Cortan las garras a la leona de un zoo para que no dañe a los visitantes

¿Hasta qué punto puede llegar la crueldad humana con los animales? La ONG Four Paws ha rescatado a más de 40 diferentes en el zoo de Rafah, ubicado en la Franja de Gaza palestina

Salvaje retirada de las garras de una joven leona en Gaza La ONG Four Paws International denuncia la brutalidad con la que se ha tratado al animal en el zoo palestino de Rafah, ubicado en la Franja de Gaza

Redacción | La Voz

Se llama Falestine y es una leona de apenas 14 meses. Un animal salvaje recluido en el zoo palestino de Rafah, el más importante de la zona. Para que los visitantes pudieran disfrutar aún más de la interacción con el animal los trabajadores del centro, encabezados por el veterinario Fayez al-Haddad, decidieron cortarle las garras con unas tijeras, tal y como detalla, con multitud de imágenes que lo acreditan, el Daily Mail. Fue la ONG Four Paws (cuatro patas) la que ha denunciado la situación de este ejemplar.

Según la organización, la función que tienen las garras para los leones es vital en su existencia: «Quitar las garras a un león equivale a amputar los dedos de un humano hasta el nudillo». La brutal operación se realizó tapándole la cabeza con una tela, con varios hombres sujetando al animal y se justificó por parte del propietario del parque, Mohammed Jumaa, con la siguiente frase: «Estoy tratando de reducir la capacidad de hacer daño de la leona para que pueda ser amigable con los visitantes».

El veterinario al-Haddad añadió que «las garras se cortaron para que no crecieran rápido y los visitantes y los niños pudieran jugar con ella», aunque precisó que en medio año volverían a crecer. En 2016 el zoo de Rafah fue nombrado como el peor del mundo tras evaluar las pésimas condiciones en las que matenían a las especies. Four Paws, tras semanas de negociaciones, consiguió la semana pasada rescatar a 40 animales de estas instalaciones.    

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Marjan, el león que se convirtió en símbolo del zoo de Kabul REUTERS

Sus símbolos son quizás los de todo Afganistán: la soledad y el sacrificio

Cuando se construyó, en los años sesenta del siglo pasado, el zoo de Kabul pretendía ser la culminación de los sueños modernizadores del entonces rey de Afganistán, Zahir Shah. La palabra «paraíso» viene del término ‘para jardín’ en farsi-dari, una de las lenguas de Afganistán, y el rey pretendía que el jardín zoológico, hecho a imagen y semejanza del jardín de palacio, fuese eso: un anticipo del paraíso cerca del corazón de la capital. Había allí más de setecientos animales de noventa especies autóctonas, entre ellas un leopardo de las nieves de los que criaba el mismo rey en su palacio, ciervos wapiti de Bactria llegados del santuario real del valle de Ajar, un camello de dos jorobas de Maimana, la casi extinguida gacela persa o la oveja roja afgana.

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