Tusk alienta la convocatoria de un segundo referendo sobre el «brexit»

Escoceses e irlandeses de la Eurocámara auguran tensiones territoriales en el Reino Unido si se produce el divorcio


Bruselas | Corresponsal

Castigo y humillación nacional. Esos fueron los términos que emplearon la mañana del miércoles los eurófobos británicos en la Eurocámara para definir el resultado de las negociaciones del «brexit». A pesar del profundo abismo que se abre bajo sus pies, el eurodiputado Nigel Farage, ha insistido en abandonar la UE a las bravas pasando por encima de la primera ministra británica, Theresa May: «ella no tiene valentía ni visión para sacarnos de la UE (…) Asistimos a cámara lenta a una traición. Ganamos la Primera Guerra Mundial, pero este acuerdo es el equivalente al Tratado de Versalles», deslizó antes de acusar a quienes claman por un segundo referendo de querer revertir la voluntad de los ciudadanos. Entre ellos el líder de los socialdemócratas en el Parlamento Europeo, Udo Bullmann, quien respondió con vehemencia: «¿Cuándo tendréis la vergüenza necesaria para disculparos con el pueblo británico por lo que habéis hecho en estos dos años? (…) Si la situación sigue bloqueada, solo hay una opción: Preguntarle al pueblo», declaró el alemán apuntando con el dedo a Farage.

Los británicos imprimieron pasión al debate, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, puso los argumentos para respaldar un segundo referendo. Y lo hizo dándole la vuelta al discurso eurófobo: «Farage, la verdad es que el del 2016 fue el segundo referendo en el Reino Unido. El primero ya se hizo en el 1975 (adhesión) y la gran mayoría del pueblo británico dijo que su lugar era en la comunidad europea. A usted se le ocurrió hace tres años que era posible celebrar un nuevo referendo para privar de validez al anterior», señaló antes de sugerir que antes de la fecha límite para que Londres decida qué quiere hacer (12 de abril) es muy probable que los Veintisiete se vuelvan a reunir en una cumbre de urgencia en Bruselas.

La bancada de conservadores británicos estaba vacía en el hemiciclo: «Vienen a Europa a cobrar, no a trabajar», les afeó el popular español, Esteban González Pons. Algunos vieron en ello una señal más del estado de descomposición en el que se encuentran el Gobierno y el parlamento británicos, conscientes del infausto futuro que le espera al país si no se resignan a replantear el «brexit», ya sea pidiendo una prórroga larga antes del 12 de abril o revocando directamente el artículo 50. El negociador europeo, Michel Barnier, tiene claro que el divorcio es un error de dimensiones históricas: «Nadie ha podido demostrarme, ni Farage, que el 'brexit' tenga una brizna de valor añadido. Es algo que nos hace perder a todos».

 Amenazas territoriales

Las cosas pintan mal en Bruselas para los británicos, pero mucho peor si tornan los ojos hacia su propia casa. Escoceses e irlandeses aprovecharon la sesión plenaria para lanzar advertencias a Londres: Si se produce el «brexit» habrá tensiones territoriales.«Si nos sacan contra nuestra voluntad, la independencia será la única vía para volver a Europa», advirtió el escocés Alyn Smith, antes de pedir de forma emotiva a la UE que «mantengan una luz encendida para encontrar el camino de vuelta a casa». La irlandesa del Sinn Féin, Martina Anderson, fue mucho más contundente al exigir una solución para mantener a Irlanda del Norte en la UE: «Hagan un plan para reunificar Irlanda, basado en el consenso». 

Los eurófobos empiezan a mover ficha sobre el «brexit»

Rita A. Tudela
Activista contra el brexit se manifiestan frente al Parlamento de Westminster
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Casi tres años después del referendo, los diputados votan hoy las diferentes opciones sobre la salida de la Unión Europea

La presión del calendario obliga a los diputados británicos a tomar una decisión definitiva sobre el brexit. Tras la toma de control del proceso por la Cámara de los Comunes la noche del lunes, el líder del grupo de diputados tories eurófobos, el European Research Group (ERG), Jacob Rees-Mogg, dice ahora que apoya el acuerdo y lo mismo ocurre con Michael Fabricant. Ambos votaron contra del pacto de salida de Theresa May en las dos veces que llegó a Westminster, pero ahora alegan «es muy difícil» ver al Reino Unido salir de la UE sin un acuerdo. 

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