroenterología y nutrición pediátrica del Hospital Clínico Universitario de Santiago, no le sorprenden las conclusiones del estudio. «La obesidad ?recuerda? es una enfermedad con un importante componente social, porque está muy ligado a los cambios en el estilo de vida, relacionados, a su vez, con los cambios sociales». Y cita varios casos, sacados de otras investigaciones, que parecen constatar la nueva radiografía. Por ejemplo, la incorporación de la mujer al trabajo y la ausencia de medidas de conciliación provoca que se reduzca de forma importante, o que incluso se prescinda, el tiempo de lactancia materna, lo que, a su vez, se relaciona con una mayor obesidad infantil.

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Otro factor clave es el mayor tiempo que los pequeños pasan delante de las pantallas al no estar suficientemente vigilados por sus padres. En el estudio británico se cita que los chicos de madres trabajadoras tienen más posibilidades de dedicar más de tres horas al día a ver la televisión. «Estar delante de una pantalla más de dos horas ?explica Leis? es un claro factor de riesgo de obesidad, pero no solo porque no dedican ese tiempo a realizar una actividad física, sino porque están expuestos a la publicidad de productos saludables y altamente calóricos que los hace comer más, y no solo durante esos momentos, sino que les hacen modificar sus hábitos alimentarios durante todo el día». Advierte en este sentido que «tiene más efecto para bajar peso reducir una hora al día el consumo de pantallas que incrementar la actividad física una hora».

Rosaura Leis entiende que uno de las claves para frenar la actual epidemia de obesidad infantil pasa porque toda la familia en conjunto practique y comparta hábitos de vida saludables, lo que significa pasar más tiempo con los hijos. Para ello es necesario implicar a la sociedad y favorecer las políticas de conciliación.

¿Qué pasa con los padres? Los investigadores no lograron establecer el mismo patrón, es decir, en el peso de los niños no influye si su padre trabaja o no. Los científicos de la University College London mantienen que la carga de las tareas domésticas y del hogar siguen recayendo en gran medida en la mujeres y hacen un llamamiento: «es necesario que ambos padres participen por igual en la crianza de los niños».

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r. romar

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Hace ya tiempo que pediatras y endocrinólogos vienen lanzando un mensaje de forma reiterada: por primera vez en la historia, las nuevas generaciones corren el riesgo de vivir menos que las anteriores. Puede parecer una exageración, pero la amenaza se sustenta en una base sólida: la creciente epidemia de obesidad. El exceso de peso no es un mero problema estético, sino una auténtica enfermedad que dispara el riesgo de padecer muchas otras, desde la diabetes tipo II a distintos tipos de cáncer y patologías cardiovasculares que aparecen progresivamente en edades más tempranas. Y todo empieza en la infancia, donde la alarma se ha disparado. Es cierto que las últimas cifras oficiales en España, correspondientes al estudio Aladino, indican una estabilización e incluso una tendencia decreciente si se comparan los datos del 2011 con los del 2016, pero la cifra sigue siendo muy alta. Un 18,3 % de los niños de entre 6 y 9 años tienen obesidad, un porcentaje que se eleva al 43 % si se incluye el sobrepeso.

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