Jesús A. Núñez: «Lo que Trump pide es que haya otros Guantánamo en Europa»

El exmilitar advierte que «ningún país europeo desea el retorno de los yihadistas a sus países de origen»

R. P.
La Voz

Con la inminente caída del califato en Siria, Europa deberá de tomar una decisión acerca de los combatientes europeos que fueron a luchar con el Estado Islámico (EI) en Irak y Siria y que, ahora, están en manos de las milicias kurdas, las Unidades de Protección Popular (YPG). Donald Trump sostiene que los europeos deben hacerse cargo de esos yihadistas, pero en el Viejo Continente hay un disenso generalizado al respecto. Jesús A. Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), arroja luz sobre estos temas sin resolver.

- ¿Es buena idea repatriar a los combatientes europeos que han luchado con el EI?

- Depende de a quién se le pregunte. Evidentemente, habrá parte de las personas en esa situación que querrán salir de ella. Teniendo en cuenta que, por un lado, hablamos de supuestos combatientes yihadistas; y por otro, de mujeres y niños nacidos en esos cuatro años de seudocalifato y que quieren marcharse para mejorar la situación tan difícil en la que se encuentran. Si se les pregunta a los Gobiernos de esas 45 o 48 nacionalidades que tienen gente allí, parece claro que ninguno de esos Gobiernos desea el retorno de esas personas, y están haciendo todo lo posible para no tener que hacerse cargo de esa patata caliente. No parece una buena noticia para estos países la exigencia del presidente Trump de que tienen que hacerse cargo de todos ellos. Contando, al mismo tiempo, con que el propio EE.UU. no quiere hacerse cargo de los suyos.

- ¿Qué solución tiene Europa respecto a estos combatientes?

- Podemos empezar por preguntarnos si realmente esas personas son combatientes o no, porque están en manos de un actor no estatal como son las Unidades de Protección Popular (YPG), que no se distingue precisamente por su defensa de las normas de justicia más elementales. Vemos cómo unos países han intentado desentenderse del problema anulando la nacionalidad de esas personas para intentar quedarse al margen. Por otro lado, hemos visto cómo esas personas no tienen ni siquiera pasaporte, por lo que todavía habría que definir de qué nacionalidad son. Si los deportan, por un lado habrá dificultades en encontrar pruebas sólidas para poder condenarlos. Aquellos a los que se puedan sentenciar y condenar, dentro de cuatro, cinco o seis años como mucho se encontrarán nuevamente en la calle, muy radicalizados y con experiencia de combate. La opción que tampoco hay que descartar, y no es nada positiva, es que se haga algo parecido a lo que Estados Unidos creó con Guantánamo, un centro que queda al margen de las leyes. Trump lo que está pidiendo de algún modo es que haya otros Guantánamo en Europa para encargarse de tener presos a esos yihadistas sin someterlas a un juicio justo.

- ¿Siria e Irak pueden juzgar justamente a estos yihadistas?

- La trayectoria que ha seguido el régimen de Bachar al Asad denota que es cualquier cosa menos un régimen respetuoso con el derecho en cualquiera de sus variantes. Dejar en sus manos a estos individuos nos puede llevar a condenas injustas. Por otro lado, no olvidemos nunca que, cuando comenzó el conflicto sirio, Al Asad liberó de sus cárceles a cientos de yihadistas, lo que le sirvió de algún modo para presentar que el era el moderado y que esos individuos eran terroristas frente a los que había que aplicar la fuerza. Es lo que básicamente ha argumentado el régimen en los últimos ocho años tratando de justificar que tenía que utilizar la violencia. Suponer que un Gobierno como el sirio es capaz de realizar juicios justos con esos individuos es, directamente, soñar despierto.

- ¿Y se podría resolver en un tribunal internacional?

- Evidentemente, podría ser una de las soluciones si hubiese un acuerdo internacional sobre la creación de esa instancia, pero hoy por hoy, esa medida no está en la agenda de la mayoría de Gobiernos que tienen ahora mismo a combatientes yihadistas en manos de las milicias kurdas. Hay muchísimas divergencias y habrá muchas personas en situaciones que serán muy difíciles de manejar por un tribunal, en la medida en la que, sea un tribunal nacional o internacional, habrá dificultades en encontrar pruebas sólidas de la implicación de muchos de esos individuos en actos violentos. Desde ese punto de vista, nos vamos a encontrar que o bien los juicios serán una farsa o habrá dificultades para emitir sentencias justas por falta de pruebas.

- ¿Los kurdos podrían conseguir una autonomía en Siria?

- En el caso de Siria, no toda la minoría kurda tenía esa nacionalidad, dado que los regímenes de Bachar al Asad y su padre negaban la existencia a esas personas. Estos kurdos sirios han vuelto a ser utilizados por Estados Unidos como carne de cañón local para combatir al EI. Los kurdos están siendo abandonados por Washington y temen una ofensiva turca, planificada desde hace tiempo y, que hace que, ahora mismo, veamos que los líderes de esas milicias se estén acercando al régimen de Al Asad buscando su protección ante el temor que les inspira Turquía. Que de ahí salga algún tipo de descentralización administrativa no quiere decir ni que vayan a tener una autonomía operativa ni un Estado propio.

- ¿Es buena idea que Estados Unidos haya retirado sus tropas de Siria?

- No las ha retirado, están llevando a cabo un repliegue. La Administración Trump está buscando salirse del pantano de Oriente Medio para concentrar su esfuerzo en otras cuestiones mucho más importantes para EE. UU. como son la emergencia de China y el intento de Rusia de convertirse en una potencia global. En cualquier caso, al no haber garantizado a sus aliados ciertos asuntos, es vista como una mala noticia. Rusia e Irán tienen más presencia en Siria y por tanto pueden crear más problemas en la región. En contraposición, se sitúan Israel y Arabia Saudí. Para los primeros será una buena noticia; para los segundos, mala.

- ¿Cómo ha cambiado la influencia de Irán en Oriente Medio?

- Irán trata de preservar la supervivencia de su régimen. Para eso, ha ido desarrollando una estrategia que le ha permitido aguantar durante 40 años a pesar de estar en el punto de mira de actores tan poderosos como Estados Unidos, Arabia Saudí e Israel, que buscan provocar el colapso económico del país. Paralelamente, Irán ha conseguido aumentar notoriamente su influencia dentro de la región. No solamente ha logrado preservar el régimen en esas condiciones, sino que ha ganado influencia en Irak, en Siria apoyando a Al Asad, en el Líbano a Hezbolá y en el Yemen a la minoría hutí. Los iraníes están viendo si pueden aguantar durante dos años más con Trump hasta que llegue un nuevo inquilino a la Casa Blanca y pueda recuperar el acuerdo nuclear del 2015 para que se acabe ese ahogo económico.

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