Abascal imita a Trump: quiere separar España de Marruecos con un muro y que lo paguen ellos

Solo el 1,6 % de los españoles ven la inmigración como un problema grave, según el CIS


redacción / la voz

En un nuevo homenaje a Donald Trump, Santiago Abascal pide erigir un muro de hormigón que separe las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos. La demanda del líder de Vox figura en un libro firmado por Fernando Sánchez Dragó que recoge una conversación de varios días con él. El proyecto de Vox para fortalecer los límites con el país africano no es nuevo, pero sí lo es la petición de hacer a Marruecos responsable del pago de su construcción, emulando al presidente estadounidense con la muralla que construye con México.

«Quizá deberían pagar», reflexiona con Dragó en el libro Santiago Abascal. España vertebrada, al entender que Marruecos envía «oleadas de inmigrantes clandestinos» hacia España para «chantajear» a la Unión Europea.

«El gran muro que deberíamos poner es psicológico y consiste en informar a los inmigrantes de que quienes entren ilegalmente en Europa jamás podrán regularizar su situación», divaga Abascal en el volumen, advirtiendo de que las personas que entren en España de forma ilegal «jamás tendrán derecho de arraigo, ni dispondrán de ayuda social, ni serán usufructuarios de una tarjeta sanitaria». Sobre ese aspecto psicológico se había referido ya el presidente de Vox Melilla, Jesús Delgado Aboy, que en el pasado mes de diciembre admitía de que este muro «sería como una especie de metáfora».

Entre las 100 medidas de Vox

La formación ultraderechista dio a conocer, antes de las elecciones andaluzas, su programa de «100 medidas para la España Viva», a la que siempre aluden los líderes del partido. En su punto 26, dentro del apartado de Defensa, el documento pide «fortalecer las fronteras» y «levantar un muro infranqueable en Ceuta y Melilla». Ni rastro de la metáfora a la que aludió Delgado Aboy.

Vox comenzó a materializar el discurso del muro en julio del año pasado, cuando unas 600 personas lograron saltar la valla de Ceuta dejando varios guardias civiles heridos. Al lugar se trasladó Javier Ortega Smith, secretario general del partido, que se encargó de reclutar nuevos afiliados y denunciar la ineficacia de la actual barrera. «Necesitamos que se construya un muro lo suficientemente alto para que la frontera no pueda ser saltada», reclamó. En el libro, Abascal reclama utilizar el ejército para defender la zona.

La frontera en Ceuta y Melilla está compuesta por tres vallas fronterizas de seis metros de altura. El actual Gobierno aprobó en enero la retirada de las concertinas, una protección con cuchillas instalada en el 2005, durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero. El Ejecutivo subraya que la eliminación de estas no rebaja el nivel de seguridad.

Escurrir el bulto

La inmigración supone un problema para el 1,6 % de los españoles según el CIS de febrero. La principal preocupación es el paro (un 39,1 %), seguida por la política en general, la corrupción y el fraude o las dificultades de índole económica.

La respuesta de Vox resulta desproporcionada si se compara con la ausencia de propuestas para las preocupaciones reales de la sociedad. El partido de Abascal sigue así el credo que llevó a un magnate lenguaraz a la Casa Blanca. Donald Trump consiguió eludir el foco de los problemas reales de los estadounidenses con propuestas aparentemente trasnochadas, reivindicando el pasado y apelando a la fortaleza de la economía nacional en la era de la globalización.

Detrás de la campaña, el ultraderechista Steve Bannon, que esta semana reivindicó desde Roma la irrupción de Vox. «Soy un gran admirador. Ha empujado al resto de partidos de derecha al lado nacionalista», afirmó desde la capital italiana, donde asesora a la xenófoba Liga del vicepresidente Salvini y planea la expansión de su ideología al resto de Europa con el movimiento The Movement. Sus socios: la ultraderechista Alternativa para Alemania, el presidente húngaro Víktor Orban o la francesa Marine Le Pen. Y, junto a ellos, aparece Vox.

La última fuera de tiesto de los de Abascal fue su propuesta por liberalizar la tenencia de armas. La medida colmó la paciencia del Partido Popular, presumible aliado el 28A para hacer presidente a Pablo Casado. «No tienen ideas», afirmó el presidente de los populares sobre la «política de barra de bar» que practica Vox. «Hacen propuestas absurdas», zanjó.

Solo aceptó la entrevista de Bertín Osborne

Santiago Abascal no aparece mucho en público y se comunica con sus posibles votantes, sobre todo, a través de Twitter. Ni siquiera sucumbe a la televisión, medio que suele seducir a los líderes políticos. Abascal rechazó acudir a programas que le invitaron, incluido El hormiguero, y según informa El Español, solo aceptó ser entrevistado por Bertín Osborne, con quien mantiene una buena relación, en Mi casa es la tuya.

Según se avanzó en el magacín de actualidad de las tardes de Cuatro, Pablo Casado y Albert Rivera también se muestran partidarios de ser entrevistados por Osborne, mientras que Pablo Iglesias y Pedro Sánchez habrían declinado la oferta.

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